American Gods

amgodsDespués de pasar 3 años en la cárcel, Sombra vuelve a ser libre; sin trabajo y sin esposa, acepta la oferta del trabajo del Sr. Wednesday. Desde ese momento, su vida consistirá en un viaje continuo por los Estados Unidos en el que encuentra una realidad oculta a los ojos de los seres humanos. Una guerra se prepara y los combatientes son los mismos dioses.

Esta novela consiguió los premios más importantes de la literatura fantástica y de ciencia ficción: Hugo, Nebula, Locus e incluso el Bram Stoker que premia obras del género del terror. Se convirtió, además, en un best-seller, con millones de copias vendidas.

Con una escritura fluida, que recuerda a los tochos de Stephen King, esta novela de Neil Gaiman es entretenida y nos arrastra por sus páginas con facilidad, al más puro estilo del maestro de Maine. Es difícil clasificarla en un género concreto dentro de la literatura de ficción: Fantasía, un toque de terror, y si estiramos los límites se podría incluir en la ciencia-ficción.

Una vez establecida la trama principal, con Sombra en la calle y habiendo aceptado el trabajo que le propone el misterioso Sr. Wednesday, Gaiman comienza el relato del viaje real e iniciático, plagado de personajes bizarros y situaciones que parecen un compendio de la cultura popular occidental, en su vertiente fantástica, por lo que la sensación de que aquí hay poco material nuevo que rascar se impone según avanza el libro.

En la versión publicada 10 años después de la primera edición, el escritor añade una breve reflexión titulada “¿Cómo te atreves?“, analizando el hecho de que un escritor inglés se decida a escribir “sobre Estados Unidos, sobre sus mitos y su alma“, respondiendo a esa pregunta que él mismo reconoce que nadie le ha hecho, pero que parece que le hubiera encantado que le hicieran para justificar estos cientos de páginas.

¿Cómo te atreves?, dice… ¿Por qué no te atreves?, le preguntaría yo. ¿Por qué  hablas de los mitos y el alma de Estados Unidos utilizando leyendas irlandesas, nórdicas y hasta egipcias, y no hablas de los dioses que SÍ están recibiendo sacrificios hoy en día? Al dios de los cristianos, al de los musulmanes y al de los judíos, a los que se les ofrece sangre, sufrimiento y tiempo. ¿Dónde están en tu libro? ¿Esos no son dioses americanos?

El propio autor admite que tenía prevista la aparición de Jesucristo en un breve pasaje que añade en esta edición del 10º aniversario de la publicación:

“He estado deseando narrar el encuentro de Sombra y Jesucristo prácticamente desde el principio del libro: después de todo, no podía hablar de Estados Unidos sin mencionar a Jesucristo. Forma parte del entramado de esta nación.”

Continúa diciendo que no quería mencionarlo de pasada: Es algo demasiado grande, así que lo quitó. La escena eliminada dura 2 páginas…

Fantasía: No hace falta justificar nada, así que no lo justifiques. A no ser que realmente el autor pretenda describir el “alma” de los Estados Unidos a través de este relato fantástico plagado de dioses hace tiempo olvidados (ahí es nada…).  Pero está claro que la intención sobrepasa al resultado.

De todos modos, incluso sin la autojustificación innecesaria e irritante que acompaña a esta edición, no creo que estemos ante ninguna obra maestra. Entretenido, pero no indispensable.

Los sinsabores del verdadero policía

sinsaboresAmalfitano, viudo de 50 años, profesor de literatura en la Universidad de Barcelona, se ve obligado a dejar su puesto por razones de moral; su amistad con Padilla y otros jóvenes poetas homosexuales no es bien vista por el rectorado. Por ello se ve obligado a trasladarse a Santa Teresa, en México, siguiendo una oferta de trabajo en esa universidad.

Tercera de las novelas editadas de manera póstuma del chileno Roberto Bolaño, planeada y elaborada durante décadas, Los sinsabores del verdadero policía es un puzle repleto de historias paralelas, escrito con ametralladora, descarnado y tierno a la vez.

Los personajes y acontecimientos reales se entremezclan con otros ficticios; la frontera entre lo imaginado y lo real no interesa y todo se entrelaza magistralmente en la prosa desenfrenada de Bolaño.

Es fácil enamorarse de estos personajes. Desde el ingenuo Amalfitano, hilo conductor de la novela, hasta el huracanado Padilla, que vive al límite exprimiendo su juventud y su talento. Incluso personajes secundarios, como los Carrera, una pareja que acoge al protagonista en su estancia en Barcelona, miembros de la burguesía catalana, incómodos pero comprensivos con Amalfitano, son retratados con generosidad.

Las breves historias que apuntalan este edificio, incluidas las reseñas de los libros del imaginario J. M. G. Arcimboldi, son como las pinceladas de un cuadro expresionista, bien visibles, bellas en sí mismas y que definen la esencia del cuadro.

La novela termina de manera abrupta. Lo que leemos es, según la nota editorial, lo que Bolaño tenía en sus archivos. Nos quedamos sin saber qué será de Padilla, atrapado por “el Dios de los homosexuales“, o el por qué de ese seguimiento a Amalfitano y su hija. Aún así, el viaje a Ítaca es suficiente y aprendemos, disfrutamos y temblamos durante el camino.

Grey Tickles, Black Pressure

gtbpJohn Grant vuelve del estudio con este Grey Tickles, Black Pressure bajo el brazo.

El tercer álbum de estudio del antiguo líder de The Czars es uno difícil de digerir en la primera escucha. Repleto de electrónica, es un disco más maduro y complejo que sus dos anteriores trabajos.

Al escuchar Disappointing como adelanto, creo que todos esperábamos una colección de canciones pop en un estilo más desenfadado y optimista; que el osito más atractivo (con permiso de Merrit, claro) de entre los cantautores de las últimas décadas ya había dejado atrás muchos de sus traumas. Pero John Grant nos presenta un ejercicio de cinismo que impregna todo en este trabajo, desde las letras a la instrumentación, pasando por esa portada imposible de chaleco de punto, pajarita, colores pastel y ojos brillantes.

El diseño interior contiene imágenes perturbadoras, que inmediatamente recuerdan al cariño por la sangre artificial de Wayne Coyne (que yo también comparto), y que ya aparecían en el video presentación del disco, acompañadas de parte de la canción que da título al disco:

Esas “cosquillas grises” son la traducción literal de la frase que utilizan los islandeses parar referirse a la crisis de los cuarenta, a la que acompaña de la “presión negra”, otra expresión, esta vez tomada del turco, para referirse a las pesadillas. Crisis de mediana edad, pesadillas. Más cerca de estas últimas que de la primera, nos encontramos con ese cinismo brutal que mencionaba:

“…y resulta que hay niños que tienen cáncer; así que se cancelan las apuestas, porque no puedo competir con eso. Tengo cosquillas grises y presión negra, y preferiría perder mi brazo en una trituradora de maiz, como el tío Paul, como el tío Paul.”

Una canción melódicamente muy potente, con unos arreglos para cuerda y coros celestiales que quitan el sentido. Es, sin duda, uno de los grandes momentos del álbum, repleto de melancolía, teñida de pasotismo e incomprensión ante el mundo.

Por eso, el salto a la siguiente canción, Snug Slacks (pantalones ajustados), con una electrónica y ambiente parecido a That’s the Good News (canción extra en la edición especial del Queen of Denmark), y un tono muy sexual, es un triple salto mortal con tirabuzón que descoloca al oyente. Una letra aparentemente superficial, cantada con desgana “queer”, las menciones a otros artistas, Joan as Police Woman, que es confundida con Joan Baez, G G Allen, aunque en realidad es G G Allin (lo sé de buena fe, que soy medio fan de ese malnacido bestia, aunque parezca mentira)… Todo hace que esta canción parezca una bofetada después del tema anterior.

En Guess How I Know y You and Him añade la distorsión al ritmo machacón del sintetizador, para presentar cuitas de amor, relaciones tormentosas con gente fría y superficial, a la que puede llegar a comparar con dictadores, pero que no anulan la posibilidad de un polvo… De nuevo el cinismo en estado puro, en dos canciones “destroyer”, en cuanto a sonido y a letra.

Y, de repente, parece que Spotify se ha colado y te ha puesto un disco de la Creedence cuando suenan los primeros acordes de  Down Here. En seguida aparece el Moog y la voz de barítono de Grant y nos reubicamos, entre críticas a las personas que quieren tenerlo todo controlado y no paran de hacer cosas, como si no hubiera un mañana. Las “cosquillas grises” actuando.

Voodoo Doll, primera muestra funky con coros “shoo-bi-doo” del disco. Magia negra invertida: “Te hice un muñeco de vudú, luego le dí un poco de sopa de pollo. ¿Sentiste el calorcito en tu interior? ¿Notaste cómo tu tristeza desaparecía y moría?”. Fuera la frivolidad, cariño en estado puro.

