Marte: rojo, verde y azul

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Esta trilogía, ganadora de varios de los grandes premios de la ciencia ficción, narra la colonización del planeta Marte, comenzando en el año 2026 hasta el año 2212, fecha de los últimos acontecimientos en Marte Azul.

En ese año de 2026, una expedición, compuesta por 101 tripulantes, llega a Marte para quedarse e intentar establecer una base permanente en el planeta rojo. No sólo lo consiguen, viviendo aislados de la mortífera atmósfera marciana, sino que comienzan a realizar acciones para terraformar el planeta, principalmente para aumentar su temperatura media. Incluso comienzan a dispersar formas de vida genéticamente modificadas para aguantar el adverso medioambiente. Poco a poco, gracias a distintos avances tecnológicos, el planeta se va poblando y transformando. Los seres humanos constituyen núcleos de población esparcidos por toda la superficie, consiguen que el agua, encerrada en acuíferos subterráneos y en el permafrost, fluya de nuevo, creando mares, recreando un nuevo ciclo del agua. Marte deja de ser un yermo seco y poco a poco se convierte en una nueva pequeña tierra, con una atmósfera respirable y temperaturas admisibles, al final de la trilogía.

Kim Stanley Robinsons se maneja con soltura dentro de esta ciencia ficción hiperrealista. Tenemos descripciones detalladísimas de paisajes marcianos, los efectos de la baja gravedad, las tensiones psicológicas que afectan a los personajes, las disputas políticas de las fuerzas que luchan por el control del planeta, etc… En ocasiones puede enfangarse en más de 30 páginas explicando las peculiaridades del gobierno marciano. Un lector hecho a la ciencia ficción dura puede recrearse con algunas de estas detalladísimas explicaciones, sobre todo las concernientes a los nuevos avances tecnológicos que hacen posible la colonización. Son excelentes las imágenes sobre la construcción y posterior derrumbe del ascensor espacial, los detalles sobre la nueva forma de propulsión, en la última novela, que permiten realizar el viaje a Marte en tan solo unos días y colonizar el resto del sistema solar (excelentes descripciones de los otros planetas y los planes de terraformación de cada uno de ellos y de las lunas de los planetas exteriores); o todo lo relacionado con el tratamiento gerontológico, que permite al ser humano frenar el envejecimiento al menos durante 200 años. Todos esos detalles hacen de esta novela un verdadero hito en la ciencia ficción, aunque pienso que se podría prescindir de todas esas páginas y páginas de exhaustivo detalle sobre la administración política del nuevo y poblado Marte.

Un aspecto muy interesante que trata la novela, y lo que la vertebra de principio a fin, es la disputa entre el sentimiento ecológico extremo, que lucha por mantener Marte virgen, y su opuesto, la terraformación completa, que quiere convertir Marte en la Tierra, a su imagen a semejanza. Kim Stanley utiliza el color como metáfora de esas dos maneras de pensar antagónicas. Así, tenemos a los Rojos, que abogan por conservar por todos los medios al Marte primitivo, que sólo permitirían asentamientos bajo cúpulas, sin modificar la atmósfera, sin inundarlo con su agua. Y, por otro lado, estarían los Verdes, que pretenden todo lo contrario: conseguir un nuevo mundo en el que el ser humano pueda vivir plenamente, y no sólo subsistir. Esa lucha entre Rojo y Verde, entre Verde y Blanco (representando el verde a lo orgánico y el blanco a lo inorgánico), estructura toda la novela y crea todos los conflictos. Esta es una lucha que nos afecta ahora mismo en la tierra en cierto sentido. En esta trilogía puede decirse que triunfa lo verde, pues Marte termina por convertirse en un lugar pletórico de vida, con mares y una atmósfera respirable, aunque consiguen, gracias a la impresionante y gigantesca orografía marciana, reservar ciertas zonas libres de influencia humana, zonas casi inmaculadamente “rojas”.

Son tres novelas densas, barrocas, hiperrealistas hasta la extenuación, sobre todo en lo referente a política, y eso puede desesperar incluso al lector más tozudo, sobre todo en las dos novelas finales. Pero cualquier aficionado a la ciencia ficción debería acercarse a ellas. O, al menos, a la primera de ellas, digna merecedora de todos los elogios y premios que ha ido cosechando.

Como curiosidad, decir que esta novela ha inspirado la que, de momento y de manera no oficial, sería la primera bandera del planeta marte, que intenta representar la “futura historia de marte” y que ha sido aceptada por la Mars Society y la Planetary Society.

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