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Los amos del tiempo

Mientras el ser humano daba sus primeros pasos por el camino de la inteligencia, una nave interestelar sufre un grave accidente, aniquilando a casi toda la tripulación y dejando a su suerte a unos cuantos supervivientes, que caen en este planeta casi salvaje con sólo unos indicios de civilización.

La influencia de seres extraterrestres en la evolución humana es un tema que la ciencia ficción ha tratado en bastantes ocasiones (sin ir más lejos, Arthur C. Clarke en «2001». Aquí no podemos hablar de algo que «guía» nuestro proceso, sino más bien de la consecuencia accidental de un contacto con seres de inteligencia y características superiores. Y no añado más, porque es mejor ir descubriendo, capítulo a capítulo, las implicaciones de este contacto.

Una interesante historia del escritor-fan Wilson Tucker, que narra con estilo de novela negra (incluyendo detectives y asesinatos) y con la suficiente maestría como para conseguir la intriga necesaria en este tipo de relatos. Merece la pena acercarse a esta breve novela del autor de «El año del sol tranquilo».

 

Título: “Los Amos del Tiempo”

Autor: Wilson Tucker

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 31.

1953 (edición 1978)

157 páginas

Los tres estigmas de Palmer Eldritch


De nuevo Philip K. Dick. Y de nuevo otra impresionante novela de este genio alterado de la ciencia ficción.
Tras un viaje a Próxima Centauri de una década de duración, Palmer Eldritch regresa al sistema solar con un nuevo producto que podría sustituir a la «Can-D», una droga «ilegal» que consumen los colonos que han sido forzados a abandonar la Tierra; una sustancia que les ayuda a soportar las duras condiciones en las que viven, y que utilizan junto a los equipos «Perky Pat», unos juguetes que actúan como catalizador de las visiones y sensaciones que provoca la droga. Una de las características de esa sustancia es que consigue la «comunión» de varias mentes, que habitan la alucinación en un mismo cuerpo.
También aparece una de las ideas más surrealistas que ha parido la mente de este escritor: el dj, que orbita los planetas y satélites donde están los colonos anunciando los productos Perky Pat; una idea que desarrollaría completamente en Dr. Monedasangrienta, ahora como una figura mesiánica portadora de esperanza.

En la contraportada leemos lo siguiente:

«Philip K. Dick (…) reincide una vez más en su tema favorito: la creación de un universo ficticio por parte de los que mandan, como medio para perpetuar la represión.»

No sé si «represión» es la palabra correcta tratándose de Dick; quizás sería más adecuado «control». En la novela existe un entramado de intereses económicos que permiten la distribución de una droga alucinógena que mantiene vivas las esperanzas de los colonizadores en los distintos emplazamientos del sistema solar. Esa droga genera la ilusión de estar de nuevo en la Tierrra, habitando un cuerpo perfecto en un entorno perfecto. Curioso, porque tampoco en la Tierra encontramos ese entorno, debido al calentamiento de la superficie que obliga a los ciudadanos a habitar en edificios refrigerados, con el peligro de morir abrasados si permanecen en el exterior sin protección. Así, nos encontramos una existencia que es, con y sin droga, alienada y degenerada.

En este contexto, Dick plantea sus temas recurrentes: drogas, religión (culpa y expiación), política, y distintas realidades conviviendo en un mismo espacio y tiempo. Como siempre, nos hace cuestionar la naturaleza de la realidad y los medios que poseemos para explorarla y orientarnos sin caer en la esquizofrenia y la locura (o aceptándolas como parte del entramado de lo real).

 

Título: “Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch”

Autor: Philip K. Dick

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 43.

1964 (edición 1979)

191 páginas

Los hijos de nuestros hijos

los hijos de nuestros hijos

En esta pequeña novela, el autor no es el Clifford D. Simak que se puede encontrar en «Ciudad» o «Estación de Tránsito«. La diferencia de calidad e intensidad entre esas obras maestras de la ciencia ficción y esta novela es enorme.

Los elementos principales de la historia son expuestos en el primer párrafo: Una tarde de verano, se abre una puerta en medio del campo y comienzan a salir personas, miles de ellas. Son «los hijos de nuestros hijos», habitantes del futuro que se ven obligados a escapar de su época debido a una invasión extraterrestre contra la que no pueden hacer nada. Una vez aquí, los gobiernos terrestres tienen que hacer frente a los problemas que surgen debido a esta repentina aparición de millones de seres humanos.

Durante toda la novela, la trama no llega a variar mucho de esta premisa inicial, e incluso los elementos de sorpresa son predecibles y están poco desarrollados. El argumento es una buena idea, pero no llega mucho más allá.

