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La máquina preservadora

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Hace poco encontré este libro en la feria del libro antiguo y de ocasión; una colección de cuentos de Philip K. Dick.
«La máquina preservadora» contiene ocho cuentos, algunos bastante conocidos, como «Recuerdos al por mayor«, famoso por servir de inspiración para «Desafío Total«.

Philip K. Dick es un torbellino de inspiración y creatividad, tanto en sus novelas como en los más de 100 cuentos que escribió durante su carrera. Sus ideas, que pueden parecer extravagantes y más propias de un «iluminado», han ido cuajando poco a poco en una sociedad cada vez más paranoica, enfrentada a dilemas éticos y morales antes impensables. Desde que en 1982 se realizara la primera adaptación de una de sus novelas («Blade Runner«, basada en «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?«), la lista de películas que han bebido de sus historias (directamente, como «Minority Report«, «Paycheck«, o indirectamente, como «Matrix» o «Abre los Ojos«) continúa creciendo. Su visión del mundo, de la interacción del ser humano con la realidad, el cuestionamiento de esa realidad, genera numerosas preguntas en el lector.

No hay más que leer los cuentos de esta pequeña recopilación para sentir esa inquietud, como un cosquilleo en la nuca; la sensación de que incluso lo más cotidiano, lo que estructura nuestras vivencias, puede ser consecuencia de algo incomprensible; que detrás de la más simple de las acciones, hay una explicación alternativa con posibilidades de ser real. Lo cierto se convierte en duda. Un buen ejemplo de ello es «Rug«, uno de sus primeros cuentos, cuyo protagonista, un perro, percibe esa realidad alternativa que nadie más parece detectar.

Dick utiliza algunas normas del género de ciencia ficción, como la contextualización de las historias en sociedades «avanzadas», en tiempos futuros, pero nunca son un fin en sí mismas. Son el escenario ideal para desarrollar toda una filosofía que traspasa los límites del género. Y una de las claves de esa filosofía es la degeneración de la realidad, un tema que impregna toda su obra y que se ve reflejada en varios cuentos de esta recopilación, como en «Si no existiera Benny Cemoli«, «Veterano de Guerra» o, por supuesto, «Recuerdos al por mayor«, un perfecto ejemplo de esa paranoia que estructura la realidad del individuo en distintas capas imbricadas entre sí.

Y si hablamos de degeneración, nada mejor que el cuento que da nombre a la recopilación, «La máquina preservadora«, en la que la música es la que sufre esa degeneración. Nada es eterno, ni siquiera el arte: «Ars longa, vita brevis», una longevidad que no lo libra de las mutaciones y el cambio, como ocurre con cualquiera de los objetos que existen en el universo. Ni siquiera los agujeros negros son inmutables, mucho menos el Arte.

Hay un elemento que aparece constantemente en la obra de este escritor: la máquina. Aparecen varias en estos cuentos, y siempre distorsionan la realidad que les rodea, que es para lo que sirven las máquinas. Nadie como Dick ha sabido percibir y magnificar esa función principal. En «La máquina preservadora» es un instrumento como tal, pero en otros, como «Juego de guerra«, «Cargo de suplente máximo» o «Si no existiera Benny Cemoli«, la máquina actúa con independencia, piensa, pero sin dejar de ser una máquina, y eso es lo que resulta inquietante y la base de grandes obras como «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?«.

Leer a Dick puede ser revelador en determinados momentos. Cuando la vida parece deshacerse, cuando lo que has sentido como inmutable se derrumba, dejando una pila de sucios escombros, sus historias se llenan de significado. No te alivian, ni responden preguntas, ni solucionan ningún problema, pero te hacen ver que tus sensaciones son sólo una capa más dentro de una red de infinita de capas en una realidad objetiva y subjetivamente compleja y casi imposible de desentrañar.

Mundo Anillo

Una asignatura pendiente para cualquier aficionado a la ciencia ficción, era leer este clásico de Larry Niven, «Mundo Anillo». Editada en 1970, y ganadora de los premios Hugo, Nebula y Locus de 1971, es un buen ejemplo de la llamada «ciencia ficción dura», repleta de referencias científicas que arropan la trama principal y explican el entorno en el que se mueven los personajes.

