Variación 7

Primer cuadro de la tercera terna. Estos tres cuadros tienen tonos verdes o azulados y, además de la onda, algún elemento más en primer plano, 3 artefactos en la parte inferior izquierda en este caso. Los fondos contienen líneas verticales y horizontales. Aquí, además, hay manchas que remarcan algunos de los cruces entre estas líneas. Todo está pintado con pintura acrílica.

Transmissions From The Satellite Heart

transmissions
Con este disco de 1993, de magnífica portada, por cierto, Warner Records rentabilizó este extraño fichaje, porque consiguieron meter una de sus canciones, “She Don’t Use Jelly“, en las listas de éxitos estadounidenses y hacerse un pequeño hueco dentro del espectro de la música “independiente”. Incluso hicieron una aparición interpretando esa canción en una serie muy famosa… Beverly Hills 90210 (“Sensación de vivir”) (¡¿!?) Lástima que el video ya no esté disponible en YouTube (derechos de autor y esas cosas).

Este es un disco con momentos realmente brillantes, donde sigue la experimentación pero con una calidad realmente notable, como en la famosa “She Don’t Use Jelly“, que supongo que debe parte de su éxito, además de a una melodía bastante pegadiza y un riff contagioso, a una letra surrealista que puede llevar a pensar que están intentando transmitir un mensaje algo picantón: “Conozco a una chica que piensa en fantasmas. Te hará el desayuno, te hará tostadas. No usa mantequilla, no usa queso, no usa mermelada o cosas de esas. Ella usa vaselina. Vaselina.”

La perla del álbum, en mi opinión, es “Moth in the Incubator” (donde, por cierto, aparece la palabra “embryonic”), una canción llena de matices sonoros, punteos de guitarra, batería espectacular, en la que la voz de Wayne encaja a la perfección, y con una coda final que pone los pelos de punta. Es verdaderamente impresionante y una de esas canciones que yo valoraría como uno de los momentos más inspirados de toda su discografía. Aún más si tenemos en cuenta lo que viene después, “*******“, que en realidad es una versión de Plastic Jesus, una canción folk de los 50, bastante sarcástica, sobre supercherías religiosas: “No me importa si hace frío o llueve, mientras lleve a mi Jesús de plástico montado en el salpicadero del coche…”.

Y otra pequeña joya es “Be my head“, con esa letra encantadora: “Puedes ser mi cabeza, porque he destrozado ésta, ahora hay agujeros donde solía estar”, y un estribillo pop que no puede uno sacarse del cerebro después de escucharlo: “…Sé mi cabeza y yo seré la tuya”.

Turn It On“, la primera canción, también logró algo de notoriedad, bien merecida, y es una buena muestra de lo accesible que puede ser este disco a un público no acostumbrado a este tipo de música, a pesar de los ruidos, la experimentación, las guitarras chillonas y la peculiar voz de Wayne Coyne. Así, no se puede hablar de un disco Pop, aunque llegaran a las listas de éxitos, pero empieza a verse un potencial enorme para crear melodías de ese estilo (sin perder de vista su afán experimentador). Y es que una de las mejores cosas que pudo ocurrirle a este grupo fue la incorporación, que se produce en este año, de Steven Drozd, que forma parte de la plantilla desde entonces y que se convirtió en imprescindible para el sonido del grupo como compositor. También se incorpora el guitarrista Ronald Jones.

She Don’t Use Jelly:


Moth In The Incubator:


Be My Head:


Y una versión de “Be My Head” de Ema and the ghosts, para demostrar que es una canción con mucho potencial…

Variación 6

Fondo en dos tonos del mismo color, líneas horizontales blancas, difuminadas en algunas zonas, como en las dos variaciones anteriores. El canon presente en la pieza musical se representa aquí con un desdoble de la línea. La distancia entre la onda y su doble se irá agrandando en sucesivos cánones, conforme vaya ampliándose la distancia entre los tonos de las dos voces en la obra musical.

Hit To Death In The Future Head

Hoy sale a la venta el nuevo disco de The Flaming Lips, Embryonic. Ya puede escucharse en varias páginas, pero no voy a comentarlo hasta que no me llegue la edición deluxe (forradita en pelo…) que pedí hace ya casi un mes, cuando pueda escucharlo como se merece. Mientras tanto, sigo con la serie de entradas dedicada a los discos anteriores del grupo mientras me recupero del gripazo del siglo, que no sé si será “A”, pero que me está jodiendo vivo…

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hit

Editado en 1992, Hit To Death In The Future Head es el primer disco que grabaron en Warner Records, compañía en la que han editado todas sus obras desde entonces y que, afortunadamente, les ha dejado hacer y deshacer a su antojo, como se verá en los próximos años con propuestas que son difíciles de digerir para una gran compañía como esta.
Dave Fridmann vuelve a hacerse cargo de parte de la producción, depurando cada vez más el sonido caótico pleno de efectos del grupo.

Quizás sea uno de los discos menos valorados del grupo, sobre todo después del éxito que tendría el siguiente álbum y que sería el que los lanzara a la fama, al menos en Estados Unidos. No obstante, no hay que olvidar que este disco dio nombre a otra banda post-punk británica, The Futureheads.

No es esta la única anécdota de este álbum. Es el primero del grupo en llevar la etiqueta “Parental advisory, Explicit Lyrics”, no sé si por la presencia de algún “fuck” que otro, o por las referencias religiosas (ubicuas en este grupo). Por otro lado, en los créditos de You have to be joking (Authopsy of the devil’s brain) tuvieron que añadir a Michael Kamen como co-autor por su uso de un sampler de la banda sonora (maravillosa, por cierto) de Brazil, la película de Terry Gilliam.
Además, como era usual por esa época, no podía faltar un tema oculto en el cd, en este caso un loop de ruido de casi 30 minutos (3 ruidos en concreto, similares al final de The Magician Vs. the Headache, repitiéndose hasta la saciedad).

El disco comienza de manera potente con lo que fue el primer single, Talkin’ ’bout the Smiling Deathporn Immortality Blues (Everyone Wants To Live Forever), una canción muy pegadiza pero que tiene un elemento muy extraño: una desconcertante voz gutural haciendo los coros. El disco va evolucionando entre elementos neopsicodélicos, con toques beatles, utilización (bastante inteligente) de samplers, y, por supuesto, guitarras ruidosas. Canciones como The sun (se hace raro ver un título tan conciso y breve entre otros tan “barrocos” e imaginativos) o Hold Your Head podrían encajar perfectamente en un disco de la época del brit pop en su vertiente psicodélica, tipo Kula Shaker.

Para mí destaca la antes mencionada You have to be joking (Authopsy of the Devil’s Brain), una preciosa canción sobre la religión y los males que azotan al mundo: “Stood here in the morning/Got no science to explain/Seems to me that God and the devil/Are both the same” (Estaba aquí por la mañana/No tengo ninguna ciencia que pueda explicarlo/Me da la sensación de que Dios y el diablo/son la misma cosa).

Respecto a la portada, creo que se comenta sola. No me parece que quiera significar nada en concreto, simplemente una bizarrada, un aviso de que lo que vas a encontrar dentro va a resultarte, como poco, extraño.

From Hell

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El escritor Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell presentan en esta novela gráfica una disección de la sociedad victoriana del Londres de finales del siglo XIX. La acción transcurre en el otoño de 1888, cuando Jack el Destripador cometió sus asesinatos: cinco prostitutas del barrio de Whitechapel fueron sus víctimas. Nunca se pudo capturar al culpable, ni siquiera conocer la identidad del primer asesino en serie reconocido de la historia. Desde entonces, una lista interminable de posibles sospechosos ha hecho de estos crímenes uno de los misterios más investigados en la historia reciente.

En From Hell, Alan Moore, se basa principalmente en las teorías de Stephen Knight, publicadas en JTR: The Final Solution. Según Knight, los asesinatos tendrían un motivo muy concreto: silenciar un escándalo que implicaba a la corona inglesa que una de las prostitutas, Mary Jane Kelly, la última en ser descuartizada, conocía de primera mano. Esta hipótesis presenta a Sir William Gull, cirujano de la reina, como sospechoso más plausible, por varios motivos: sus conocimientos en cirugía, su relación con la corona y su pertenencia al movimiento Francmasónico.

Tomando todo esto como base, y cientos de referencias reales de la época (como puede verse en el extensísimo apéndice), Moore y Campbell construyen una historia en la que todo detalle cuenta. Moore insiste que no es en sí una investigación, que parte de los hechos narrados, aún teniendo base real y documentada, son especulaciones e invenciones. No se limita al acontecimiento descarnado; investiga en la posible psicología de los protagonistas, no sólo como estrategia narrativa ineludible, sino como una especie de “investigación” basada en la ficción, hipotética pero posible. El segundo apéndice, ilustrado, “los cazadores de gaviotas” (Gull, gaviota en inglés y Gull catcher, que significa impostor), hace un breve repaso de las innumerables teorías que han surgido durante más de 100 años, algunas simplemente ridículas, otras más creíbles, para llegar a la conclusión de que lo importante del caso es precisamente toda esta ristra de especulaciones, que dicen mucho acerca de la condición humana, de su psicología, mucho más que los propios asesinatos.

El resultado final es una excelente historia, tremendamente bien hilada por Moore, genialmente ilustrada por Campbell, que, simplemente, sobrecoge. La recreación de las condiciones de vida de las prostitutas de Whitechapel es impactante. Una mirada directa a la marginalidad, la exclusión social, la miseria. Una vida a tres peniques el polvo, con los que comprar media pinta de cerveza y alquilar una cama en alguna pensión de mala muerte (una cama o un sitio donde dormir sentadas, sujetas por una cuerda de tender que, por la mañana, el dueño del local retiraba para despertarlas) en unas calles oscuras y tétricas. Y, muy importante para la historia, la arquitectura del Londres oculto, de los obeliscos, de las iglesias de Hawksmoore, relacionado con conocimientos ocultos, arquitecto dionisíaco, y que Campbell recrea fielmente.
Sin olvidar la inclusión no confirmada pero posible, de escenas con personajes influyentes de la época, como Oscar Wilde o el mismísmo John Merrick, el “hombre elefante“.

Una lectura no sólo recomendable, sino casi obligada para los amantes del cómic y de las buenas historias.