Categoría: Ciencia Ficción

El Cetro del Azar

03Ingmar Langdon se ve forzado a dejar su vida tranquila entre su colección de libros por culpa de un sorteo. Las máquinas del azar lo han elegido entre más de 100 millones de personas para ser el nuevo gobernador de la humanidad y todos sus planetas. Él es el nuevo estocastócrata, muy a su pesar.

 

Con esta interesante premisa, d’Argyre (Gerard Klein) comienza esta pequeña novela escrita casi del tirón en 11 días. Klein describe minuciosamente este curioso método de gobierno al principio de la novela:

La estocastocracia era la culminación lógica de los métodos de gobierno tímidamente experimentados en las postrimerías del S XX, puestos a punto en el transcurso del XXI e implantados definitivamente durante el XXII, en detrimento de todos los demás. A mediados del S XX subsistían unos regímenes democráticos en los que se solicitaba a cada cual que expresara una opinión con respecto a una plítica a observar, pero ya empezaban a perfeccionarse unos sistemas de sondeo que permitían prever en principio la actitud de una gran masa humana frente a un problema determinado, o también su postura ante la elección de algún dirigente. Pront estos métodos alcanzaron tal nivel de perfección que llegaron a permitir la predicción infalible del resultado de las consultas populares, haciendo que estas se redujeran a un simple formulismo (…) El porcentaje de abstenciones creció de modo alarmante. Cundió sobre ello cierta inquietud en un principio y trataron de ponerle remedio, pero se acabó por admitir que el hecho obedecía a la naturaleza de las cosas. Resultaba mucho más fácil consultar a un contingente juiciosamente elegido y compuesto de una decena de miles de personas, antes que obligar a la votación a varios centenares de millones de indolentes adultos.

 

(…)Las consultas populares desaparecieron pura y simplemente y, sin que nadie lo advirtiera apenas, fueron reemplazados por los sondeos. Esta fue la época conocida en la historia bajo la denominación de Era de los Encuestadores.

 

(…)Los métodos de sondeo fueron elevados a tal nivel de perfección, que se pudo confiar casi todo aquel cometido a la cibernética.

 

(…)Pronto se demostró que no era necesario recurrir al muestreo para decidir la elección de los hombres llamados a presidir los destinos del planeta.

 

(…)los candidatos acabaron por escasear y pronto se vio bien claro que los pocos que se presentaban obedecían menos al interés general que al afán de poder. El último grupo representativo consultado decidió que era preferible confiarse totalmente al azar, y que el sorteo era tanto o más adecuado que la polémica para elegir a un hombre justo e íntegro. Bastaba con eliminar previamente del sorteo a los intelectualmente deficientes o cuyo carácter evidenciase rasgos peligrosos. Las máquinas cuidaban de esta selección. Como el nivel intelectual de la humanidad se había elevado considerablemente gracias a la generalización del ocio y al perfeccionamiento de los medios educativos y culturales, el procentaje de individuos inelegibles para ejercer el gobierno, sin llegar a ser desdeñable, acabó siendo muy escaso. La estocastocracia entró en la historia.

Una vez explicada la idea que articula y contextualiza la historia, Klein la va sazonando con intrigas palaciegas, una incursión al mundo-cárcel de los proscritos y la aparición de una especie extraterrestre muy avanzada moral y tecnológicamente.

Un libro que tiene todos los elementos de la Ciencia Ficción «Hard» y política, pero que se desinfla con un final más que discutible, digno de un culebrón de la hora de la siesta.

 

Título: “El cetro del azar”

Autor: Gilles d’Argyre (Gerard Klein)

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 3.

1974 (edición 1976)

144 páginas

La penúltima verdad

02Atrapada en zulos bajo tierra, la humanidad espera a que la guerra termine y las condiciones ambientales sean favorables; la radiación y los agentes químicos infectan la superficie, repleta de robots que continúan la lucha comandados por los altos cargos que resisten en búnkeres en la superficie… Esta es la penúltima verdad: la tierra ya casi está descontaminada y unos cuantos seres humanos se reparten la superficie en grandes latifundios donde ubican sus lujosas mansiones y cuyo único trabajo es perpetuar la mentira y mantener a sus congéneres dentro de sus jaulas subterráneas mediante el mayor engaño mediático de la historia.

 

Este es uno de los libros más asequibles de Philip K. Dick; planteamiento sencillo y rotundo, prolongación de las sombras de la guerra fría y la propaganda. El reflejo de las teorías de la conspiración se magnifica en esta trama en la que el desastre nuclear es la excusa perfecta para que la casta termine por dominar el planeta y los destinos de millones de personas, atrapadas e ignorantes.

