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Viajar a otras dimensiones y sobrevivir para contarlo

Eso es lo que parece cuando uno ve los videos de Cyriak, un animador británico, digno heredero de Rybczynski.

Con el polaco, se hablaba de la cuarta dimensión, y recuerdo estar obsesionado con la idea después de ver su obra maestra, Tango, que ahora parece tremendamente chapucera, pero que supuso el descubrimiento del potencial de los efectos de video.

Llegaron los ordenadores (y la MTV, cuando la M significaba Música, y no Mierda, como ahora), y aparecieron maravillas como las obras de Chris Cunningham o Michel Gondry, que trataban, sobre todo este último, de aportar nuevas dimensiones, literalmente, al arte del video:

Así, podemos ver a Rybczynski como hijo de la relatividad (cuatro dimensiones), a Gondry y similares, herederos de la física cuántica (universos paralelos)… Y Cyriak… bueno, para él las cuatro dimensiones se quedan cortas y multiplica sus efectos hasta el infinito, al igual que las mutaciones que padecen sus personajes. Uno se pregunta qué narices desayuna este hombre para conseguir entrar en las dimensiones enrrolladas de la teoría de cuerdas…

Cycles se parece bastante a la obra mencionada de Rybczynski y Gondry. Unos cuantos ositos de peluche bastante gamberros toman el puerto de Worthing:

En cows, cows & cows, unas tranquilas vacas se sumergen de lleno en un aquelarre de mutaciones y desplazamientos imposibles… Parece ser que a los niños les encanta:

Welcome to Kitty City, algo parecido a un video sobre seguridad vial en un universo pluridimensional habitado por gatitos capaces de plurimutar. Repito ¿Qué narices toma este hombre para desayunar?:

Y, por último, Something, para el cual no hay palabras (aviso: puede resultar un poco desagradable):

La música de estos videos también es creación suya; una música mezcla entre fractal y techno pachanguero, que realza la sensación de irrealidad de sus inquietantes creaciones. Nada más. Dulces sueños y cuidado con las «otras dimensiones»…

Found a Star in the Ground

Pues sí, The Flaming Lips han encontrado una estrella en el suelo y para celebrarlo han grabado una canción de…

¡¡¡¡¡¡6 horas!!!!!!

Es uno de esos proyectos experimentales de grabación del grupo de Oklahoma, esta vez justificado por una obra benéfica, ya que los fans que han aportado 100 dolares pueden oir su nombre durante la canción. El dinero recaudado ha ido a parar a la Central Oklahoma Humane Society y a la Academy of Contemporary Music en la University of Central Oklahoma.

No es la canción más larga de la historia, por si se lo estaban preguntando, que bizarradas hace ya mucho tiempo que se hacen (no hay que olvidarse del precedente de Satie con sus Vexations) y existen composiciones que duran años e incluso siglos que se están interpretando en estos momentos, pero quizás sea la canción editada de más duración. Si alguien se atreve, aquí están los 360 minutos de canción:

The Flaming Lips – Found a Star on the Ground [Part One of Three] by Slow•Nerve•Action 3

The Flaming Lips – Found a Star on the Ground [Part Two of Three] by Slow•Nerve•Action 2

The Flaming Lips – Found a Star on the Ground [Part Three of Three] by Slow•Nerve•Action

La canción se ha publicado junto con otras dos (de longitud convencional) en una edición especial, el Strobo Trip, que es un juguetito pensado para dar horas y horas de satisfacción. Lástima que este EP no ha salido a la venta oficialmente, porque es la bizarrada con la que sueña cualquier fan de los Flaming Lips.

Estas son las otras dos canciones, con imágenes del aparato en funcionamiento:

Butterfly, How long it takes to die?

Evil Minds

Es inevitable considerar este experimento una suerte de continuación de zaireeka, y, de hecho, el grupo sigue con la idea de experiencias simultáneas, de sonidos que el propio oyente tiene que mezclar por su cuenta, como demuestra otro experimento en el que están trabajando, Two Blobs Fucking, una serie de videos en youtube para escuchar y visualizar simultáneamente:

Experimental Music Love

The Magnetic Fields. Un pequeño vídeo de hace un par de añitos y que estaba dando tumbos por el ordenador.

Canción de vacaciones

Cuando una paloma me miraba a través de la ventana y otros fingían mientras juegan al mismo juego de siempre, Janis Joplin, cargada de kriptonita, intentaba curarme; se oyen frenazos de coche rompiendo el calor agrietado por la pólvora y los osos sueñan conmigo. Es verano.

Underworld: «Two Months Off»

Dog Man Star

Y… no pude resistir la tentación, lo que me suele pasar cuando paso por la FNAC. Así que compré la edición especial de uno de mis discos favoritos, el «dog man star», segundo álbum de estudio de Suede.