En «Mundo Anillo», Niven nos sitúa en ese espacio narrativo que ambienta muchas de sus novelas, el «espacio conocido», en el que conviven humanos y varias especies extraterrestres, como los Kzinti o los Titerotes. La acción se sitúa en el año 2850, cuando un Titerote recluta a dos humanos y un Kzinti para explorar un sistema solar bastante peculiar detectado a 200 años luz de la Tierra. Se trata de un mundo sin planetas, en el que un anillo artificial rodea la estrella central. Niven nos describe con todo detalle la fisionomía del anillo, con una anchura de más de millón y medio de kilómetros, un radio de 150 millones de kilómetros y con una superficie habitable, la del interior de la estructura, millones de veces superior a la de un planeta como la Tierra. Todo ello sobre una base de un material con unas características especiales que le permita soportar las tensiones que produciría semejante estructura. Una idea similar a la famosa Esfera de Dyson .

El ingenio gira para proporcionar una fuerza centrífuga que actúa como la gravedad, y está provisto de vastos muros exteriores para retener la atmósfera y evitar que ésta salga despedida al espacio. Para poder simular la noche, existe un anillo interior de enormes placas que rotan en sentido contrario, dando sombra periódicamente a toda la superficie de tan extraño mundo.

Los protagonistas logran aterrizar después de sufrir un percance con su nave y encuentran un mundo degradado, repleto de ruinas de una civilización avanzada y poblado por lo que parecen ser seres humanos (una incógnita que el libro no despeja pero que parece ser que se aclara en posteriores entregas de la serie). Tras recorrer una ínfima parte del anillo, consiguen comprender qué ocurrió con esa civilización y las causas de su declive.

«Mundo Anillo» es un libro adictivo. La sola idea de un mundo de tan extraña estructura ya evoca imágenes impactantes en el lector. Imaginar cómo el sol se oculta por una gigantesca placa, permitiendo visualizar el resto del anillo como un enorme arco que cruza el cielo de una a otra punta, el horizonte inexistente, lejano y que se confunde con el cielo, la inmensidad de las distancias, océanos tan extensos como toda la superficie terrestre, bahías tan grandes como nuestros océanos, montañas de miles de kilómetros de altura,… Todo eso añadido a las peculiaridades de las especies extraterrestres, los Kzinti, como demonios anaranjados y salvajes, los Titerotes, con sus dos cabezas y labios que pueden realizar la función de manos, los vástagos de las estrellas… Y, por supuesto, los artilugios descritos, los motores, los campos «de diseño esclavista», los Tasp, etc, etc…

A un lector poco acostumbrado a la ciencia ficción dura puede resultarle tedioso, pero es imprescindible acercarse a esta novela para hacerse una idea de este tipo de literatura. Son algo más de 300 páginas y, al menos, asegura momentos de verdadero disfrute, sobre todo al lector que guste imaginar mundos imposibles y escenarios exóticos. Es un buen ejercicio de imaginación y de lectura bastante agradable. Todo un clásico.

El Mundo Anillo, como curiosidad, es inestable. Una estructura así no podría durar mucho, porque acabaría chocando contra la estrella central. Aquí se puede encontrar una explicación física bastante exhaustiva y comprensible de este hecho. Niven, después de recibir cientos de cartas de fans que le reprochaban este fallo, decidió solucionarlo como la Física manda y así lo hizo en la siguiente entrega de la serie ambientada en este mundo, Ingenieros de Mundo Anillo. No fue el único fallo científico del libro, como el hecho de que en la primera edición, el protagonista humano, Louis Wu, se teletransporta hacia el Este para prolongar el día de su cumpleaños, cuando debería hacer lo contrario, teletransportarse hacia el Oeste. Ese error se corrigió en posteriores reediciones.

 

Título: “Mundo Anillo”

Autor: Larry Niven

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 15.

1970 (edición 1976)

339 páginas

La historia de tu vida

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“La historia de tu vida” es una recopilación de cuentos breves del autor de ciencia ficción norteamericano Ted Chiang. Ocho relatos que abarcan la creación de este escritor desde 1990 hasta el 2002. Chiang es licenciado en informática, y ya ha sido galardonado con los tres premios más importantes en este tipo de literatura: Locus, Nebula y Hugo. Y no es difícil ver por qué, pues ha conseguido, en muy poco tiempo, plantear nuevas perspectivas en el desarrollo del género.