Los medios de comunicación son las verdaderas armas; Dick intuye, ya en los años 60, que el poder viene envuelto en efectos especiales y presentadores carismáticos, simulacros creados para el engaño. Y, como una constante en toda la obra del autor, la única solución es despertar y entrar en esos mundos paralelos en los que se esconde la verdadera realidad. Son esas transiciones sin anestesia entre las distintas capas las que hacen de sus libros algo difícil de definir: extrañeza, sorpresa, alienación. Más aún al comprobar que la propia realidad del lector se ilumina de vez en cuando con destellos de percepción similares.

Dick, después de todo, escribía sobre la búsqueda de la verdad, algo que se transparenta claramente en esta novela.

Título: “La penúltima verdad”

Autor: Philip K. Dick

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 2.

1964 (edición 1976)

219 páginas

Los viajes de Tuf

tuf¿Qué hacer si posees el poder de un dios? Tuf, un extraño mercader que se gana humildemente la vida comerciando con su modesta nave, se encuentra con esa posibilidad después de un encargo poco ortodoxo.

Llena de referencias bíblicas, George R. R. Martin nos sumerge en una space-opera peculiar que satisface al amante del género sin ninguna duda.

Así, entre Arcas, manás, plagas e incluso un Moisés a la antigua usanza, recorremos con Tuf una serie de mundos cuyo equilibrio ecológico se desmorona de tal modo que sólo un milagro es capaz de repararlo.

Especial mención merece el planeta Suthlam, con una superpoblación en constante crecimiento y en el que se centra la mitad del libro. El problema es generado por una religión fuertemente arraigada que promueve la procreación sin límites para ayudar a la evolución y conseguir individuos genéticamente más cercanos a dios.

Acompañado por sus gatos y cargado de paciencia y cordura infinitas, el barrigudo y enorme Tuf se convierte en el único Ingeniero Ecológico que ronda por el universo en más de un milenio capaz de solucionar estos graves problemas.

Una felina aventura sobre la que parece ser eterna lucha entre la razón y lo ilógico, y cómo es difícil escapar de la corrupción que amenaza a cualquiera con un gran poder.

Libros 2013

Termina el año y aquí va un repasito de los libros leídos. Menos que el 2012, pero es que  el trabajo acapara cada vez más tiempo.

Gran río del Espacio – Gregory Benford:

Tercera entrega de la saga del Centro Galáctico. Un cambio radical respecto a las dos anteriores, con un gran salto en el tiempo. Relata las desventuras de un grupo residual de humanos que sobreviven en un mundo dominado por las máquinas cerca del centro de la galaxia. Interesante, desconcertante. Veremos cómo evoluciona la serie.

Las constantes de la naturaleza – James D Barrow

Un recorrido por esos números, aparentemente arbitrarios, que hacen que el Universo sea como lo conocemos. Barrow reflexiona sobre su posible cambio a lo largo de la historia del universo, así como del hecho de que sus valores no pueden separarse mucho de los actuales sin que eso implique que la vida no sea posible.

Aguardando al año pasado – Philip K. Dick

Otra maravilla de Philip K. Dick, que no está entre sus obras más conocidas, pero que tiene todos los elementos del universo dickiano. Una droga que permite viajar en el tiempo, reflexiones profundas enredadas en una trama esquizofrénica, llena de simulacros… Es difícil explicar las sensaciones que produce la lectura de cualquier obra de este escritor. En este caso también existe el cuestionamiento de la realidad, los personajes derivan entre capas y capas de realidades que se complementan. Es imprescindible para cualquier aficionado a la buena ciencia ficción.
La telaraña entre los mundos – Charles Sheffield

Como el propio autor señala, una de las primeras apariciones de la idea del «ascensor» o «tallo de habichuela», un enorme artefacto que conectaría la superficie terrestre con el espacio. El desarrollo de la novela no deja de ser un poco flojo, pero se deja leer bastante bien. Muy bonita la idea del asteroide rodeado de agua, creando un microambiente acuático con calamar incluido.

Un verano infinito – Christopher Priest

Del autor de «El Prestigio», una interesante recopilación de cuentos con el tema del tiempo como hilo común. Destacable, por supuesto, el cuento que da título al libro, con sus imágenes congeladas que duran décadas. También es una gozada «vagabundeos pálidos», un mal nombre para un gran cuento, también centrado en paradojas temporales. Buen estilo e ideas brillantes.

Testigos de las estrellas -Robert Charles Wilson

Robert Charles Wilson especula con la posibilidad de conseguir un aparato tan potente que permite observar incluso los detalles más nimios de planetas lejanos. Así, consiguen realizar el seguimiento de una civilización a 50 años luz de distancia. Para mí ha sido un descubrimiento este autor, con una prosa fluida, personajes bien perfilados y maestría para contar historias. Aunque esto podría considerarse una obra menor, estas características están presentes, por lo que es bastante recomendable.