Después del tremendo bombazo de su primer disco «Suede», tenían difícil superar uno de los mayores éxitos de público y crítica del pop inglés de los 90. Y, quizás fruto de la tensión debido a las expectativas, o, más bien, por un asunto de egos encontrados, el del cantante, Brett Anderson, y el guitarrista, Bernard Butler, este último abandonó la banda antes de finalizar la grabación de «dog man star». No obstante, hay que decir que el disco cumple con las expectativas. Más maduro que su álbum de debut, pero con un sonido característico. Dice Brett Anderson:

El disco fue concebido como una larga canción de amor; un lamento por el amor perdido y una vida que se parte, una mirada al frío mar de plástico del mundo moderno; cajas registradoras y alienación, pornografía y soledad, el grito de los desposeidos, el solitario zumbido de la nada

Siempre he pensado que Suede se movían en el filo de la navaja, entre lo épico y lo hortera, y este disco consigue mantener el punto justo entre el exceso glam y la sobriedad y oscuridad de los 90.

Acompaña en esta edición al disco original unas cuantas demos de estudio, versiones inéditas y las caras B de los singles, que merecen ser recordadas. Recuerdo comprar el CD single de «The Wild Ones», en el que aparecían «The Killing of a Flash Boy» y «Whipsnade», con las que pasé una buena temporada molestando a compañeros de piso y vecinos a mediados de los 90, cantándolas a voz en grito (ya no hago esas cosas, ahora soy un ciudadano responsable…). También encontramos un DVD con entrevistas y actuaciones en directo, además del video promocional de «Stay Together» (canción que no está en ningún álbum, que apareció como single antes de «dog man star»).

Cuando uno es un adolescente, confuso sexualmente, necesitas canciones como estas. En los 70 tenían a Bowie (icono bisexual), en los 80 a The Smiths (Morrissey como estereotipo del homosexual que descubre que su vida es una mierda), y en los 90 tuvimos a Suede (¿Qué importa tu orientación? Sólo queremos alguien que nos ame para luchar juntos contra el mundo). Es muy agradable volver a escuchar estos himnos a la confusión de nuestro complicado mundo, recordar a Brett Anderson moviéndose como una serpiente a escasos metros de mi cabeza en Benicassim, gritando como un poseso estas canciones.

Pero mejor escuchar algo de esta espléndida obra maestra. Del disco oficial, «The Asphalt World»:

«Y así es como uno se siente cuando el sexo se vuelve cruel»

Una de las caras B, «The killing of a Flash Boy»:

«Piensa en el mar mientras me asesinas»

At War With The Mystics

Cuatro años después de su disco de mayor éxito, «Yoshimi Battles the Pink Robots», los de Oklahoma editan este «At war with the mystics» en el año 2006. En él continúan la evolución del sonido logrado en sus dos trabajos anteriores, con un resultado ecléctico, difícil de clasificar, pero muy inclinado hacia el power-pop.
Creada en un momento político decisivo (durante el segundo y conflictivo mandato de la administración Bush), con una sociedad estadounidense cada vez más crítica con las decisiones de su gobierno, sobre todo respecto a la invasión de Iraq, esta obra nos remite a ese desencanto con la política y el poder.

El propio título, «En la guerra con los místicos», parece hacer alusión a ese clima de impotencia ante actuaciones que son difíciles de comprender por la ciudadanía; Más aún el primer single del disco «The Wand», en el que reclaman (aunque sea metafóricamente) la soberanía del pueblo. Así, estamos ante un disco que, a su manera psicodélica y creativa, es el más comprometido de la banda.

De nuevo nos encontramos con la producción de Dave Fridmann, como siempre compleja y preciosista, repleta de sonidos, y que todavía conserva los hallazgos de la época del «Zaireeka».

La primera canción del disco, «The Yeah Yeah Yeah Song», es un buen ejemplo del power-pop al que apunta todo el disco. En palabras de Wayne Coyne:

«El poder en manos de gente no preparada es muy peligroso…»

Básicamente es una crítica al poder y a nuestros gobernantes, pero a través de una pregunta al oyente «¿Qué harías tú en su lugar?»; pregunta que no intenta justificar la posición del poderoso, sino igualarlo y demostrar que simplemente es una persona, no un dios, y que cometerá errores.

«Free Radicals» continúa con la crítica: «You think you’re radical, but you’re not so radical, in fact you’re fanatical». Crítica al fanatismo en general, al que lleva a suicidarse con una bomba, o al que lleva a una guerra por mantener el poder.

«The Sound of Failure / It’s Dark… Is it Always this Dark» trata sobre la inevitable experiencia de perder algún ser querido, de cómo enfrentarse a esa oscuridad. En la frase «Go tell Britney, go tell Gwen», se está refiriendo a Britney Spears y Gwen Stefani, como modelo del optimismo forzado y como de cuento de hadas que transmiten, no sólo ellas, sino el pop comercial en general. El epílogo instrumental de la canción es todo un acierto triste y misterioso.

Quizás «My Cosmic Autumn Rebellion» es una respuesta a la anterior pregunta, en la que el protagonista adopta un optimismo realista que no rechaza lo negativo de la vida, el otoño que lleva a la muerte, sino que lo afronta, rebelándose en este caso contra los agoreros y los que «sólo ven la puesta del sol, no el amanecer». Para mí esta es la canción más «Yoshimi» del disco, una evolución lógica del sonido del anterior trabajo.