No diré que no merece la pena acercarse a este librito (son 154 páginas), porque, después de todo, es Clifford D. Simak, y la idea es bastante atrayente, pero no llega a cuajar lo suficiente para conmover al lector, algo que en otras novelas consigue con maestría, aunque no es mala elección si se quiere simplemente pasar un buen rato con una historia de ciencia ficción y viajes en el tiempo.

Título: «Los hijos de nuestros hijos»

Autor: Clifford D. Simak

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 1.

1974 (edición 1975)

155 páginas

Mundo Anillo

Una asignatura pendiente para cualquier aficionado a la ciencia ficción, era leer este clásico de Larry Niven, «Mundo Anillo». Editada en 1970, y ganadora de los premios Hugo, Nebula y Locus de 1971, es un buen ejemplo de la llamada «ciencia ficción dura», repleta de referencias científicas que arropan la trama principal y explican el entorno en el que se mueven los personajes.

En «Mundo Anillo», Niven nos sitúa en ese espacio narrativo que ambienta muchas de sus novelas, el «espacio conocido», en el que conviven humanos y varias especies extraterrestres, como los Kzinti o los Titerotes. La acción se sitúa en el año 2850, cuando un Titerote recluta a dos humanos y un Kzinti para explorar un sistema solar bastante peculiar detectado a 200 años luz de la Tierra. Se trata de un mundo sin planetas, en el que un anillo artificial rodea la estrella central. Niven nos describe con todo detalle la fisionomía del anillo, con una anchura de más de millón y medio de kilómetros, un radio de 150 millones de kilómetros y con una superficie habitable, la del interior de la estructura, millones de veces superior a la de un planeta como la Tierra. Todo ello sobre una base de un material con unas características especiales que le permita soportar las tensiones que produciría semejante estructura. Una idea similar a la famosa Esfera de Dyson .

El ingenio gira para proporcionar una fuerza centrífuga que actúa como la gravedad, y está provisto de vastos muros exteriores para retener la atmósfera y evitar que ésta salga despedida al espacio. Para poder simular la noche, existe un anillo interior de enormes placas que rotan en sentido contrario, dando sombra periódicamente a toda la superficie de tan extraño mundo.

Los protagonistas logran aterrizar después de sufrir un percance con su nave y encuentran un mundo degradado, repleto de ruinas de una civilización avanzada y poblado por lo que parecen ser seres humanos (una incógnita que el libro no despeja pero que parece ser que se aclara en posteriores entregas de la serie). Tras recorrer una ínfima parte del anillo, consiguen comprender qué ocurrió con esa civilización y las causas de su declive.

«Mundo Anillo» es un libro adictivo. La sola idea de un mundo de tan extraña estructura ya evoca imágenes impactantes en el lector. Imaginar cómo el sol se oculta por una gigantesca placa, permitiendo visualizar el resto del anillo como un enorme arco que cruza el cielo de una a otra punta, el horizonte inexistente, lejano y que se confunde con el cielo, la inmensidad de las distancias, océanos tan extensos como toda la superficie terrestre, bahías tan grandes como nuestros océanos, montañas de miles de kilómetros de altura,… Todo eso añadido a las peculiaridades de las especies extraterrestres, los Kzinti, como demonios anaranjados y salvajes, los Titerotes, con sus dos cabezas y labios que pueden realizar la función de manos, los vástagos de las estrellas… Y, por supuesto, los artilugios descritos, los motores, los campos «de diseño esclavista», los Tasp, etc, etc…

A un lector poco acostumbrado a la ciencia ficción dura puede resultarle tedioso, pero es imprescindible acercarse a esta novela para hacerse una idea de este tipo de literatura. Son algo más de 300 páginas y, al menos, asegura momentos de verdadero disfrute, sobre todo al lector que guste imaginar mundos imposibles y escenarios exóticos. Es un buen ejercicio de imaginación y de lectura bastante agradable. Todo un clásico.

El Mundo Anillo, como curiosidad, es inestable. Una estructura así no podría durar mucho, porque acabaría chocando contra la estrella central. Aquí se puede encontrar una explicación física bastante exhaustiva y comprensible de este hecho. Niven, después de recibir cientos de cartas de fans que le reprochaban este fallo, decidió solucionarlo como la Física manda y así lo hizo en la siguiente entrega de la serie ambientada en este mundo, Ingenieros de Mundo Anillo. No fue el único fallo científico del libro, como el hecho de que en la primera edición, el protagonista humano, Louis Wu, se teletransporta hacia el Este para prolongar el día de su cumpleaños, cuando debería hacer lo contrario, teletransportarse hacia el Oeste. Ese error se corrigió en posteriores reediciones.

 

Título: “Mundo Anillo”

Autor: Larry Niven

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 15.

1970 (edición 1976)

339 páginas