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A través del mar de soles

El Lancer es la primera nave interestelar de la raza humana. En ella viaja Nigel, el astronauta que estableció contacto con seres extraterrestres en varias ocasiones, de edad avanzada y toda una institución en esta mini-tierra que viaja casi a la velocidad de la luz. Mientras tanto, en la Tierra, algo muy extraño está sucediendo en todos los océanos, que han sido sembrados con formas de vida que amenazan la supervivencia de la humanidad.

Segunda parte de la saga del centro galáctico, A través del mar de soles se desarrolla después de los acontecimientos relatados en el primer libro de la serie. Nigel sigue siendo el protagonista; un viejo testarudo que, a pesar de ser uno de los pocos humanos con experiencia en contactos alienígenas, no para de provocar y sufrir problemas. En la primera novela ya apuntaba maneras, y aquí ya se revela como uno de esos protagonistas de ciencia ficción con la testosterona por las nubes. Benford insiste en el asunto del trío amoroso con dos mujeres, aunque le reserva una (merecida) patada en su hombría al final de la novela.

El viaje del Lancer es ciencia ficción pura y dura: Nuevos planetas, peculiares seres, sueño criogénico y una especulación interesante sobre la evolución de una sociedad encerrada entre las cuatro paredes de una nave.

Pero el gran acierto de Benford es la parte que se desarrolla en la Tierra, relatada a través de un marino que consigue sobrevivir a un ataque de los peligrosos moradores que han invadido los mares.

La trama central de la saga se perfila mucho mejor en este libro y se aleja de la idea común de la invasión por seres alienígenas, aportando una visión que es más novedosa. La vida se presenta en dos versiones: orgánica y sintética (que surge como invención de la primera). Comenzamos a entender la pugna entre las dos y la ventaja de los seres mecánicos, que no están sujetos a unas leyes biológicas que acorten su tiempo de vida.

Segundas partes nunca fueron buenas, pero esta entrega tiene un estilo algo más pulido e ideas más interesantes que el primer libro de la serie.

En el océano de la noche

Nigel, un astronauta seleccionado para realizar una peligrosa misión que salvará al planeta de un choque con un asteroide, realiza el mayor descubrimiento de la historia del ser humano. La gran pregunta ya tiene respuesta: no estamos solos.

Un tema clásico en la ciencia ficción sirve como punto de partida para la primera novela del Ciclo del Centro Galáctico, que consta de otros 5 libros. Gregory Benford, astrofísico norteamericano, es uno de los autores más reconocidos dentro del género.

La propuesta inicial evoluciona poco durante la obra, coqueteando con la idea de «la teoría de los antiguos astronautas» (quien frecuente el canal Historia tendrá bien presente la dichosa frase…), es decir, presencia alienígena desde mucho antes de la aparición del ser humano, un argumento que ya sugirió Arthur C. Clarke en su famoso «El Centinela».

Benford viste este esqueleto de una manera no muy convincente, con extremos un tanto absurdos, como la aparición en escena del mitológico Bigfoot, o el extraño trío estable del protagonista con dos mujeres (puede ser visto como un guiño hippie, pero queda rarísimo y poco creíble). Sólo Nigel está bien delimitado, mientras que el resto de personajes son meros acompañantes que se quedan en pinceladas más o menos toscas.

A pesar de todo, es un libro que se puede disfrutar. Ciencia ficción dura, al más puro estilo NASA, y que no defrauda: ofrece lo que promete.

Spin

De repente, desaparecen las estrellas.

Esta es la premisa, y poco más se puede contar para no destripar esta fantástica novela de Robert C. Wilson, ganadora del premio Hugo en 2006.

El título del primer capítulo, 4 x 109 d. C., es la primera bofetada al desprevenido lector. Entramos entonces en un juego a dos tiempos, que poco a poco se resuelve de manera magistral, con un argumento que tiene el atractivo de la ciencia ficción clásica, que hace volar la imaginación y reverbera en la mente. Un trío protagonista creíble, más una aparición marciana… Ideas precisas y bien desarrolladas, con la suficiente explicación científica para contentar a los exigentes racionalistas y bastante poesía en el concepto como para saciar las ansias de trascendencia de los más fantasiosos. El estilo de Wilson es el de los escritores de Best Seller, manteniéndote pegado al libro y deseoso de volver a él como un bálsamo. Pero, lo que cuenta es mucho más interesante que muchos Best Sellers, por lo que la satisfacción está garantizada.

La novela tiene continuación en otras dos obras, que esperemos no defrauden la frescura de esta primera entrega.

