Categoría: Ciencia Ficción

El Cerebro Verde

28En Brasil, las autoridades luchan por regenerar sus espacios naturales, infestados de nuevas especies de insectos que llegan incluso a amenazar a la población. Han alcanzado un nivel más en su evolución: el Cerebro Verde coordina y acumula información suficiente para dominar la ecología del planeta.

Frank Herbert, el conocidísimo autor de una de las sagas más reconocidas de la literatura de ciencia ficción, Dune, se mete de lleno en la rama ecológica del género con esta pequeña pero interesante novela.

Ambientada en Brasil, El Cerebro Verde narra la lucha de un grupo de guerrilleros, los bandeirantes, que se encargan de controlar la expansión de las zonas tomadas por los insectos. Pero no son estos sus únicos enemigos; la burocracia y los intereses políticos hacen de su lucha un asunto más complejo.

En tan breve número de páginas es difícil profundizar en los personajes y además conseguir el desarrollo de la trama principal. Pero Herbert hace que todo quede más o menos atado y crea una historia que es convincente. Se echa de menos algo más de detalle en la descripción del personaje protagonista de la historia, el propio cerebro verde. No tenemos una explicación de ese salto evolutivo hacia una supercolonia de distintas especies de insectos, ni tampoco una reseña sobre las capacidades impresionantes que muestra, como la imitación de otros organismos complejos.

Aún así, es un acercamiento válido al eterno terror que siente el humano hacia los artrópodos y la dificultad de entendimiento en el hipotético caso de enfrentarnos a otra especia inteligente, tanto si es alienígena o nativa, como es el caso.

Título: “El Cerebro Verde”

Autor: Frank Herbert

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 28.

1966 (edición 1978)

156 páginas

El fin de la Eternidad

26     Andrew Harlan tiene la función de Ejecutor en la Eternidad. Es uno de los encargados de realizar sutiles cambios que crearán reacciones en cadena para que la Realidad sigua un curso pacífico y libre de sufrimientos para la humanidad. Miles de mentes de todos los tiempos trabajan para ese fin, aislados de la historia, generando innumerables cambios de realidad, encauzando el destino de la especie. Una labor que ahora puede estar en peligro por una fuerza que es capaz de de rebasar incluso las fronteras temporales y acabar con la Eternidad: el amor.

 

Esta novela de Isaac Asimov contiene todos los elementos que han definido la ciencia-ficción durante su evolución: especulaciones sobre los avances científico-tecnológicos y su efecto sobre la sociedad y el individuo, una historia ágil que atrapa desde el principio, descripciones de otros mundos (en este caso las distintas épocas futuras de nuestra civilización), un personaje principal que ostenta una gran responsabilidad y que tiene en su poder la opción de cambiarlo todo,… Resumiendo, es una gozada para el amante de la ciencia ficción clásica.

     Harlan no es el protagonista prepotente y «machito» que tanto abunda en la ciencia ficción de esas décadas. Asimov inyecta humanidad en el personaje, derramando sobre él dudas, celos, pasión e inseguridad. No es un anti-héroe, pues tiene cualidades suficientes para marcar la diferencia; es un elegido, pero eso no lo despoja de su carnalidad, y se nos presenta como otra marioneta del destino que, gracias al amor, es capaz de cortar las cuerdas que lo manejan.   Nota: se debe aclarar que eso del «amor que rebasa dimensiones» aquí es simplemente una metáfora, no una mistificación hortera como vimos hace poco en Interestelar…

El personaje femenino, Noys, que supuestamente procede de un siglo liberal en sus costumbre, no está tan definido. En cierto modo parece que simplemente era necesaria como disparador del cambio a través de la obsesión de Harlan por ella. Es la única pega, junto con un final «made in Hollywood», que le puedo poner a este magnífico libro.

No hay que olvidar la maestría con la que Asimov trata un tema tan complejo como el del viaje en el tiempo y sus paradojas. Según transcurre la trama, el lector no tiene ningún problema para situarse entre las breves explicaciones y especulaciones científicas sobre esa hipotética Eternidad, un lugar fuera del tiempo. Ahí es donde se parecia la madera de divulgador del estadounidense, que, esta vez, no desborda al lector con datos, dejando que la acción suceda sin más. Eso sí, aderezada con una interesante reflexión sobre las implicaciones morales que se deriva del uso de una tecnología tan avanzada que modifica lo más íntimo de la propia realidad y del ser humano.

