El Prestigio

Un joven periodista que investiga un extraño suceso termina descubriendo la solución al enigma de su verdadera familia.

Una disputa que dura toda una vida y que traspasa las generaciones futuras de dos magos, obsesionados con su trabajo y los trucos de su adversario.

El mayor truco de Alfred Borden, imposible de realizar y que sólo tendría una explicación lógica… Y la osadía de Rupert Angier, que consigue mejorar dicho truco, convirtiéndolo en verdadera magia.

El escritor inglés Cristopher Priest consigue un relato perfectamente hilado, presentado a través de retazos de libros autobiográficos y diarios de los dos protagonistas y sus descendientes.

Esta estructura es uno de los aciertos de la novela, viajando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, permite al lector ir desgranando los detalles de los acontecimientos a través del prisma de distintas miradas. Gracias a ello, el propio libro termina convirtiéndose en un verdadero truco de magia, en el que cada detalle cuenta para resolver el rompecabezas.

La aparición de Tesla y su irreal descubrimiento, que dota a la novela del elemento sobrenatural, es un toque de genialidad.

Enigmática, algo enrevesada (lo suficiente), la trama se disfruta de principio a fin. La escritura, adaptada a los momentos históricos de cada pieza del puzzle, es atractiva y fluida. Un digno heredero de los relatos de H. G. Wells en los que la omnipresente ciencia ocupa su lugar como impulsora del asombro y que es capaz de realizar lo imposible.

A pesar de su corta edad (está escrita en 1995), es ya todo un clásico de la literatura fantástica. Un libro perfecto para las tardes ociosas de verano que hace volar la imaginación. Totalmente recomendable.

Donnie Darko

Revisitando esta película, buscando información sobre ella, me encuentro con una primera sorpresa, y es el año de realización: 2001.

Bien…, juraría que tengo recuerdos de esta película en mi adolescencia: bastante antes de los atentados de NY, antes de mis estudios en Cuenca, antes, incluso, de mis otros estudios en Murcia, lo que nos remonta a los 90. Lo más lógico es que, al estar ambientada en 1988, esa fecha se quedara grabada en mi mente y me hiciera pensar a posteriori que ya había visto la película hace 20 años. De todos modos, es curioso… Juro que ningún conejo de 1’90 m me visita por las noches.

Otra sorpresa: el comienzo. Los 15 primeros minutos son extraños sobre todo por dos motivos: INXS y el conejo. En la vida se me hubiera ocurrido comenzar una película con un chico tirado en la carretera seguido por “Never Tear Us Apart”. Después de reflexionar, este es precisamente el misterioso encanto de Donnie Darko. Algunas escenas son verdaderos videoclips insertados en la trama (como el “Head over Heels” de Tears for Fears), con ese toque de principios de los noventa, ralentizando y acelerando la imagen.

Y, por supuesto, Frank. Una de las imágenes más potentes del cine fantástico de las últimas décadas.

Es una pena que la película se desinfle un poco según va transcurriendo el argumento; no tengo muy claro por qué ocurre, pero es así. No será por la interpretación de Jake Gyllenhaal, que es magnífica. Quizás el guión flojea un poco a mitad de la película, algunas escenas en el instituto quizás sean innecesarias (la de la explicación de las gafas para bebés del proyecto científico, por ejemplo).

Otra de las cosas que no recordaba con claridad era el papel de Patrick Swayze, ni los videos de promoción de su libro de autoayuda. La escena de la charla en el colegio es fantástica (“creo… creo que es usted el jodido anticristo”). Y, ese precisamente es otro de los méritos de esta película: está llena de momentos extraños, esquizofrénicos y geniales. Desde todas las apariciones de Frank hasta el “They made me do it” (Me obligaron a hacerlo) grafiteado en el suelo a los pies de una estatua-caricatura de un perro cabreado, pasando por una sesión de hipnosis que casi acaba en masturbación… Era lógico que se convirtiera en película de culto.

Una última reflexión: Mulholland Drive. Mismo año y hay escenas en Donnie Darko que me recuerdan enormemente a la obra maestra de Lynch.

En definitiva, ha sido un placer volver a verla casi 30 años desp… uy, casi meto la pata otra vez. ¡No! No he comprado ningún hacha para inundar el instituto, Luziano, pesao…  (Es Luziano, mi osito de peluche, que está empeñado en que estamos en el 2011 y Cospedal no ha ganado las elecciones…)

Y, a continuación, un resumen en un minuto de la película interpretado por Tim Minchin:

The Terror

Bueno, unos meses y varias actuaciones estelares después como improvisado intérprete de canción francesa, paso a comentar el último disco de los de Oklahoma. Los tornados, afortunadamente, no pudieron con ellos, pero su música parece haber volado a un reino de Oz en negativo. Mágico, pero con cierto toque de mal rollo…Vamos, que la bruja mala aquí no ha muerto aplastada por la casa, de eso estoy seguro.