La mayoría de los relatos va más allá de las ideas clásicas y manidas de la ciencia ficción. Sólo en uno de ellos aparecen extraterrestres, aunque sí es cierto que en la mayoría el protagonista es el desarrollo de la ciencia y los nuevos y extraños paisajes que podría conformar. No se limita a describir nuevas tecnologías todavía inexistentes, ni surgen en la narración como complemento o adorno a la trama principal. Realmente hay una reflexión profunda sobre la ciencia y su impacto en la sociedad y en la persona. Dónde más claramente se percibe es en el último relato, “¿Te gusta lo que ves? (Documental)”, en el que, mediante fragmentos de entrevistas con varios personajes, analiza las consecuencias de una nueva forma de tratamiento bioquímico que permite desactivar la capacidad de percibir la belleza de un rostro: todos veríamos a los demás sin los prejuicios que implican una cara bonita o una faz horrenda. El avance de la ciencia removiendo los cimientos de la filosofía.

Y el avance de la ciencia, removiendo los cimientos de la propia ciencia, como ocurre en “La evolución de la ciencia humana” y en “Dividido entre cero”. ¿Qué pasaría si alguien descubriera que las matemáticas no son lógicas? Y ¿qué pasaría si pudiera demostrarlo mediante las matemáticas? Por supuesto, esto suena a Gödel, un matemático que hizo algo muy parecido, aunque la propuesta de Chiang es más radical: la protagonista puede demostrar que 1=2…

En “Comprende”, una nueva droga consigue que un paciente en muerte clínica se recobre para descubrir que su capacidad mental se está multiplicando hasta llegar a la comprensión casi total de lo que le rodea, encontrando el sentido de todo. Un relato muy borgiano y que me recuerda en cierto modo a la película “pi“.

El relato que da título al libro, “La historia de tu vida”, es uno de los más redondos de la colección (nunca mejor dicho). Es, junto con “La torre de Babilonia”, el más poético y sensible. Es aquí donde encontramos los únicos extraterrestres del libro, unos seres de siete apéndices y simetría radial, que tienen un lenguaje bastante distinto al nuestro. La narradora es la lingüista encargada de descifrarlo, descubriendo mientras lo hace el secreto que se esconde detrás de los heptápodos y que cambia (¿?) su vida. Hay mucho de Kurt VonnegutMatadero 5?, “Las sirenas de Titán”) en la idea central del cuento.

El resto de cuentos parten de una premisa muy interesante: ¿Y si lo que dicen las religiones fuera cierto? ¿Y si se aparecen ángeles y existe el cielo y el infierno? ¿Qué pasaría si se pudiesen animar los objetos con una palabra, variación del verdadero nombre de Dios? Es una idea desconcertante, sobre todo pensando que este es un libro de ciencia ficción. ¿Y la ciencia? Pues eso es lo interesante, que, a pesar de todo, sigue ahí, haciendo su trabajo y analizando.

De “La Torre de Babilonia” mejor no decir nada: hay que leerlo. En “Setenta y dos letras”, la leyenda judía del Gólem no es tal leyenda, sino un hecho comprobado. Colocando un nombre de setenta y dos letras en un monigote de arcilla, éste se anima, vive. Así es el mundo en este relato. Y los seres vivos ya portan pequeñas copias de la siguiente generación en sus aparatos reproductores, y la generación espontánea es un hecho. Sólo necesitan el nombre de Dios. Bien. ¿Qué hace la ciencia? Estudiar hechos, formular teorías y utilizarlas para su propio beneficio y aumentar su conocimiento. En este mundo que describe Chiang, también. Eso es lo que me parece más interesante del cuento: Incluso sabiendo que lo que dicen los libros sagrados es cierto y comprobable, la evolución de la ciencia para explicar lo que no está claro y hacer que el ser humano viva mejor es algo inevitable, desafiando al mismo Dios si es preciso, incluso conociendo con certeza su existencia.

Pero, quizás porque al lector criado en el catolicismo le es más cercano, el cuento más impactante es “El infierno es la ausencia de Dios”. En pocas páginas consigue desconcertar por la fuerza de la propuesta. La Biblia dice la verdad, Dios es el Dios de la Biblia, existe el cielo, existe el infierno y hay que amar a Dios sobre todas las cosas. Todo es crudamente cierto. ¿Hace esto que el hombre sea más feliz? Pues a leerse el cuento y a ver qué conclusión sacan de todo esto.