Un buen ejemplo, en definitiva, de lo que ha hecho de Asimov uno de los escritores imprescindibles del género.

 

Título: “El fin de la Eternidad”

Autor: Isaac Asimov

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 26.

1955 (edición 1977)

276 páginas

Mercader de Inteligencia

29Dorsey, propietario de una compañía farmaceútica, intenta evitar la quiebra con un nuevo producto que reactiva la memoria. Casado con una mujer alcohólica y padre de un hijo adolescente con discapacidad intelectual, consigue encontrar una fórmula que aumenta la inteligencia de la mitad de los hamsters de estudio, matando a casi todos los restantes y dejando a un pequeño porcentaje en su nivel previo de coeficiente intelectual. Antes de continuar el experimento con monos, decide correr el riesgo inoculando la sustancia asu hijo, e incluso a sí mismo.

Con un claro parecido a Flores para Algernon (al que incluso menciona al principio de la narración, como si hubiera sido escrito por la mujer del protagonista, Liza), John Boyd intenta amplificar la idea de los efectos de la super-inteligencia analizando las implicaciones sociales del hecho.

El principal problema de este libro es que no consigue un análisis atractivo del asunto. La fuerza se le escapa por la insistencia en Dorsey, el protagonista, creador del compuesto que dota de capacidades de superhombre a su hijo, Marlon, al que despacha a mitad del libro mandándolo lejos y que sólo queda como sombra, perdiéndose el lector las últimas fases de su transformación.

Ese interés por Dorsey, que, como pasa en tantos libros del género en esta época,  por desgracia, es lo que hoy consideraríamos un impresentable machista y homófobo, arruina la novela. ¿Tiene un hijo que pasa de retrasado mental a ser la primera superinteligencia del planeta y sólo le preocupa que pueda ser homosexual? En los años 70 es posible que ese hecho fuera considerado como anécdota. Incluso hoy no habría problemas en incluir un personaje así: es sólo un personaje. Pero cuando, además, en la trama se cuelan cosas como el maltrato por parte del autor a Liza, la mujer del protagonista, a la que neutraliza de un plumazo obsequiándole con una esquizofrenia; o una jovencita italiana, alegoría de lo que el autor (perdón, el protagonista…) considera una mujer 10 y que, más que un ser humano, es un regalito para calmar la libido del protagonista; colegios para superdotados que cuentan con sexólogas que se follan a los aspirantes a alumno… Todo eso y la constante preocupación por la testosterona del protagonista, termina dilapidando la temática original de la novela.

El Algernon de Keyes, escrito más de una década antes, es infinitamente más interesante y conmovedor que esta novelita que se derrumba tras un par de capítulos. No le interesa la super-inteligencia ni sus implicaciones morales y sociales lo más mínimo. Sólo le importa que su protagonista termine follando con la «jovencita-regalo», para lo cual realiza un giro argumental en las últimas páginas que da vergüenza ajena.

El tiempo no ha tratado bien a esta novela y se lo merece. Prescindible de cabo a rabo, y no porque contenga un protagonista machista y homófobo. Eso no tendría mayor importancia si no afectara de manera tan clara a la trama; la hunde y la ahoga entre rancios convencionalismos. Ya que me he propuesto revisar los libros de la colección, al menos este es cortito…

 

Título: “Mercader de Inteligencia”

Autor: John Boyd

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 29.

1972 (edición 1977)

192 páginas

Interstellar

isEn un futuro no muy lejano, los desastres climáticos están haciendo que la Tierra sea inhabitable para el ser humano. La única solución posible es la evacuación de la especie hacia otros planetas… o, al menos, intentar una colonización que permita sobrevivir a la especie. Como ya sospechamos por el título, dichos planetas han de ser extrasolares.

Para narrarnos esta historia Christopher Nolan nos regala 3 horas de increíbles efectos especiales, estupendo montaje (muy buen ritmo que hace que la duración no sea un problema) y rigor científico (a ratos); elementos que hacen que sea un producto más que digno.