Los Cronolitos

En el sudeste asiático aparece un gran monolito de la noche a la mañana. Celebra la victoria de un personaje, Kuin, que ganará sus batallas 20 años más tarde… Hasta ese momento siguen apareciendo más y más monumentos, en lo que parece una lenta pero segura conquista global.

Robert C. Wilson utiliza el recurso de las paradojas temporales con matices, hilando una inconclusa explicación entre mística y cuántica con las casualidades funcionando como hitos que marcan la futura e inevitable sucesión de acontecimientos.

La trama de la novela está hilada de manera convincente, aunque es cierto que el libro deja una incómoda sensación de falta de detalles sobre los acontecimientos futuros que la mera especulación previa no termina de satisfacer, así como cabos sueltos que deslucen un poco la obra. Aun así, Wilson maneja al lector con inteligencia y, ayudado por su habilidad para retratar personajes, la sucesión de acontecimientos fluye y la atención está garantizada.

La Radio de Darwin

Una científica que estudia los restos de virus ancentrales incrustados en nuestro ADN ayuda en una investigación en Georgia, donde se han encontrado fosas comunes relativamente recientes con cadáveres de extrañas características.

En los Alpes, un antropólogo descubre una familia Neanderthal congelada, con lo que parece ser un bebé bastante más evolucionado.

Mientras tanto, en Estados Unidos, comienzan a aparecer casos de abortos espontáneos que parecen violar todas las leyes biológicas. Son los primeros casos del SHEVA, un virus que proviene de nuestro propio código genético. Esta nueva enfermedad será la Herodes, que parece destinada a diezmar o incluso suprimir a toda una generación de fetos.

Greg Bear introduce en esta novela un escenario en el que una especie de equilibrio puntuado “express” hace que el ser humano evolucione en cuestión de una o dos generaciones.

El libro está repleto de referencias a la genética que diluyen la trama de la epidemia y sus consecuencias. De hecho, al final del libro, Bear incluye un breve glosario de términos científicos, y alguna explicación extra sobre lo que nos acaba de contar. No deja de parecerme, por lo tanto, que una de las intenciones del autor es la de divulgar sobre ciertos conceptos evolutivos. Es decir, que, a partir de una teoría (el equilibrio puntuado, en el que la evolución no se produciría a ritmo constante, sino a base de saltos más importantes en un periodo geológicamente breve de tiempo), el autor elabora la trama preguntándose qué ocurriría si la especie humana viviera uno de esos saltos en riguroso directo.

Esta actitud divulgativa debilita esta obra de ficción; ha forzado demasiado lo que es una teoría seria de la evolución para encajarla en un argumento de best-seller. Algunos personajes quedan desdibujados entre tanta insistencia por explicarse científicamente.

El final… bueno, todo el esfuerzo por ser científicamente plausible termina con una inocencia al más puro estilo Spielberg. Un poco ridículo, la verdad. Un planteamiento muy ambicioso que se queda en poco más que un libro para pasar el rato. Una pena.

El Prestigio

Un joven periodista que investiga un extraño suceso termina descubriendo la solución al enigma de su verdadera familia.

Una disputa que dura toda una vida y que traspasa las generaciones futuras de dos magos, obsesionados con su trabajo y los trucos de su adversario.

El mayor truco de Alfred Borden, imposible de realizar y que sólo tendría una explicación lógica… Y la osadía de Rupert Angier, que consigue mejorar dicho truco, convirtiéndolo en verdadera magia.

El escritor inglés Cristopher Priest consigue un relato perfectamente hilado, presentado a través de retazos de libros autobiográficos y diarios de los dos protagonistas y sus descendientes.

Esta estructura es uno de los aciertos de la novela, viajando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, permite al lector ir desgranando los detalles de los acontecimientos a través del prisma de distintas miradas. Gracias a ello, el propio libro termina convirtiéndose en un verdadero truco de magia, en el que cada detalle cuenta para resolver el rompecabezas.

La aparición de Tesla y su irreal descubrimiento, que dota a la novela del elemento sobrenatural, es un toque de genialidad.

Enigmática, algo enrevesada (lo suficiente), la trama se disfruta de principio a fin. La escritura, adaptada a los momentos históricos de cada pieza del puzzle, es atractiva y fluida. Un digno heredero de los relatos de H. G. Wells en los que la omnipresente ciencia ocupa su lugar como impulsora del asombro y que es capaz de realizar lo imposible.

A pesar de su corta edad (está escrita en 1995), es ya todo un clásico de la literatura fantástica. Un libro perfecto para las tardes ociosas de verano que hace volar la imaginación. Totalmente recomendable.