«Vein of Stars», de nuevo otro arrebato existencialista que termina justo en el lado contrario, en un canto a las estrellas, que no parecen tener ningún destino maravilloso para nosotros, pero que seguimos admirando y que nos siguen fascinando.

«The Wizard Turns On…», único tema instrumental, una improvisación repleta de ecos, distorsiones y efectos varios, con un toque de ciencia ficción muy marcado. Esta canción ganó un grammy a la mejor interpretación de rock instrumental

«It Overtakes Me /The Stars are so Big… I am so small… Do I Stand a Chance?». Wayne comenta en las notas del CD:

A veces hago un sencillo truco de compositor y me imagino que compongo para otra persona y, en esta canción ese alguien era Gwen Stefani… Me la imaginaba cantándola y me imaginaba que tipo de producción saldría. Al principio, cuando estaba pensada para la señorita Stefani, llamé a la canción «Me gusta masturbarme y pensar en el espacio exterior»… y todavía pienso que si la cantara ella, sería un buen nombre… Pero imaginarme a mí, un hombre de 45 años con barba y canas masturbándome es… bueno… desagradable… De todos modos la canción terminó tratando sobre esos accesos de pánico que tengo al contemplar la «realidad cósmica», el hecho de que la Tierra está flotando en un vasto e interminable mar de infinita negrura

La segunda parte de la canción es realmente gloriosa. Es extraño como algo tan bonito pudo surgir de una tontería como la que cuenta su compositor, pero así es la creatividad (y, por cierto, a mí no me parece tan desagradable imaginarme a un barbudo cuarentón masturbándose,y supongo que no soy el único/la única al que le pasa, así que, Wayne, no te minusvalores…). Además, el contraste entre los tres primeros minutos, absurdos, un poco tontos y facilones, y la solemnidad tranquila y esperanzadora del final es uno de los aciertos. Sin duda una de las canciones más interesantes del disco.

«Mr. Ambulance Driver»; después de ese momento de romanticismo y de éxtasis ante el universo, una canción grandiosa, rescatada de una banda sonora (de la película «The Wedding Crashers»), y en la que un superviviente de accidente en el que ha muerto una mujer (¿su mujer, su novia, un familiar?) relata su pena al conductor de la ambulancia (¿un sacerdote…?): «Señor conductor de ambulancia, estoy aquí junto a ella, y, aunque estoy vivo, de algún modo me he dado cuenta, señor conductor de ambulancia, de que no soy realmente un superviviente, y que desearía ser yo el que no se va a quedar aquí»

«You haven’t got a clue», es, sin duda, la canción más extraña del disco y que parte de un «borrador» de canción de Greg Kurstin, compositor pop que ha escrito canciones para numerosos grupos.

Esta canción trata sobre ese tipo de persona que todos conocemos y soportamos (no mencionaremos nombres). Culpan a todo el mundo, excepto a ellos mismos, de todos sus problemas, de los que parecen tener un suministro constante. Si sufren, tú sufres más… Ya sabéis de lo que estoy hablando.

Uy, no lo sabes tú bien, Wayne.

«The W.A.N.D», primer single del disco, power-pop en su estado puro, es una verdadera maravilla. No deja de ser una imagen algo patética, esa de tener una varita mágica que te aporta confianza en tí mismo, pero cuando uno ve lo que hay ahí fuera, al menos te ayuda a seguir adelante: «Tengo un truco, una varita mágica que los hará caer a todos. Ahora tenemos el poder, hijos de puta, porque es donde tiene que estar»
«¿Por qué no pueden ver que no es poder, sino codicia, el hecho de querer más y más»
.

Definitivamente una bonita canción que deberían escuchar muchísimos de nuestros políticos y banqueros (hasta que les reviente el cerebro, si es posible…)

Esta canción llegó a tener cierto éxito, sobre todo debido a un anuncio que la utilizaba (creo recordar que era de DELL)

«Pompeii am Götterdämerung»
. Una deliciosa canción con referencias PinkFloydianas, no sólo en el título, pues no deja de recordarme un poco a «One of these days», compositivamente y en la instrumentación. Me da la sensación que es una especie de homenaje. Como curiosidad, es la primera canción del grupo en la que Steven Drozd interviene como cantante principal.

«Going On», que en las primeras escuchas podía parecer un final algo decepcionante después de ese «ocaso de los dioses» de la anterior canción, pero que es probablemente una de las mejores del disco. Si en «Pompeii am Götterdämerung» había referencia wagneriana, al menos en el título, en esta comentan que la melodía principal está ligeramente basada en la novena sinfonía de Mahler.

Esta canción lanza una profunda mirada al sufrimiento y a los secretos poderes de curación al deslizarte por el espacio y el tiempo… Cómo el sufrimiento, de algún modo, se calma con la simple… aceptación…

En resumidas cuentas, después de dos de los discos más influyentes del pop independiente, este trabajo, muy esperado, no decepciona en absoluto. Un trabajo casi redondo en todos los sentidos.

Aquí os dejo un par de ejemplos:

The W.A.N.D. (sin el «mother fucker», claro, que es un video oficial y ya sabeis lo hipócritas que son en la televisión americana)

Pompeii am Götterdämerung