Esta es la premisa, y poco más se puede contar para no destripar esta fantástica novela de Robert C. Wilson, ganadora del premio Hugo en 2006.
El título del primer capítulo, 4 x 109 d. C., es la primera bofetada al desprevenido lector. Entramos entonces en un juego a dos tiempos, que poco a poco se resuelve de manera magistral, con un argumento que tiene el atractivo de la ciencia ficción clásica, que hace volar la imaginación y reverbera en la mente. Un trío protagonista creíble, más una aparición marciana Ideas precisas y bien desarrolladas, con la suficiente explicación científica para contentar a los exigentes racionalistas y bastante poesía en el concepto como para saciar las ansias de trascendencia de los más fantasiosos. El estilo de Wilson es el de los escritores de Best Seller, manteniéndote pegado al libro y deseoso de volver a él como un bálsamo. Pero, lo que cuenta es mucho más interesante que muchos Best Sellers, por lo que la satisfacción está garantizada.
La novela tiene continuación en otras dos obras, que esperemos no defrauden la frescura de esta primera entrega.
En el sudeste asiático aparece un gran monolito de la noche a la mañana. Celebra la victoria de un personaje, Kuin, que ganará sus batallas 20 años más tarde Hasta ese momento siguen apareciendo más y más monumentos, en lo que parece una lenta pero segura conquista global.
Robert C. Wilson utiliza el recurso de las paradojas temporales con matices, hilando una inconclusa explicación entre mística y cuántica con las casualidades funcionando como hitos que marcan la futura e inevitable sucesión de acontecimientos.
La trama de la novela está hilada de manera convincente, aunque es cierto que el libro deja una incómoda sensación de falta de detalles sobre los acontecimientos futuros que la mera especulación previa no termina de satisfacer, así como cabos sueltos que deslucen un poco la obra. Aun así, Wilson maneja al lector con inteligencia y, ayudado por su habilidad para retratar personajes, la sucesión de acontecimientos fluye y la atención está garantizada.
Una científica que estudia los restos de virus ancentrales incrustados en nuestro ADN ayuda en una investigación en Georgia, donde se han encontrado fosas comunes relativamente recientes con cadáveres de extrañas características.
En los Alpes, un antropólogo descubre una familia Neanderthal congelada, con lo que parece ser un bebé bastante más evolucionado.
Mientras tanto, en Estados Unidos, comienzan a aparecer casos de abortos espontáneos que parecen violar todas las leyes biológicas. Son los primeros casos del SHEVA, un virus que proviene de nuestro propio código genético. Esta nueva enfermedad será la Herodes, que parece destinada a diezmar o incluso suprimir a toda una generación de fetos.
Greg Bear introduce en esta novela un escenario en el que una especie de equilibrio puntuado express hace que el ser humano evolucione en cuestión de una o dos generaciones.
El libro está repleto de referencias a la genética que diluyen la trama de la epidemia y sus consecuencias. De hecho, al final del libro, Bear incluye un breve glosario de términos científicos, y alguna explicación extra sobre lo que nos acaba de contar. No deja de parecerme, por lo tanto, que una de las intenciones del autor es la de divulgar sobre ciertos conceptos evolutivos. Es decir, que, a partir de una teoría (el equilibrio puntuado, en el que la evolución no se produciría a ritmo constante, sino a base de saltos más importantes en un periodo geológicamente breve de tiempo), el autor elabora la trama preguntándose qué ocurriría si la especie humana viviera uno de esos saltos en riguroso directo.
Esta actitud divulgativa debilita esta obra de ficción; ha forzado demasiado lo que es una teoría seria de la evolución para encajarla en un argumento de best-seller. Algunos personajes quedan desdibujados entre tanta insistencia por explicarse científicamente.
El final bueno, todo el esfuerzo por ser científicamente plausible termina con una inocencia al más puro estilo Spielberg. Un poco ridículo, la verdad. Un planteamiento muy ambicioso que se queda en poco más que un libro para pasar el rato. Una pena.
Marc Foster dirige esta (supuesta) adaptación del genial libro de Brooks que dio una vuelta de tuerca al universo zombi.
Del libro no queda prácticamente nada, excepto el propio planteamiento: una invasión zombi que aniquila a casi toda la población mundial. Con esa base, los guionistas, que dios los tenga en su gloria, han elaborado un refrito de convencionalismos dentro del género que roza el insulto a la inteligencia. Y no me refiero sólo al subgénero zombi, sino al de terror en general, pues está llena de topicazos más que previsibles. Ni reinvención de las convenciones, ni aire fresco, ni hostias. Las interpretaciones, perfectamente olvidables. Montones de cabos sueltos (¿qué coño pinta el niño portugués?). Y unos infectados digitales que más que miedo dan risa. Y es que no sé si he ido a ver una película pensada para dar miedo o una gran caricatura sobre este tipo de cine. Ni una cosa ni la otra funcionan. Ninguno de los aciertos de la docu-novela de Brooks se ven reflejados aquí.
