¿Qué crimen o maldición le obliga a regresar una y otra vez a esta misma rueca de terror, para hilar sus cuentos, que siempre hablan de la extrañeza y el horror de las cosas? ¿Cuándo pondrá fin a su relato? Nos ha contado tantas cosas y nos contará aún más y, sin embargo, nunca dirá su nombre. No antes del último segundo de su vida decrépita y no después del comienzo de todos los nuevos nombres y no hasta que el propio tiempo haya borrado todos los nombres y no hasta que el propio tiempo haya borrado todos los nombres y haya extinguido todas las vidas. Pero hasta entonces, todos necesitan un nombre. Todos deben ser llamados de laguna manera. ¿Y cuál podríamos decir que es el nombre de todos?
Nuestro nombre es Grimscribe.
Esta es nuestra voz. «
Prólogo de Grimscribe, Thomas Ligotti
Ligotti asume en estos relatos el papel del escriba lúgubre, la Parca de las letras, que nos recuerda, como seguirá haciendo en Noctuario, las sombras que acechan detrás de cada esquina de nuestra existencia.
Adoptando la voz de los malditos, demonios, soñadores y niños, Ligotti repasa los distintos terrores a través de una prosa compleja y pegajosa (excelentemente traducida por Marta Lila Murillo).
Son cuentos en los que el propio escritor se alía con el horror para situar a los protagonistas frente a la ignominia de la realidad.
Los pueblos en sus relatos (La última fiesta de Arlequín, Los sueños de Nortown) vibran con la maldad que acogen. Los edificios (A la sombra de otro mundo, La escuela nocturna) son membranas capaces de aislar y transmitir dimensiones de maldad pura.
Relatos que consiguen poner la piel de gallina ante su solo recuerdo; la conspiración contra la especie humana revelada y sublimada ante los ojos abiertos como platos del lector desprevenido.
¿Qué crimen o maldición le obliga a regresar una y otra vez a esta misma rueca de terror, para hilar sus cuentos, que siempre hablan de la extrañeza y el horror de las cosas? ¿Cuándo pondrá fin a su relato? Nos ha contado tantas cosas y nos contará aún más y, sin embargo, nunca dirá su nombre. No antes del último segundo de su vida decrépita y no después del comienzo de todos los nuevos nombres y no hasta que el propio tiempo haya borrado todos los nombres y no hasta que el propio tiempo haya borrado todos los nombres y haya extinguido todas las vidas. Pero hasta entonces, todos necesitan un nombre. Todos deben ser llamados de laguna manera. ¿Y cuál podríamos decir que es el nombre de todos?
Con los Cuentos de Canterbury de Chaucer como inspiración, Richard Dawkins relata la peregrinación del ser humano hasta los orígenes de la vida. En el camino se incorporarán los otros grupos de seres vivos que, desde su propio punto de partida, comparten parte del camino con nosotros.
La muerte de Matías Bartomeu sirve como punto de partida de las reflexiones vitales de todos los que le rodeaban. Su hermano Rubén, constructor de la burbuja inmobiliaria levantina, y su joven segunda mujer, Mónica, que disfruta del poder y el dinero de su anciano marido. Silvia, la hija del primer matrimonio de Rubén, restauradora de arte, que lucha por mantener sus ideales frente a la devastadora realidad que representan su padre y sus negocios, que tenía a Matías, su tío, en el pedestal de los amores platónicos y que está casada con Juan, un catedrático de literatura obsesionado con la obra de Federico Brouard, un escritor relativamente admirado del que está escribiendo su biografía y que fue amigo de los hermanos Bartomeu, que percibe la muerte de Matías como antesala de su propia muerte. Collado, Traian, los corruptos, corruptibles y ejecutores de la maraña de ilegalidades que jalonan los años del ladrillazo, el plato principal servido con guarnición de putas y cocaína, siempre indigesto.