Los experimentos con canciones de horas de duración (una de 6h y otra de 24h, que yo sepa) han influido notablemente en este The Terror. No sé si positivamente, porque lo que como experimento es interesante, aquí queda huérfano. No es un mal disco, pero no es uno de los mejores de su carrera.

Canción a canción, The Terror suena así:

Look… The Sun Is Rising – Denso comienzo, tan denso como la portada saturada en complementario. Una base rítmica obsesiva, voces empapadas en eco y una sencilla melodía distorsionada. “Mira, está saliendo el sol. ¿Qué nos amará ahora?”

Be Free, A Way – Sin solución de continuidad con la anterior, de nuevo ambiente opresivo, una nueva base rítmica similar a la anterior y efectos, muchos efectos, en todos los sonidos y voces. “El camino, un camino. Pero, ¿Cómo podemos ser libres cuando todos nuestros días están vacíos? ¿Es el amor un dios al que controlamos, para  intentar confiar en el dolor?”. Una coda final, tranquila e incluso esperanzadora.

Try To Explain – Irrumpiendo en el final anterior, de nuevo otro ritmo machacante, como un helicóptero encima de nuestras cabezas. “Intentar explicar por qué has cambiado, creo que no lo comprendo. Intentar explicar por qué te marchas, creo que no lo comprendo”. Un insistente zumbido, una base armónica sencilla y sonidos saturados acompañan a esta letra de aparente desamor. Una nueva coda, con la voz de una mujer, nos lleva a la canción más larga del disco.

 

You Lust – Un ritmo más calmado, una pequeña melodía de cuatro notas, que se repite durante toda la canción, incontables “glitchs”, ruidos y distorsiones. “Lust to succeed”, que yo traduciría como “Lujuria para triunfar”… En mi opinión, excesivamente larga y desesperante. La coda en este caso, larga, casi una canción entera, de nuevo con esas frases pronunciadas por una mujer y un pequeño coro en falsete; minimalismo sucio, y un descanso de la desesperación.

The Terror – Continúa el ritmo obsesivo, un colchón de sonidos agudos acompañados de un murmullo grave. “De cualquier manera que pueda ayudarte el amor, todos estamos solos. El terror está en nuestras cabezas, no manejamos los controles. Un intervalo de 3 semitonos hacia abajo irrumpe distorsionado en primer plano, repitiéndose machaconamente. La coda, en la lejanía, inquietante, nos lleva al siguiente tema.

You Are Alone – El ritmo golpea de nuevo en el fondo, con lo que parecen ser sonidos de alarmas, urgentes y de otro mundo. “Sólo oigo el sonido de tu éxtasis. Lo suficiente para despertarme de mis miedos…. No estás solo. Estás solo.” No estás solo, en voz en falsete. Estás solo, en voz más grave.

Butterfly, How Long It Takes To Die? – Por una vez el ritmo tiene algo de variación, y las sirenas de la canción anterior se transforman en una melodía breve ascendente, hipnótica, reverberada hasta el infinito y flanqueada por guitarras hirientes. “Puedes ver el universo comenzar, fabricando un nuevo sol en un cielo nuevo. Puedes ver que el universo se acaba, fabricando una nueva oscuridad en una nueva noche”. Coda inquietante, como un lamento, que termina en voces de ultratumba.

Turning Violent – Con un comienzo que recuerda muchísimo al “Welcome to the Machine” mezclado con “Echoes” de Pink Floyd, enseguida entra la letra, en falsete. A la mitad, una guitarra violenta el clima de la canción (y de todo el álbum), que termina en un caos de ruidos distorsionados que paran en seco. “Volviéndonos violentos, cuéntamelo todo. Date, date la vuelta. Quieres violencia, no te vuelvas violento”.

Aways There In Our Hearts – Una especie de vocoder grave domina el principio de la canción. “Siempre allí, en nuestros corazones, miedo a la violencia y a la muerte; hay amor y hay dolor; hay maldad que quiere salir; hay penas y tristeza; nunca comprendiendo; algo puro que no podemos controlar”. El motivo de “The Terror”, ese intervalo, aparece aquí de nuevo, esta vez partido por frenéticas subidas y bajadas de volumen. Un final repleto de ecos que termina abruptamente.

 

En definitiva, no es un disco de fácil escucha. Su ambiente general es angustioso, una mezcla entre lo-fi y alta tecnología. Ni siquiera el final del Zaireeka, con 4 discos llenos de ladridos de perros, es tan opresivo como lo es este disco.
En cuanto a la temática, a veces da la sensación de ser un disco de desamor, de rabia, de incomprensión, un asunto personal, pero enseguida entramos de lleno en las preocupaciones metafísicas típicas de Wayne Coyne. Él mismo decía que el Terror es que, incluso sin amor, podamos seguir viviendo.
The Terror tiene que verse como obra completa, y, en ese sentido, es admirable el trabajo visual que lo acompaña. La portada habla por sí sola sobre lo que puedes esperar del contenido del disco. Y, lo poco que he visto de los conciertos, bueno… habrá que replantearse ampliar la definición de “freak”, porque esto lo sobrepasa:

 

Siempre intentando sorprender, siempre hacia adelante. Una sorpresa para muchos este disco pesimista, pero el hecho de avanzar y no quedarse parados hace de esta propuesta algo a tener muy en cuenta. Después de todo, dentro de cada uno de nosotros también hay mucha porquería que ventilar.

Ashes in the Air

Antes de meternos de lleno en The Terror, un video del anterior disco del grupo de Oklahoma. La canción es Ashes in the Air, una colaboración con Bon Iver.

Cada vez hacen mejores videos, pero, aviso para navegantes: contiene imágenes desagradables.

 

Me gusta especialmente la integración de los diseños de ruidos visuales verticales que han estado utilizando para las colaboraciones de los últimos 2 años.

Proximamente, el terror.

Atlas de las Nubes

El diario de un notario californiano

Las cartas de un joven músico inglés

La investigación de un sucio asunto sobre una central nuclear en California

Las desventuras de un editor británico

La rebelión de una sirviente clonada en una futura China

La lucha por la supervivencia de los habitantes de un Hawaii post-apocalíptico.

 

Estas son las seis historias que componen El Atlas de las Nubes, expuestas en una primera vuelta y que se resuelven en sentido inverso, en una estructura en forma de espejo. Seis historias, seis maneras de contarlas: como diario, epístolas, narración en tercera persona, en primera persona, interrogatorio y un cuento en un idioma degenerado por el paso del tiempo en lo que queda después de la civilización.

Todas ellas se relacionan de algún modo con la historia que las precede. Así, Frobisher, el músico inglés, lee el diario de Ewing. Luisa Rey, que investiga las corruptelas que rodean al sector energético, conoce al receptor, Rufus Sixsmith, de las cartas del compositor. A su vez, la historia de la periodista termina convertida en un manuscrito que llega a las manos del editor Cavendish, cuya historia será relatada en una película que una esclava fabricada por ingeniería genética, Somni-451, visionará antes de realizar un discurso que cambiará el mundo, lo que la convertirá en algo parecido a una deidad que venerarán Zachry y su gente en un mundo aniquilado por el ansia de poder del ser humano.

Esta última parte cronológicamente hablando, que es el capítulo central del libro, es la única que no se ve interrumpida por una historia posterior. A partir de ella, el resto se va cerrando hasta llegar de nuevo al diario de Adam Ewing.

En una estructura tan compleja es lógico el despiste. Es tentador pensar que David Mitchell ha pretendido abarcar las glorias y miserias de toda la humanidad en una obra; una tarea titánica. Pero, si fuera así, sería más lógico remontarse a la noche de los tiempos y comenzar su epopeya entrelazada con los primeros signos de una sociedad estructurada. Sin embargo, decide comenzar con el principio del auge de la civilización occidental, llevarnos hasta su posible futura decadencia y explorar un mundo posterior a ella, fin y principio.

Mitchell elige personajes irrelevantes, cuyas acciones, cristalizadas en libros, cartas, sinfonías o películas, aportan su granito de influencia a las historias posteriores. Ese es un elemento importante: La cultura y sus productos, que son los ladrillos y el cemento que construyen la base de nuestra sociedad y que propician las revoluciones y los cambios.

Como un bucle, el ser humano tropieza repetidamente con las mismas piedras: el egoismo, las ansias de poder y la apatía. Es imposible evitarlas: parecen parte de nuestra naturaleza. Quizás ese sea el mensaje del autor; la vida sigue, la historia pasa y siempre tendremos los mismos problemas y sólo queda luchar contra ellos. Incluso aunque sea una lucha que nunca acaba.

El Atlas de las Nubes es una novela potente, ambiciosa y que está impregnada de una positividad de agradecer en estos tiempos. Podría parecer una biblia “New Age”, con referencias a la reencarnación (todos los personajes llevan la misma marca de nacimiento) y otras mandangas pseudofilosóficas, y supongo que muchos lo verán así. De todos modos, la obra de Mitchell deja un recuerdo agradable después de su lectura y es fácil de asimilar a pesar de su extraña estructura.