Otros días, otros ojos

80El nuevo cristal termorresistente que Garrod ha desarrollado tiene un pequeño problema: la luz que llega a una de sus caras tarda algo menos de un segundo en atravesar el grosor y surgir por el otro lado. Su vidrio retarda las imágenes, lo que impide su utilización en los parabrisas de coches y aviones. Pero ese retraso en las imágenes al atravesar este “vidrio lento“, dispara otras innumerables aplicaciones al poder controlar el tiempo que la luz tarda en aparecer por el otro lado.

Desde este punto de partida, Bob Shaw desarrolla las posibilidades del nuevo material elaborando una trama detectivesca aderezada con una casposa historia de matrimonio infeliz y estereotipado amor verdadero.

Alguna de las utilidades del vidrio lento son realmente evocadoras: Farolas que emiten la claridad del día durante la noche, ventanas utilizadas como cuadros vivos de paisajes idílicos, o la posibilidad de visualizar a seres queridos ya fallecidos.

Quizás lo más valioso del libro, aparte del exhaustivo estudio del hipotético descubrimiento, sean las últimas conclusiones sobre la desaparición de la privacidad, “Your private life will suddenly explode“, que decía L. Cohen. Una profecía que vemos cumplirse unas décadas después. Merece la pena acercarse a este relato y soñar con la idea de un mundo real visto a través del tiempo.

Título: “Otros días, otros ojos”

Autor: Bob Shaw

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 80.

1972(edición 1983)

154 páginas

Crematorio

crematorioLa muerte de Matías Bartomeu sirve como punto de partida de las reflexiones vitales de todos los que le rodeaban. Su hermano Rubén, constructor de la burbuja inmobiliaria levantina, y su joven segunda mujer, Mónica, que disfruta del poder y el dinero de su anciano marido. Silvia, la hija del primer matrimonio de Rubén, restauradora de arte, que lucha por mantener sus ideales frente a la devastadora realidad que representan su padre y sus negocios, que tenía a Matías, su tío, en el pedestal de los amores platónicos y que está casada con Juan, un catedrático de literatura obsesionado con la obra de Federico Brouard, un escritor relativamente admirado del que está escribiendo su biografía y que fue amigo de los hermanos Bartomeu, que percibe la muerte de Matías como antesala de su propia muerte. Collado, Traian, los corruptos, corruptibles y ejecutores de la maraña de ilegalidades que jalonan los años del ladrillazo, el plato principal servido con guarnición de putas y cocaína, siempre indigesto.

Sirviéndose de monólogos interiores, Chirbes disecciona las últimas décadas del país, sumergiéndose en lo más podrido de la transición, que ha cristalizado en cientos de urbanizaciones en los pueblos valencianos, cementerios de hormigón y cemento tostándose bajo el sol mediterráneo.

Matías, el muerto cuyo cuerpo espera en el tanatorio el momento de convertirse en humo y cenizas, sólo es un débil eco en las reflexiones de sus familiares y conocidos; éstos se dan a sí mismos y al lector lecciones de vida, de lucha, desesperación, resignación. Es Rubén, el hermano mayor, el más pragmático y descreído, en contraste con su hija Silvia, que mantiene las esperanzas, quizás ingenuas, que su fallecido tío le inculcaba en su adolescencia.

Entre todos dibujan un panorama vital tan desolador como los campos de cemento, piscinas y cesped de su paisaje. Es este un libro que golpea con cada frase, brutal y sincero. Como todas las buenas novelas, un espejo del lector que hurga en sus propias heridas.

Residencia

residencia

Residencia (un lugar donde caerse muerto). Óleo sobre lienzo, 61×46 cm.

La edad de oro de la ciencia ficción, I

07

Isaac Asimov presenta la primera parte de una recopilación imprescindible para entender la evolución del género en USA, que abarca los primeros años de la década de los treinta. Aderezada con las experiencias personales de Asimov, se convierte en una biografía de ilusiones y descubrimientos adolescentes; Un repaso a las revistas en formato “pulp“, como Amazing Stories, que sirvieron de contenedor de las primeras obras que dieron forma definitiva a un género que hasta el momento sólo contaba con relatos dispersos.

Esta década es el punto de partida de la explosión de obras que todavía sigue y que han hecho de este género algo imprescindible en la cultura popular.

Edmond Hamilton: El hombre que evolucionó, un relato muy inocente, que resulta infumable hoy en día, evidentes fallos científicos.

Nel R. Jones: Satélite Jameson. Breve cuento sobre el deseo de inmortalidad y lo difícil que sería aceptarla.

Capt. S. P. Meek: Submicroscópico y Awlo de Ulm; Aventuras en un mundo a nivel casi atómico. Típico pulp, ideal para los adolescentes de la época, pero, como señala Asimov, ni siquiera es que sea políticamente incorrecto: roza lo insultante.

P. Schuyler Miller: Tetraedros del espacio. Narración lenta y poco lustrosa (eso de hablar con los tetraedros por medio de tambores…)

Clifford D. Simak: El mundo del Sol Rojo. Viajes en el tiempo y distopía esclavista. No se puede pedir más. Un temprano ejemplo de las capacidades de Simak para encontrar ese toque humano, incluso dentro de un relato tirando a vulgar.

Charles. R. Tanner: Tumithak de los corredores, Tumithak en Shawn. Los shelk, procedentes de Venus, controlan la Tierra y han obligado a la humanidad a guarecerse en túneles durante milenios, donde viven temerosos, evitando la superficie dominada por los invasores. Dos cuentos de aventuras excelentes, con olor a naftalina, de los que fueron capaces de enganchar a un montón de adolescentes al género.

Jack Williamson: La era de la Luna. Una máquina antigravedad con un efecto secundario inesperado, el viaje en el tiempo. La Luna habitada, hace miles de millones de años y el viajero intrépido, algo inconsciente, de los clásicos del género de finales del XIX y principios del XX.

Laurence Manning: El hombre que despertó. El viaje en el tiempo, en su versión más plausible y casera, sirve para lanzar al protagonista hacia una extraña sociedad posterior al desastre ecológico que terminará con los recursos de la Tierra. Un cuento avanzadilla de la ciencia ficción ecológica y buen ejemplo de la especulación en el género.

Título: “La Edad de Oro de la Ciencia Ficción – I”

Autor: Isaac Asimov (recopilador)

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 7.

1974 (edición 1976)

426 páginas

En movimiento. Una vida

sacksmovimientoOliver Sacks, neurólogo conocido por varios libros en los que relata experiencias con pacientes (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Despertares, …), fallecido recientemente, bucea en la memoria para contarnos su intensa y peculiar vida.

En un estilo no lineal pero siguiendo más o menos una cronología de hechos, Sacks describe sus vivencias, algunas bastante íntimas, a lo largo de las décadas; su infancia en Inglaterra, su llegada a USA, primero California, posteriormente Nueva York, sus amantes, su abstinencia sexual y un enternecedor último enamoramiento a la edad de 77 años.

No faltan referencias a algunos de los casos clínicos que tan humanamente fue capaz de describir en otras obras. Una lectura placentera de principio a fin, que genera empatía hacia el personaje, por lo que cuenta y lo que uno intuye que no quiere contar.