Marte: rojo, verde y azul

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Esta trilogía, ganadora de varios de los grandes premios de la ciencia ficción, narra la colonización del planeta Marte, comenzando en el año 2026 hasta el año 2212, fecha de los últimos acontecimientos en Marte Azul.

En ese año de 2026, una expedición, compuesta por 101 tripulantes, llega a Marte para quedarse e intentar establecer una base permanente en el planeta rojo. No sólo lo consiguen, viviendo aislados de la mortífera atmósfera marciana, sino que comienzan a realizar acciones para terraformar el planeta, principalmente para aumentar su temperatura media. Incluso comienzan a dispersar formas de vida genéticamente modificadas para aguantar el adverso medioambiente. Poco a poco, gracias a distintos avances tecnológicos, el planeta se va poblando y transformando. Los seres humanos constituyen núcleos de población esparcidos por toda la superficie, consiguen que el agua, encerrada en acuíferos subterráneos y en el permafrost, fluya de nuevo, creando mares, recreando un nuevo ciclo del agua. Marte deja de ser un yermo seco y poco a poco se convierte en una nueva pequeña tierra, con una atmósfera respirable y temperaturas admisibles, al final de la trilogía.

Kim Stanley Robinsons se maneja con soltura dentro de esta ciencia ficción hiperrealista. Tenemos descripciones detalladísimas de paisajes marcianos, los efectos de la baja gravedad, las tensiones psicológicas que afectan a los personajes, las disputas políticas de las fuerzas que luchan por el control del planeta, etc… En ocasiones puede enfangarse en más de 30 páginas explicando las peculiaridades del gobierno marciano. Un lector hecho a la ciencia ficción dura puede recrearse con algunas de estas detalladísimas explicaciones, sobre todo las concernientes a los nuevos avances tecnológicos que hacen posible la colonización. Son excelentes las imágenes sobre la construcción y posterior derrumbe del ascensor espacial, los detalles sobre la nueva forma de propulsión, en la última novela, que permiten realizar el viaje a Marte en tan solo unos días y colonizar el resto del sistema solar (excelentes descripciones de los otros planetas y los planes de terraformación de cada uno de ellos y de las lunas de los planetas exteriores); o todo lo relacionado con el tratamiento gerontológico, que permite al ser humano frenar el envejecimiento al menos durante 200 años. Todos esos detalles hacen de esta novela un verdadero hito en la ciencia ficción, aunque pienso que se podría prescindir de todas esas páginas y páginas de exhaustivo detalle sobre la administración política del nuevo y poblado Marte.

Un aspecto muy interesante que trata la novela, y lo que la vertebra de principio a fin, es la disputa entre el sentimiento ecológico extremo, que lucha por mantener Marte virgen, y su opuesto, la terraformación completa, que quiere convertir Marte en la Tierra, a su imagen a semejanza. Kim Stanley utiliza el color como metáfora de esas dos maneras de pensar antagónicas. Así, tenemos a los Rojos, que abogan por conservar por todos los medios al Marte primitivo, que sólo permitirían asentamientos bajo cúpulas, sin modificar la atmósfera, sin inundarlo con su agua. Y, por otro lado, estarían los Verdes, que pretenden todo lo contrario: conseguir un nuevo mundo en el que el ser humano pueda vivir plenamente, y no sólo subsistir. Esa lucha entre Rojo y Verde, entre Verde y Blanco (representando el verde a lo orgánico y el blanco a lo inorgánico), estructura toda la novela y crea todos los conflictos. Esta es una lucha que nos afecta ahora mismo en la tierra en cierto sentido. En esta trilogía puede decirse que triunfa lo verde, pues Marte termina por convertirse en un lugar pletórico de vida, con mares y una atmósfera respirable, aunque consiguen, gracias a la impresionante y gigantesca orografía marciana, reservar ciertas zonas libres de influencia humana, zonas casi inmaculadamente «rojas».

Son tres novelas densas, barrocas, hiperrealistas hasta la extenuación, sobre todo en lo referente a política, y eso puede desesperar incluso al lector más tozudo, sobre todo en las dos novelas finales. Pero cualquier aficionado a la ciencia ficción debería acercarse a ellas. O, al menos, a la primera de ellas, digna merecedora de todos los elogios y premios que ha ido cosechando.

Como curiosidad, decir que esta novela ha inspirado la que, de momento y de manera no oficial, sería la primera bandera del planeta marte, que intenta representar la «futura historia de marte» y que ha sido aceptada por la Mars Society y la Planetary Society.