Libros 2014 – Periodo de barbecho

     Un año algo escaso en lecturas, pero que tomaremos como un periodo de barbecho, para retomar el hábito con más fuerza.

Año de luces nuevas y brillos antiguos, de poca actividad «extraescolar» pero productivo en cierto modo.

cumulus

 

EINSTEIN – El espacio es una cuestión de tiempo (RBA – Grandes Ideas de la ciencia) David Blanco Laserna.

Breve relato biográfico del gran físico del siglo XX intercalado con retazos de su obra científica. Un poco incómodo el diseño del libro, con ventanas de información colocadas un poco al azar. Aún así, bueno para acercarse a los más importante de su obra, las teorías especial y general de la relatividad, y aspectos de su vida como su participación den la creación de la bomba atómica y su posterior posicionamiento como un destacado pacifista.

 

NEWTON – La fuerza más atractiva del Universo (RBA – Grandes Ideas de la ciencia) Antonio J. Durán Guardeño.

Como es la tónica en esta colección, una especie de biografía con toques científicos que lanzan una idea general de las distintas aportaciones del personaje a la ciencia, que, en este caso, son numerosas: gravedad, óptica, cálculo infinitesimal… Mención especial, por supuesto, para el famosísimo conflicto con Leibniz por la invención del cálculo. Una oportunidad para conocer a este genio, incluyendo su interés por la teología y la alquimia.

 

Los Viajes de Tuf – George R. R. Martin

El Arte de Volar – Antonio Altarriba; Kim

La Penúltima Verdad – Philip K. Dick

El Cetro del Azar – Gilles d’Argyre

Los Cerebros Plateados – Fritz Leiber

 

No son muchos, porque el trabajo aprieta… Pero bueno, que caiga la lluvia sobre el hombre del año pasado:

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Los Cerebros Plateados

cp     Los escritores se rebelan: quieren volver a escribir. La ficción se ha vuelto automática; máquinas redactoras se encargan de elaborar las más diversas historias y los humanos «autores» han sido relegados a un papel meramente ornamental, disfrazados como antiguos autores de renombre, únicamente revisan el trabajo de las redactoras. Si quieren volver a ser protagonistas de la creación literaria, no queda otro remedio: hay que destruirlas. Pero el oficio de escritor no es fácil y sólo frases inconexas surgen de sus perezosas cabezas. La editorial Rocket House tiene un as en la manga, una medida desesperada: los cerebros plateados.

Redactada e imaginada como una broma sobre el mundo editorial, «Los cerebros plateados» no deja el agradable sabor del buen sarcasmo. Demasiado confusa, sin un personaje realmente sólido, ni tan siquiera el metálico robot Zane. Absurdos personajes son obligados a transitar por una trama de aparente complejidad que estructura la sátira.

Durante toda la lectura, uno tiene la sensación de estar reviviendo un episodio de Futurama, pero sin Bender… Mejor dicho: parece una comedia romántica con Calculón como protagonista de voz engolada, de esas que hacían las delicias del robot gamberro de Groening.

Una obra menor que no termina de cumplir las expectativas iniciales, entretenida a ratos, pero poco convincente que, además, no ha soportado nada bien el paso del tiempo.

 

Título: “Los cerebros plateados”

Autor: Fritz Leiber

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 8.

1961 (edición 1976)

190 páginas

El Cetro del Azar

03Ingmar Langdon se ve forzado a dejar su vida tranquila entre su colección de libros por culpa de un sorteo. Las máquinas del azar lo han elegido entre más de 100 millones de personas para ser el nuevo gobernador de la humanidad y todos sus planetas. Él es el nuevo estocastócrata, muy a su pesar.

 

Con esta interesante premisa, d’Argyre (Gerard Klein) comienza esta pequeña novela escrita casi del tirón en 11 días. Klein describe minuciosamente este curioso método de gobierno al principio de la novela:

La estocastocracia era la culminación lógica de los métodos de gobierno tímidamente experimentados en las postrimerías del S XX, puestos a punto en el transcurso del XXI e implantados definitivamente durante el XXII, en detrimento de todos los demás. A mediados del S XX subsistían unos regímenes democráticos en los que se solicitaba a cada cual que expresara una opinión con respecto a una plítica a observar, pero ya empezaban a perfeccionarse unos sistemas de sondeo que permitían prever en principio la actitud de una gran masa humana frente a un problema determinado, o también su postura ante la elección de algún dirigente. Pront estos métodos alcanzaron tal nivel de perfección que llegaron a permitir la predicción infalible del resultado de las consultas populares, haciendo que estas se redujeran a un simple formulismo (…) El porcentaje de abstenciones creció de modo alarmante. Cundió sobre ello cierta inquietud en un principio y trataron de ponerle remedio, pero se acabó por admitir que el hecho obedecía a la naturaleza de las cosas. Resultaba mucho más fácil consultar a un contingente juiciosamente elegido y compuesto de una decena de miles de personas, antes que obligar a la votación a varios centenares de millones de indolentes adultos.

