Algunas fotos de la reciente crecida del río Duero a su paso por Zamora.
Autor: David
Babel 17
Una serie de sabotajes amenazan la estabilidad de la Alianza. Todos tienen algo en común: antes, durante y después de los ataques, las fuerzas de seguridad interceptan mensajes incomprensibles, redactados en una especie de código que bautizan con el nombre de Babel-17. Todos los esfuerzos por descifrarlo son inútiles, así que recurren a Rydra Wong, una poetisa y lingüista famosa en varias galaxias, que enseguida descubre el error de base; y es que Babel-17 no es un código, sino todo un lenguaje.
Samuel R. Delany utiliza la figura de la poetisa (basada en su mujer, Marilyn Hacker) como punto de partida de esta reflexión sobre el lenguaje y su capacidad para alterar la percepción de la realidad.
Según la hipótesis esbozada en el libro, el lenguaje actúa no ya como un software que interpreta datos, sino como un sistema operativo en sí mismo que aprovecha los recursos mentales para analizar e interactuar con la realidad. Cuando la protagonista piensa en Babel-17, su “hardware” se acelera, sus recursos son aprovechados al máximo.
Este lenguaje necesita eliminar ciertas construcciones del lenguaje común para conseguir tal nivel de análisis de datos. Desaparecen, por lo tanto, los elementos subjetivos, la primera y la segunda persona, el tú y el yo, lo que provoca la eliminación de la empatía a favor de una mayor efectividad del pensamiento.
Es una idea muy potente que ha sido utilizada de distintos modos por posteriores autores de ciencia ficción, siempre adapatada a los intereses del argumento, como Ursula K. Leguin en “Los desposeídos“, donde desaparecen los posesivos (tuyo, suyo, mío) en el idioma de Anarres, una comuna anarquista. Otro ejemplo sería “La Historia de tu Vida” de Ted Chiang, en la que lleva la idea hasta el extremo de considerar al lenguaje capaz de remodelar incluso nuestra percepción del tiempo, del pasado y del futuro. Y, por supuesto, “Empotrados“, de Ian Watson, otra de esas maravillas de la ciencia ficción especulativa.
A diferencia de “La intersección de Einstein“, “Babel-17” (ganadora del premio Nébula en 1966 y finalista del Hugo) es un libro con una estructura menos experimental. Gracias a eso el mensaje es más claro, sin rastros de esa niebla formal que impregnaba al primero.
En definitiva, un ejemplo perfecto de los temas de la Nueva Ola, alejándose de los clichés de la ciencia ficción clásica y lanzando una mirada hacia el interior, en una obra más especulativa y más madura. Y, por supuesto, la muestra más clara del buen hacer de Delany.
No quiero dejar de mencionar una curiosidad del libro: Rydra Wong, que domina numerosas lenguas, en ocasiones prefiere pensar en vasco. A lo mejor algún día lo consigo yo también y soy capaz de dominar el ergativo…
Mother Fuckers
Como ya cantaban los chanantes, hay que decirlo más…
Una canción para el que se va.
Y es que llevaba tiempo buscando excusa para poner a Tim Minchin…:
Amos de títeres
Unos confusos informes sobre el avistamiento de un OVNI llegan al servicio de inteligencia del gobierno. Es el comienzo de una invasión programada para condenar a la especie humana a la esclavitud.
Medio siglo después de que H. G. Wells nos presentara la primera de las invasiones extraterrestres por parte de los marcianos, Heinlein elabora una historia más sutil de dominación por parte de alienígenas.
Escrita en 1951, Amos de Títeres es la raiz de la que luego surgiran otros títulos imprescindibles como Los Ladrones de Cuerpos (Jack Finney, 1955).
Heinlein escribe una historia clásica de aventuras, con acción trepidante, que se devora fácilmente. Está repleta de momentos de tensión que la dotan de un ritmo frenético.
Leida desde el siglo XXI puede parecer ingenua, un simple entretenimiento, un folletín, pero ubicada en su contexto representa muy bien la sociedad llena de miedo que comienza a fraguarse en la época de su escritura.
La referencia al comunismo es clara, llegando a compararlo con el efecto que producen las babosas extraterrestres en el ser humano infectado… vaya, se me ha escapado. Sí, los alienígenas son babosas que se te pegan a la espalda, lo que da pie al autor para crear situaciones hilarantes, como que el presidente de los Estados Unidos se vea obligado a crear una ley “nudista” para poder detectar a los infectados.
Una mención aparte merece el Patrón, el jefe del servicio secreto de inteligencia. Un verdadero cabrón que es capaz de sacrificar a sus agentes para conseguir sus objetivos (¿un amo de títeres que no tiene forma de babosa?). Este personaje abre la puerta a muchas reflexiones sobre el tema principal del libro: la alienación, la subordinación y la anulación de la personalidad.
Como me ocurrió con “La Tierra Permanece”, otro de los clásicos de esa década, me sorprende el grado de machismo y homofobia que impregnaba a parte de la producción literaria de esa época (supongo que así era la sociedad estadounidense pre-hippie). Es lo que hay, pero no deja de producirme sarpullidos; en este caso, además, la relación entre los dos protagonistas, del rollo: “chico conoce a chica, chico se enamora locamente de chica, chica se hace la dura, chico se desespera pero sigue luchando por ella, chica acaba cediendo y se convierte en sumisa esposa”, pues como que es demasiado parecido a lo que uno esperaría en una novela rosa y chirría un poco. De todos modos, esta historia paralela de conquista está bien integrada en la trama general.
“Amos de Títeres” es una novela que se disfruta enormemente y que deja varias lecturas; desde el mero entretenimiento, hasta el análisis social y político de la época. Heinlein hace, además, un esfuerzo por dotar de realismo la invasión, explicándonos desde el método de control del sujeto por parte de la babosa, hasta su reproducción. En definitiva, una muestra excelente del talento de este escritor clave de la edad de oro de la Ciencia Ficción estadounidense.
Título: Amos de Títeres
Autor: Robert A. Heinlein
Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 71.
1951 (edición 1982)
252 páginas
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