Global Warming y Magma, dos canciones épicas, con arreglos impresionantes, letras más crípticas, también amor, quizás el SIDA (“… y dice que es momento de llenar las venas de nuestro héroe con una vergüenza que es tan profunda que hace imposible que concilie el sueño”). La voz de Grant acaricia especialmente en este par de temas, que enlazan con la oscura y apocalíptica Black Blizzard, vuelta al sintetizador con unos loops magníficos e inquietantes.

Disappointing, una especie de “My Favourite Things” del amor, la canción más “comercial” del disco que retoma el funk y el “sho-bi-doo”. Y Grant, en esos tonos tan bajos, nombrando artistas y escritores rusos… para derretirse.

Acercándonos al final, No More Tangles, no más enredos, incide de nuevo en las relaciones complicadas, del tipo síndrome de Estocolmo y la lucha por salir de ellas; de ritmo sincopado, sintetizador ochentero, quizás no muy acertado, la verdad, pero el colchón de violines, los toques de metales y una notable melodía la salvan.

Sigourney Weaver en Queen of Denmark, Ernest Borgnine en Pale Green Ghosts y Geraldine Paige en este que nos ocupa ahora. Una de esas confesiones a sus actrices o actores admirados; en este caso la confesión de la crisis, después de pasar por terrenos escabrosos en la vida, del despertar a la más dura realidad y darse cuenta de que atravesar distintos traumas no es garantía de nada. No mires a la luz, Carol Anne, es una trampa.

Así termina la controlada montaña rusa que es este disco. ¿Por qué lo califico de ejercicio de cinismo? La pista definitiva, el texto que da comienzo, en distintos idiomas y a lo Steve Reich en la Intro, y final, en la voz de una inocente niña en la Outro, al álbum:

“Love is patient, love is kind. It does not envy, it does not boast, it is not proud. It does not dishonour others. It is not self seeking, it is not easily angered, it keeps no record of wrongs, love does not delight in evil, but rejoices with the truth. It always protects, always trust, always hopes, always perseveres. Love never fails.”

“El amor es paciente, es servicial. No envidia, no presume. No es orgulloso, no deshonra a otros, no busca su propio interés, no se indigna con facilidad, no recuerda lo malo, no se deleita con la maldad, sino que se regocija en la verdad. Siempre protege, siempre confía, siempre tiene esperanza, siempre persevera. El amor nunca decepciona.”

Primera Carta de San Pablo a los Corintios, Capítulo 13.

El capítulo 6 de esa misma carta dice así: “Ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los codiciosos, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.”

Por eso no creo que Grant utilice el texto de San Pablo en un sentido literal, como una blandengue oda al amor, sino más bien como una acusación a los clichés. Añadamos al cóctel las temáticas de las canciones, la portada kitsch-diabólica y la sangre de las imágenes del interior… Lo dicho, un disco difícil y arriesgado en todos los sentidos.

El Don

donRong Jinzhen es miembro de una larga familia con historia de la capital provincial C. Entre los hitos de la familia Rong está la creación de la universidad N, referente nacional en estudios matemáticos.

Nieto de la mujer más inteligente del clan, hijo de un asesino, Rong Jinzhen posee una capacidad innata para los números, una de esas mentes que sólo se ve una vez cada siglo. El destino hace que se dedique a la criptografía, un pozo tan profundo que es capaz de ahogar incluso al mayor de los genios.

El Don es la interesante primera novela del escritor chino Mai Jia. Durante las primeras páginas recorre la historia de la familia Rong, para desembocar rápidamente en el personaje principal: Rong Jinzhen, el patito, la Guadaña, cuyo nacimiento provocó la muerte de su madre, como ya ocurrió con el Asesino, su padre, que acabó con la vida de su abuela de idéntica manera.

Criado en la clandestinidad de un bosque de perales por un extranjero amigo de la familia, pronto se descubrirá su tendencia matemática. Su nuevo padre adoptivo lo atiborra a infusiones de pétalos de peral, lo que provoca que Rong Jinzhen sufra durante el resto de su vida de problemas estomacales.

Mai Jai utiliza anécdotas de este tipo para iluminar el relato, como códigos para descifrar la verdad en la complicada historia del protagonista. Se vale de fragmentos de entrevistas a personas que tuvieron contacto directo con Rong Jinzhen, como su tía, su jefe en la Unidad 701 de Criptografía, o su mujer.

Pero el criptógrafo permanece oculto, sólo entrevisto entre los acontecimientos que le rodean. En cada giro de acontecimientos, anunciados por el narrador-investigador, se aclara su perfil y se disipa, en parte, la niebla. Hasta el acontecimiento final, la prosaica tragedia que lleva a Rong Jinzhen a la demencia.

Un epílogo compuesto por notas del propio protagonista es el resumen perfecto de la investigación: un código que resiste cualquier intento de descifrado.