Lo que también nos ofrece Nolan, por desgracia, son actuaciones bastante mejorables (no sé si era el doblaje, pero no me creía nada), diálogos de chichinabo y esa tacita de buen rollo familiar (del tipo: «yo por mi hijo ma-to») que adereza el guiso de «la humanidad es lo más y de extinguirse ni hablamos porque eso no nos puede pasar a nosotros». Añade una pizca de amor adimensional, que, como la gravedad, puede atravesar dimensiones, código morse (nivel C1 por lo menos) y mucho, mucho polvo.

Recomiendo verla, merece la pena. Pero, y ya me duele decirlo, no es el 2001 de esta generación ni de lejos. Mi sensación al salir del cine fue de cabreo, porque yo me esperaba algo más riguroso, y no me refiero al aspecto científico. Esperaba un producto que me quitara el aliento, y lo único que encontré es un barullo que, de tanta explicación forzada, termina siendo incomprensible. Lo que no me hubiera importado tanto si ese amor «que traspasa dimensiones» no fuera la misma cantinela empalagosa de siempre. La familia, siempre la familia… parecen mafiosos estos de Hollywood.

Libros 2014 – Periodo de barbecho

     Un año algo escaso en lecturas, pero que tomaremos como un periodo de barbecho, para retomar el hábito con más fuerza.

Año de luces nuevas y brillos antiguos, de poca actividad «extraescolar» pero productivo en cierto modo.

cumulus

 

EINSTEIN – El espacio es una cuestión de tiempo (RBA – Grandes Ideas de la ciencia) David Blanco Laserna.

Breve relato biográfico del gran físico del siglo XX intercalado con retazos de su obra científica. Un poco incómodo el diseño del libro, con ventanas de información colocadas un poco al azar. Aún así, bueno para acercarse a los más importante de su obra, las teorías especial y general de la relatividad, y aspectos de su vida como su participación den la creación de la bomba atómica y su posterior posicionamiento como un destacado pacifista.

 

NEWTON – La fuerza más atractiva del Universo (RBA – Grandes Ideas de la ciencia) Antonio J. Durán Guardeño.

Como es la tónica en esta colección, una especie de biografía con toques científicos que lanzan una idea general de las distintas aportaciones del personaje a la ciencia, que, en este caso, son numerosas: gravedad, óptica, cálculo infinitesimal… Mención especial, por supuesto, para el famosísimo conflicto con Leibniz por la invención del cálculo. Una oportunidad para conocer a este genio, incluyendo su interés por la teología y la alquimia.

 

Los Viajes de Tuf – George R. R. Martin

El Arte de Volar – Antonio Altarriba; Kim

La Penúltima Verdad – Philip K. Dick

El Cetro del Azar – Gilles d’Argyre

Los Cerebros Plateados – Fritz Leiber

 

No son muchos, porque el trabajo aprieta… Pero bueno, que caiga la lluvia sobre el hombre del año pasado:

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Los Cerebros Plateados

cp     Los escritores se rebelan: quieren volver a escribir. La ficción se ha vuelto automática; máquinas redactoras se encargan de elaborar las más diversas historias y los humanos «autores» han sido relegados a un papel meramente ornamental, disfrazados como antiguos autores de renombre, únicamente revisan el trabajo de las redactoras. Si quieren volver a ser protagonistas de la creación literaria, no queda otro remedio: hay que destruirlas. Pero el oficio de escritor no es fácil y sólo frases inconexas surgen de sus perezosas cabezas. La editorial Rocket House tiene un as en la manga, una medida desesperada: los cerebros plateados.

Redactada e imaginada como una broma sobre el mundo editorial, «Los cerebros plateados» no deja el agradable sabor del buen sarcasmo. Demasiado confusa, sin un personaje realmente sólido, ni tan siquiera el metálico robot Zane. Absurdos personajes son obligados a transitar por una trama de aparente complejidad que estructura la sátira.

Durante toda la lectura, uno tiene la sensación de estar reviviendo un episodio de Futurama, pero sin Bender… Mejor dicho: parece una comedia romántica con Calculón como protagonista de voz engolada, de esas que hacían las delicias del robot gamberro de Groening.

Una obra menor que no termina de cumplir las expectativas iniciales, entretenida a ratos, pero poco convincente que, además, no ha soportado nada bien el paso del tiempo.

 

Título: “Los cerebros plateados”

Autor: Fritz Leiber

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 8.

1961 (edición 1976)

190 páginas