Puede elogiarse el ritmo, que supongo que es resultado de las tablas del equipo y del propio director, algo que va en el sueldo, pero, por lo demás, como aficionado al género, esperaba muchísimo más de esta supuesta adaptación. No quiero imágenes de miles de zombies si sólo se quedan en eso, en digitalización sin sentido.
Pero, a pesar de estar ya talludito, sigo dejándome engañar, y termino cayendo en estos productos 3D, sin chicha alguna, pensados para adolescentes (adinerados, porque vaya robo). Ingenuidad, supongo, intensificada por los calores donostiarras
Un joven periodista que investiga un extraño suceso termina descubriendo la solución al enigma de su verdadera familia.
Una disputa que dura toda una vida y que traspasa las generaciones futuras de dos magos, obsesionados con su trabajo y los trucos de su adversario.
El mayor truco de Alfred Borden, imposible de realizar y que sólo tendría una explicación lógica… Y la osadía de Rupert Angier, que consigue mejorar dicho truco, convirtiéndolo en verdadera magia.
El escritor inglés Cristopher Priest consigue un relato perfectamente hilado, presentado a través de retazos de libros autobiográficos y diarios de los dos protagonistas y sus descendientes.
Esta estructura es uno de los aciertos de la novela, viajando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, permite al lector ir desgranando los detalles de los acontecimientos a través del prisma de distintas miradas. Gracias a ello, el propio libro termina convirtiéndose en un verdadero truco de magia, en el que cada detalle cuenta para resolver el rompecabezas.
La aparición de Tesla y su irreal descubrimiento, que dota a la novela del elemento sobrenatural, es un toque de genialidad.
Enigmática, algo enrevesada (lo suficiente), la trama se disfruta de principio a fin. La escritura, adaptada a los momentos históricos de cada pieza del puzzle, es atractiva y fluida. Un digno heredero de los relatos de H. G. Wells en los que la omnipresente ciencia ocupa su lugar como impulsora del asombro y que es capaz de realizar lo imposible.
A pesar de su corta edad (está escrita en 1995), es ya todo un clásico de la literatura fantástica. Un libro perfecto para las tardes ociosas de verano que hace volar la imaginación. Totalmente recomendable.
Revisitando esta película, buscando información sobre ella, me encuentro con una primera sorpresa, y es el año de realización: 2001.
Bien…, juraría que tengo recuerdos de esta película en mi adolescencia: bastante antes de los atentados de NY, antes de mis estudios en Cuenca, antes, incluso, de mis otros estudios en Murcia, lo que nos remonta a los 90. Lo más lógico es que, al estar ambientada en 1988, esa fecha se quedara grabada en mi mente y me hiciera pensar a posteriori que ya había visto la película hace 20 años. De todos modos, es curioso… Juro que ningún conejo de 1’90 m me visita por las noches.
Otra sorpresa: el comienzo. Los 15 primeros minutos son extraños sobre todo por dos motivos: INXS y el conejo. En la vida se me hubiera ocurrido comenzar una película con un chico tirado en la carretera seguido por «Never Tear Us Apart». Después de reflexionar, este es precisamente el misterioso encanto de Donnie Darko. Algunas escenas son verdaderos videoclips insertados en la trama (como el «Head over Heels» de Tears for Fears), con ese toque de principios de los noventa, ralentizando y acelerando la imagen.
Y, por supuesto, Frank. Una de las imágenes más potentes del cine fantástico de las últimas décadas.
Es una pena que la película se desinfle un poco según va transcurriendo el argumento; no tengo muy claro por qué ocurre, pero es así. No será por la interpretación de Jake Gyllenhaal, que es magnífica. Quizás el guión flojea un poco a mitad de la película, algunas escenas en el instituto quizás sean innecesarias (la de la explicación de las gafas para bebés del proyecto científico, por ejemplo).
Otra de las cosas que no recordaba con claridad era el papel de Patrick Swayze, ni los videos de promoción de su libro de autoayuda. La escena de la charla en el colegio es fantástica («creo… creo que es usted el jodido anticristo»). Y, ese precisamente es otro de los méritos de esta película: está llena de momentos extraños, esquizofrénicos y geniales. Desde todas las apariciones de Frank hasta el «They made me do it» (Me obligaron a hacerlo) grafiteado en el suelo a los pies de una estatua-caricatura de un perro cabreado, pasando por una sesión de hipnosis que casi acaba en masturbación… Era lógico que se convirtiera en película de culto.
Una última reflexión: Mulholland Drive. Mismo año y hay escenas en Donnie Darko que me recuerdan enormemente a la obra maestra de Lynch.
En definitiva, ha sido un placer volver a verla casi 30 años desp… uy, casi meto la pata otra vez. ¡No! No he comprado ningún hacha para inundar el instituto, Luziano, pesao… (Es Luziano, mi osito de peluche, que está empeñado en que estamos en el 2011 y Cospedal no ha ganado las elecciones…)
Y, a continuación, un resumen en un minuto de la película interpretado por Tim Minchin: