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Empotrados

Chris Sole es un investigador de los procesos del lenguaje en los seres humanos y que lleva a cabo un secreto experimento con niños, intentando que evolucionen un nuevo tipo de idioma «empotrado».

Pierre, un antropólogo francés, estudia a los indios Xemahoa en Brasil, que ven en peligro su entorno gracias al proyecto estadounidense de crear un inmenso mar interior en la selva. Los Xemahoa utilizan un hongo para alcanzar un estado de trance en el que su idioma se transforma en algo muy parecido a lo que Sole busca en sus experimentos.

Los Sp’htra, unos seres extraterrestres, llegan a la Tierra atraidos por las emisiones de radio y televisión. Son negociadores en la búsqueda de lenguajes que les permitan conocer las estructuras con las que los distintos seres del universo perciben su particular realidad; su intención es escapar de esta dimensión para encontrar lo que una vez tuvieron y que perdieron dolorosamente: la posibilidad de percibir otras realidades, un secreto que otros les dieron para luego arrebatárselo.

Con estas tres tramas, Ian Watson elabora un intrincado argumento sobre la base del lenguaje y las estructuras cerebrales como creadores de realidad. Un tema verdaderamente espinoso que incide en la gran pregunta filosófica de la percepción del mundo: si éste es un escenario objetivo en el que nos desenvolvemos o es una creación de nuestras mentes. Con un comienzo confuso, la novela va ganando en ritmo y claridad según pasan las páginas y las tres historias convergen en la idea principal del libro, aunque no deja de ser una lectura bastante compleja, de la mejor ciencia ficción especulativa.

En el libro se menciona un poema del escritor surrealista Raymond Roussel, «nuevas impresiones de áfrica«. Tanto el escritor como el poema son reales, y utiliza ese «empotramiento» del lenguaje al que se refiere esta novela de Watson. Sería interesante echarle un vistazo (bueno, leerlo entero ((si bien dicen que es casi imposible (((aunque ¿acaso hay imposibles?))) comprender (((si podemos hablar de «comprensión» en un texto surrealista ((((siendo surrealista, la comprensión no llega a la mente de manera racional, más bien a través de procesos «subyacentes» (((((por debajo de la superficie (((((( y entendiendo como superficie en este contexto a la mente consciente)))))) de nuestra mente))))) que suelen ser imperceptibles)))) como este texto))) en su totalidad dicho poema)), no simplemente pasar las hojas y arañar su contenido).

PD: En este enlace está el poema completo en francés.

 

Título: “Empotrados”

Autor: Ian Watson

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 22.

1973 (edición 1977)

181 páginas

El día de los trífidos

Una catástrofe a escala mundial acaba de suceder. Bill Masen se encuentra en un hospital, con los ojos vendados y ajeno al evento que cambiará su vida y la del resto del planeta para siempre. Al día siguiente, tras quitarse las vendas y comprobar que está completamente recuperado de su ceguera parcial, descubre que lo que le impidió admirar el espectáculo de la Tierra atravesando la cola de un cometa, es lo que le ha salvado de quedar ciego para siempre, como le ha pasado a prácticamente toda la población. Un desastre (¿natural?) del que se hubiera recuperado con esfuerzo la humanidad, si no fuera por el hecho de que una especie de planta recientemente descubierta y de incierto origen, los Trífidos, están aprovechando la ceguera global para intentar aniquilarnos.

Esta famosa novela, escrita en 1951 por John Wyndham, tiene el mérito de ser un punto de referencia en la ciencia ficción escrita en la segunda mitad del siglo XX. Aparece en el libro de David Pringle «Ciencia Ficción: Las 100 mejores novelas» y su influencia es patente en obras posteriores, tanto literarias como visuales.

El planteamiento inicial y la idea global del libro siguen causando impacto, incluso 60 años después de su creación, aunque el paso de los años ha hecho que su estilo pierda fuerza. No obstante, es de admirar la presencia de ideas que se desarrollarían décadas después en la ciencia ficción y en otros ámbitos, como el ecologismo, el peligro de la modificación genética de especies o la utilización de los peores aspectos de la guerra fría, llena de incertidumbres y de peligros sobrevolando nuestras cabezas. No falta el, quizás algo superficial, análisis del comportamiento humano en situaciones catastróficas, la división entre individuos que luchan por restaurar el sistema social previo y los que intentan reestructurar dicho sistema para adaptarlo a las nuevas condiciones. Es interesante también el tema de la igualdad de la mujer, pues incorpora un personaje principal femenino que podríamos considerar «»feminista» y algunas conversaciones que podrían verse, a ojos de un lector del siglo XXI como alegatos machistas, pero que, dada la época de su creación, más bien deberían percibirse como un primer paso hacia los conceptos de los movimientos de liberación de la mujer.

Por supuesto, otro de los grandes aciertos del autor, son los Trífidos, unas plantas carnívoras que podrían simbolizar el castigo a la arrogancia del ser humano al intentar modificar la naturaleza a su antojo y en su beneficio, aunque las circunstancias de su aparición no se aclaran totalmente en la novela.

Existen adaptaciones cinematográficas, televisivas e incluso en cómic de esta novela. Por todo ello, no de ja de ser recomendable su lectura.

Guerra Mundial Z

No fueron bombas nucleares, no fue el calentamiento global. Tampoco un cometa se estrelló contra nuestro planeta. No. Lo que casi acabó con nosotros fueron los muertos vivientes.

Max Brooks documenta en este libro, a través de entrevistas, el inicio, desarrollo y conclusión de la mayor catástrofe a la que se ha tenido que enfrentar la humanidad.

La cadena de testimonios comienza en China, en Chongqin, una ciudad de más de 30 millones de habitantes antes de la guerra y que ahora sólo cuenta con 50.000 almas. La catástrofe también comenzó en el pais asiático, donde se documentaron los primeros casos.

Desde esos días, cuando no estaba claro lo que sucedía, el libro recoge momentos clave en la historia de la confrontación entre los vivos y los muertos. Una batalla desigual, pues uno de los bandos causaba bajas en el contrario, mientras que el otro, por cada baja del rival, aumentaba sus filas.

Así, Max Brooks, sus entrevistados, repasan los momentos de angustia, las apabullantes derrotas, el terror de asistir a la decadencia definitiva de la humanidad y de su estilo de vida. El fracaso humano (des)encarnado en monstruos con el aspecto de familiares y vecinos, que lanzan mordiscos aun sin miembros, sin cuerpo, bajo el agua, o atrapados en el coche en el que intentaban huir. Y también el resurgimiento del ser humano vivo que, aliado con el gélido invierno, consigue controlar el armagedón.

Un estupendo libro, resumen imprescindible que aglutina lo más importante de la lucha de los vivos contra los muertos, de esa lucha que seguimos manteniendo entre la cordura y la más aberrante de las locuras.

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos

(…)Encontró la puerta del lavabo de hombres y, con la ayuda de Joe, lo abrió y desapareció en su interior.
Joe se quedó en el pasillo. Algo le pasa, pensó. Ver el viejo ascensor le había cambiado. Se preguntó por qué.
Al salió del lavabo.
«¿Qué pasa?» Dijo Joe, al ver su expresión.
«Échale un vistazo a esto,» dijo Al; Condujo a Joe al lavabo y le señaló la pared. «Graffiti,» dijo. «Ya sabes, palabras garabateadas. Como las que encuentras cuando vas al retrete. Leelas.»
Escrito con cera o tinta de bolígrafo rojo, se podía leer:

 

MÉTETE EN EL ORINAL Y  VOLTEA TU CUERPO.
YO ESTOY VIVO Y VOSOTROS ESTÁIS MUERTOS.

 

Así, con un graffiti en un cuarto de baño, los protagonistas de UBIK, conocían la verdad: ellos son los que están muertos. Se revelaba en lo más cotidiano, en un acto de lo más prosaico. Eso es lo que Philip K. Dick pensaba sobre la verdad acerca de nuestra realidad: el más mínimo detalle puede  contener la información clave, la pieza que da sentido a todo, lo que te hace despertar.

UBIK fue la primera novela de Philip K. Dick que lei, cuando era un adolescente. Pocas veces he quedado tan impresionado con un libro. Desde entonces, he leido todo lo que ha caido en mis manos de este autor, y nunca me ha decepcionado, incluso en sus libros «menores» siempre hay algo que me fascina.

La realidad supera a la ficción, se suele decir. En este caso, Philip K. Dick vivía su ficción como real, y lo real no era más que una ficción. Desde sus comienzos como trabajador en una tienda de discos, hasta la fama mundial, que llegó a vislumbrar antes de morir, pasando por sus numerosas relaciones, sus problemas con medicamentos y drogas y, por supuesto, su Epifanía, que le llegó con uno de esos acontecimientos insustanciales que esconden toda la verdad: pidió medicamentos a la farmacia y la chica que fue a entregárselos a su casa llevaba un colgante con forma de pez, símbolo de los primeros cristianos. Eso fue todo y suficiente. Desde ese día, en 1974, hasta su muerte, escribió más de 8.000 páginas (la famosa Exégesis) intentando explicar esa revelación, como un nuevo profeta.

Ha sido un placer leer este libro de Emmanuel Carrère sobre la vida y obra del escritor estadounidense. Una biografía novelada que logra transmitir el caos y la búsqueda de la verdad que obsesionaron a este visionario de la ciencia ficción.

Puerta al verano

Un brillante ingeniero es dueño, junto a su prometida y un buen amigo, de una empresa que comienza a despegar en el mercado. Es 1970 y Dan ve cómo nada de lo que le rodea es cierto. En un argumento típico de novela negra, su novia, secretaria del negocio, y su gran amigo Miles, consiguen expulsarlo de la sociedad, quedándose con las patentes y las ideas de Dan. Éste, desesperado, toma una decisión definitiva: el largo sueño. Quedará en hibernación (él y su gato Petronius) y será despertado 30 años después, cuando sus enemigos ya no puedan ejercer ninguna influencia sobre él. Pero Dan no contaba con que podría atravesar esa puerta en ambas direcciones y el estafado termina siendo el gran triunfador de la historia.

Heinlein, ganador de varios premios Hugo, afronta en esta novela el tema del viaje en el tiempo desde dos perspectivas, una viable en un futuro no muy lejano, y otra sumergida en los terrenos de la pura ciencia ficción. Viajar en el tiempo hacia el futuro es posible, bien congelando el cuerpo (opción que elige Heinlein en la forma del largo sueño), bien viajando a una velocidad cercana a la de la luz. Lo de viajar al pasado ya requiere que nos adentremos en una de esas imposibilidades de las que habla Michio Kaku, y que aparece aquí como un descubrimiento aislado por parte de uno de esos científicos geniales y ocultos.

Incluso sin saber que el autor fue ingeniero en la vida real, queda en el lector la firme sensación de que es un libro realmente escrito por uno de ellos, las páginas están salpicadas de referencias a ese mundo y el personaje parece pensar como tal.

El argumento, practicamente una novela negra (con ingeniero en vez de detective) está muy bien hilvanado; no entra sino levemente en el tema de las paradojas temporales, pues evita bucles incómodos para que toda la trama cuadre desde el principio hasta el final y todo en el libro queda perfectamente explicado: un buen trabajo de ingeniería literaria.

En definitiva, una novela muy recomendable de uno de los más aclamados escritores de ciencia ficción de todos los tiempos.

 

Título: “Puerta al Verano”

Autor: Robert A. Heinlein

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 100.

1957 (edición 1986)

189 páginas

Un caso de conciencia

En su búsqueda de planetas que sirvan como paradas en sus viajes estelares, la humanidad encuentra el planeta Litina, habitado por seres inteligentes de apariencia reptiliana. La expedición que se encarga de calificar la validez del planeta cuenta con un biólogo y sacerdote,  el padre Ruiz Sánchez, que durante su tiempo de estancia en el planeta aprende el idioma de los litinos y analiza su biología y su cultura; una sociedad sin Dios, regida por la razón. Esta situación, totalmente desconocida para el ser humano, crea en el biólogo un conflicto religioso que le lleva a una conclusión sorprendente.

Esta es la interesante premisa de esta novela, ganadora del premio Hugo de 1959 y escrita por James Blish, y que sería la primera parte de una serie de libros dedicados al conocimiento y sus aspectos religiosos (After such knowledge).

Pero esta idea inicial va tornándose, poco a poco, en algo mucho más prosaico y que no termina de convencerme. La confrontación religiosa en la mente del protagonista se dispersa en la novela, centrándose en otras situaciones que dejan de lado lo más interesante del planteamiento.

No obstante, no deja de ser un libro enigmático, que requiere un esfuerzo del lector para comprender la lucha interna que provoca la fe y el hecho de enfrentarla a la razón científica. Una de las claves reside en la lectura que el padre Ruiz Sánchez intenta desentrañar durante su expedición a Litina: el Finnegan’s Wake, de James Joyce, un libro en el que el autor juega con el propio lenguaje y con el que daba un paso más después de su famoso Ulises. Si el Ulises terminaba con un extenso monólogo en el que intentaba recrear la sucesión de ideas del personaje justo antes de dormir, en esta otra obra se sumerge en el mundo onírico sin sentido, lleno de juegos lingüísticos y que abandona el concepto de trama. Ruiz Sánchez se enfrenta a su propio conflicto interno como intenta enfrentarse a la comprensión del Finnegan’s Wake. En la segunda parte del libro, se diluye este conflicto y queda, en cierto modo, no resuelto.

 

Título: “Un Caso de Conciencia”

Autor: James Blish

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 17.

1958 (edición 1977)

205 páginas