Nigel, un astronauta seleccionado para realizar una peligrosa misión que salvará al planeta de un choque con un asteroide, realiza el mayor descubrimiento de la historia del ser humano. La gran pregunta ya tiene respuesta: no estamos solos.
Un tema clásico en la ciencia ficción sirve como punto de partida para la primera novela del Ciclo del Centro Galáctico, que consta de otros 5 libros. Gregory Benford, astrofísico norteamericano, es uno de los autores más reconocidos dentro del género.
La propuesta inicial evoluciona poco durante la obra, coqueteando con la idea de «la teoría de los antiguos astronautas» (quien frecuente el canal Historia tendrá bien presente la dichosa frase…), es decir, presencia alienígena desde mucho antes de la aparición del ser humano, un argumento que ya sugirió Arthur C. Clarke en su famoso «El Centinela».
Benford viste este esqueleto de una manera no muy convincente, con extremos un tanto absurdos, como la aparición en escena del mitológico Bigfoot, o el extraño trío estable del protagonista con dos mujeres (puede ser visto como un guiño hippie, pero queda rarísimo y poco creíble). Sólo Nigel está bien delimitado, mientras que el resto de personajes son meros acompañantes que se quedan en pinceladas más o menos toscas.
A pesar de todo, es un libro que se puede disfrutar. Ciencia ficción dura, al más puro estilo NASA, y que no defrauda: ofrece lo que promete.
A riesgo de ponerme pesado, un obligado elogio al primer disco en solitario de John Grant, Queen of Denmark.
La historia de este disco la ha contado en numerosas ocasiones el propio autor: después de varios discos como líder de The Czars, decide dejar la música entrando en un periodo de autodestrucción que a punto estuvo de terminar con su carrera. Es cuando el grupo Midlake le ofrece la oportunidad de utilizar su estudio para grabar un disco en solitario. De esa colaboración surge Queen of Denmark.
Un disco tremendamente personal, sincero y mágico en el que Grant intenta lidiar con sus traumas. Él mismo comenta que, al alcanzar los 40, se dio cuenta de que había tardado 20 años en digerir todo lo que le había pasado durante las dos primeras décadas de su vida. Hablamos, pues, de problemas arraigados, consecuencia de crecer bajo un entorno opresor, principalmente con su sexualidad. Y esto me gusta de Grant; parece que, al conseguir el reconocimiento de ciertos derechos en algunas partes del mundo, hablar de lo jodido que es, todavía, ser gay, es algo pasado de moda, propio de victimistas. ¿Eres Gay? Entonces haz honor a tu nombre y háblame de cosas divertidas y de lo bien que te lo montas, si puede ser con mucha pluma y ritmo machacón de pista de baile… no, no y mil veces no. Actitudes como la de Grant son esenciales. Hay que hablar de ello, como él hace. ¡Y de qué manera!
Nos encontramos ante la delicadeza hecha música pop. Ninguna novedad formal, nada revolucionario. Sólo un tipo que reflexiona como mejor puede sobre lo malo y lo bueno que le rodea. Una colección de canciones pop repletas de ironía, deseos incumplidos, y, por supuesto, mucha belleza.
Sólo hay que escuchar la primera canción del disco, TC & Honeybear, para rendirse a sus pies. Un sueño para aceptar una ruptura, comprenderla a través de la fantasía, llorar como un hombre… Y colocar al ser querido en ese sitio donde van a morir los sueños.
I Wanna Go to Marz y Where Dreams Go to Die dan continuidad con un toque melancólico, que comienza a romper con Sigourney Weaver (aviso: sintetizadores molones), llegando a una especie de interludio en el disco con un par de temas divertidos, Chicken Bones (excelente video, por cierto) y Silver Platter Club, preludio setentero de la preciosa It’s Easier.
Outer Space, que puede recordar ligeramente a Elton John, pero que no es Elton John, precediendo a JC Hates Faggots, literalmente, Jesucristo odia a los maricones:
«Jesucristo odia a los maricones, te lo dijimos cuando eras joven. Y puede odiar lo que tú quieras que odie, como a los negros, los hispanos, a los judios o a los pieles rojas, o a los hombres que no pueden amaestrar a sus mujeres, los cobardes, los débiles o las bolleras».
Sarcasmo e inteligencia contra la peligrosa ignorancia de los payasos fundamentalistas.
Caramel, una muy digna canción de amor y Leopard & Lamb, un «tira p’alante y no mires atrás», con más mala leche que where dreams go to die, épica y melancólica a la vez.
John nos despide con la canción que da nombre al disco, Queen of Denmark, una canción hacia afuera cantada hacia adentro. Es difícil explicar la sensación que transmite, pero es un tema realmente poderoso:
«Quería cambiar el mundo, y ni siquiera podía cambiarme de calzoncillos. Y cuando todo se me fue de las manos, la mierda ya me llegaba al flequillo, que sigue retrocediendo como mi autoestima… como si la hubiera tenido alguna vez»
Hay discos que uno nunca olvida, que forman parte de tu vida y que sabes que nunca te abandonarán. En mi caso, este será uno de ellos.De nuevo: muchas gracias, John.