 

(…)Las consultas populares desaparecieron pura y simplemente y, sin que nadie lo advirtiera apenas, fueron reemplazados por los sondeos. Esta fue la época conocida en la historia bajo la denominación de Era de los Encuestadores.

 

(…)Los métodos de sondeo fueron elevados a tal nivel de perfección, que se pudo confiar casi todo aquel cometido a la cibernética.

 

(…)Pronto se demostró que no era necesario recurrir al muestreo para decidir la elección de los hombres llamados a presidir los destinos del planeta.

 

(…)los candidatos acabaron por escasear y pronto se vio bien claro que los pocos que se presentaban obedecían menos al interés general que al afán de poder. El último grupo representativo consultado decidió que era preferible confiarse totalmente al azar, y que el sorteo era tanto o más adecuado que la polémica para elegir a un hombre justo e íntegro. Bastaba con eliminar previamente del sorteo a los intelectualmente deficientes o cuyo carácter evidenciase rasgos peligrosos. Las máquinas cuidaban de esta selección. Como el nivel intelectual de la humanidad se había elevado considerablemente gracias a la generalización del ocio y al perfeccionamiento de los medios educativos y culturales, el procentaje de individuos inelegibles para ejercer el gobierno, sin llegar a ser desdeñable, acabó siendo muy escaso. La estocastocracia entró en la historia.

Una vez explicada la idea que articula y contextualiza la historia, Klein la va sazonando con intrigas palaciegas, una incursión al mundo-cárcel de los proscritos y la aparición de una especie extraterrestre muy avanzada moral y tecnológicamente.

Un libro que tiene todos los elementos de la Ciencia Ficción «Hard» y política, pero que se desinfla con un final más que discutible, digno de un culebrón de la hora de la siesta.

 

Título: “El cetro del azar”

Autor: Gilles d’Argyre (Gerard Klein)

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 3.

1974 (edición 1976)

144 páginas

Ksub12

Ksub12

K12 ; Rotuladores y lápices de colores sobre papel de acuarela. Divertimento.

La penúltima verdad

02Atrapada en zulos bajo tierra, la humanidad espera a que la guerra termine y las condiciones ambientales sean favorables; la radiación y los agentes químicos infectan la superficie, repleta de robots que continúan la lucha comandados por los altos cargos que resisten en búnkeres en la superficie… Esta es la penúltima verdad: la tierra ya casi está descontaminada y unos cuantos seres humanos se reparten la superficie en grandes latifundios donde ubican sus lujosas mansiones y cuyo único trabajo es perpetuar la mentira y mantener a sus congéneres dentro de sus jaulas subterráneas mediante el mayor engaño mediático de la historia.

 

Este es uno de los libros más asequibles de Philip K. Dick; planteamiento sencillo y rotundo, prolongación de las sombras de la guerra fría y la propaganda. El reflejo de las teorías de la conspiración se magnifica en esta trama en la que el desastre nuclear es la excusa perfecta para que la casta termine por dominar el planeta y los destinos de millones de personas, atrapadas e ignorantes.

Los medios de comunicación son las verdaderas armas; Dick intuye, ya en los años 60, que el poder viene envuelto en efectos especiales y presentadores carismáticos, simulacros creados para el engaño. Y, como una constante en toda la obra del autor, la única solución es despertar y entrar en esos mundos paralelos en los que se esconde la verdadera realidad. Son esas transiciones sin anestesia entre las distintas capas las que hacen de sus libros algo difícil de definir: extrañeza, sorpresa, alienación. Más aún al comprobar que la propia realidad del lector se ilumina de vez en cuando con destellos de percepción similares.

Dick, después de todo, escribía sobre la búsqueda de la verdad, algo que se transparenta claramente en esta novela.

Título: “La penúltima verdad”

Autor: Philip K. Dick

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 2.

1964 (edición 1976)

219 páginas

Antiguas tácticas

nusodecaeles2014_3

Nusodecaeles 2014_3; Tamaño A4, rotulador, acrílico, sanguina y cinta de carrocero

Recordando algunas estrategias, restricciones autoimpuestas que surgieron en mis dibujos a finales del siglo XX.