Las 100 vidas de Lazarus Long – Robert Heinlein

Un clásico, que ha envejecido con algunas arrugas y un poco de mal aliento. Interesante su segunda parte, con viaje interestelar incluido.

Libros con reseña en el blog:

A través del mar de soles – Gregory Benford

En el océano de la noche – Gregory Benford

Spin- Robert Charles Wilson

Los Cronolitos – Robert Charles Wilson

La radio de Darwin – Greg Bear

El Prestigio – Christopher Priest

Atlas de las nubes – David Mitchell

Amos de Títeres – Robert A. Heinlein

La tierra permanece – George R. Stewart

Sin destino – Imre Kertész

La intersección de Einstein – Samuel R. Delany

Pensad en Flebas – Iain M. Banks

19 libros… bueno, no está tan mal, teniendo en cuenta el aumento de horas en el trabajo, dos musicales por el precio de uno, un avance significativo en mi técnica pianística (ya estoy al nivel de un niño de 7 años, por lo menos), un par de cuadros y otro a medias (más otro mural en el trabajo), un video youtubesco de encargo, y alguna otra cosa que seguro que olvido. Pretty Good Year:

A través del mar de soles

El Lancer es la primera nave interestelar de la raza humana. En ella viaja Nigel, el astronauta que estableció contacto con seres extraterrestres en varias ocasiones, de edad avanzada y toda una institución en esta mini-tierra que viaja casi a la velocidad de la luz. Mientras tanto, en la Tierra, algo muy extraño está sucediendo en todos los océanos, que han sido sembrados con formas de vida que amenazan la supervivencia de la humanidad.

Segunda parte de la saga del centro galáctico, A través del mar de soles se desarrolla después de los acontecimientos relatados en el primer libro de la serie. Nigel sigue siendo el protagonista; un viejo testarudo que, a pesar de ser uno de los pocos humanos con experiencia en contactos alienígenas, no para de provocar y sufrir problemas. En la primera novela ya apuntaba maneras, y aquí ya se revela como uno de esos protagonistas de ciencia ficción con la testosterona por las nubes. Benford insiste en el asunto del trío amoroso con dos mujeres, aunque le reserva una (merecida) patada en su hombría al final de la novela.

El viaje del Lancer es ciencia ficción pura y dura: Nuevos planetas, peculiares seres, sueño criogénico y una especulación interesante sobre la evolución de una sociedad encerrada entre las cuatro paredes de una nave.

Pero el gran acierto de Benford es la parte que se desarrolla en la Tierra, relatada a través de un marino que consigue sobrevivir a un ataque de los peligrosos moradores que han invadido los mares.

La trama central de la saga se perfila mucho mejor en este libro y se aleja de la idea común de la invasión por seres alienígenas, aportando una visión que es más novedosa. La vida se presenta en dos versiones: orgánica y sintética (que surge como invención de la primera). Comenzamos a entender la pugna entre las dos y la ventaja de los seres mecánicos, que no están sujetos a unas leyes biológicas que acorten su tiempo de vida.

Segundas partes nunca fueron buenas, pero esta entrega tiene un estilo algo más pulido e ideas más interesantes que el primer libro de la serie.

En el océano de la noche

Nigel, un astronauta seleccionado para realizar una peligrosa misión que salvará al planeta de un choque con un asteroide, realiza el mayor descubrimiento de la historia del ser humano. La gran pregunta ya tiene respuesta: no estamos solos.

Un tema clásico en la ciencia ficción sirve como punto de partida para la primera novela del Ciclo del Centro Galáctico, que consta de otros 5 libros. Gregory Benford, astrofísico norteamericano, es uno de los autores más reconocidos dentro del género.

La propuesta inicial evoluciona poco durante la obra, coqueteando con la idea de «la teoría de los antiguos astronautas» (quien frecuente el canal Historia tendrá bien presente la dichosa frase…), es decir, presencia alienígena desde mucho antes de la aparición del ser humano, un argumento que ya sugirió Arthur C. Clarke en su famoso «El Centinela».

Benford viste este esqueleto de una manera no muy convincente, con extremos un tanto absurdos, como la aparición en escena del mitológico Bigfoot, o el extraño trío estable del protagonista con dos mujeres (puede ser visto como un guiño hippie, pero queda rarísimo y poco creíble). Sólo Nigel está bien delimitado, mientras que el resto de personajes son meros acompañantes que se quedan en pinceladas más o menos toscas.

A pesar de todo, es un libro que se puede disfrutar. Ciencia ficción dura, al más puro estilo NASA, y que no defrauda: ofrece lo que promete.