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Física de lo imposible

El físico y famoso divulgador Michio Kaku, presenta en este libro una serie de hechos, analizando su grado de «imposibilidad»: desde la invisibilidad a las máquinas de movimientos perpetuo, pasando por el viaje en el tiempo, el desplazamiento a velocidad superior a la de la luz, la psicoquinesia o el teletransporte.

Divide así estos hechos en Imposibilidades de Clase I (no violan ninguna ley física y podrían conseguirse en unas décadas, aunque aún no disponemos de la tecnología adecuada), de Clase II (están en los límites de la física y todavía no se comprenden los mecanismos que podrían hacerlos realidad) y de Clase III (hechos que violan todas las leyes físicas conocidas y que supondrían un cambio radical en la estructura física que creemos que compone el universo).

Lo más sorprendente de este repaso es que la mitad de estas «imposibilidades» caen dentro de la primera categoría, como la invisibilidad, la telepatía o el teletransporte. Como hechos altamente improbables de conseguir (esto es, de clase III) sólo aparecen las máquinas de movimiento perpetuo (violarían las leyes de la termodinámica) y la precognición (el flujo de información del futuro al presente violaría la ley de causa y efecto).

Con un lenguaje muy asequible, Kaku consigue explicar a cualquier lector las características físicas que definen ciertos hechos que estamos acostumbrados a ver en películas de ciencia ficción, sin separarse nunca de una perspectiva científica, aportando, de paso, numerosos datos sobre los últimos avances en física teórica, como las supercuerdas o la supersimetría. Absolutamente recomendable para los entusiastas de la divulgación científica.

El gran diseño

El gran diseño es el último libro de divulgación científica escrito por Stephen Hawking (con la colaboración de Leonard Mlodinow).

El primer gran diseño del que hay que hablar es el del propio libro, una edición de lujo (editorial Crítica) que da gusto tener entre las manos. En cuanto al contenido del libro no deja de parecerme «escaso». Hace un recorrido rápido y demasiado breve de los descubrimientos y conceptos de la cosmología y la física de partículas, deteniéndose únicamente en algunos aspectos clave y, todavía, algo misteriosos de la física moderna (como el experimento de la doble rendija y la explicación de las historias múltiples de Feynman).

La teoría M (teoría de cuerdas), ocupa un lugar importante en ese gran diseño del universo. Nos explica Hawking que es «la candidata» a teoría que unifique y explique las leyes físicas en conjunto.

Y, sí, en este libro comenta lo que muchos físicos piensan, aunque no lo digan muy alto: no es necesario un soplo divino para ponerlo todo en marcha. Aún así, el título, engañoso al fin y al cabo (y supongo que elegido como contraposición a la expresión diseño inteligente), no describe con precisión lo que nos encontramos en sus páginas. En la física actual, todavía hay muchas dudas (una de ellas no estoy muy seguro de que sea si existe o no existe dios, porque ya le quedan muy poquitos sitios donde esconderse…), y desde luego todavía no está nada claro que la teoría M (que no ha sido confirmada experimentalmente: es decir, todavía no sabemos si es un modelo válido), sea la que explique todo el conjunto de leyes físicas presentes en el Universo.

Como acercamiento a las nuevas teorías físicas, creo que se queda muy corto. Hay muchos libros de divulgación que, sin llegar a la complejidad de los trabajos de Penrose (Camino a la realidad, por ejemplo), pueden dar una idea mucho más amena e informativa de los derroteros que está tomando la cosmología y la física de partículas, y explicaciones bastante accesibles sobre la teoría de cuerdas, como El universo elegante (Brian Greene), Las dudas de la física en el siglo XXI (Lee Smolin), etc…

Los últimos tres minutos

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Haciendo referencia al famoso «Los tres primeros minutos del universo», del Nobel Steven Weinberg, Paul Davies realiza en este libro un recorrido por los posibles finales del universo.

Después de analizar los posibles finales de nuestro planeta, incluyendo el que es aceptado por la comunidad científica (achicharrada por un sol convertido en supergigante roja, dentro de más de 3000 millones de años), pasa a describirnos las varias opciones a las que se enfrenta el universo en conjunto, que, básicamente, dependen de la cantidad de materia existente. Si no es suficiente para volver a contraerlo, gracias a la fuerza de la gravedad, en un «gran crujido» final, estaría condenado a expanderse infinitamente, diluyéndose cada vez más y convirtiéndose en un lugar oscuro, una sopa inconcebiblemente diluida compuesta por electrones y positrones, sucumbiendo a la segunda ley de la termodinámica, a la tiranía del aumento de la entropía.

Si la masa del universo supera un tamaño crítico, el escenario cambia por completo: Las galaxias comenzarán a frenar su huida y volverán a juntarse debido a la atracción gravitatoria, para terminar como empezó, en una singularidad espacio-temporal de la que no podría escapar y, simplemente, desaparecería.

Entre esas dos opciones, otra amplia gama de posibilidades: Un universo que estalla y encoge constantemente, universos «burbuja» debido a fluctuaciones en el proceso de inflación, multiuniversos, y, la opción más desesperánzadora, la degeneración del vacío, algo que podría estar ya ocurriendo y del que no tendríamos noticias hasta que, en un nanosegundo, todo lo que nos rodea, degeneraría y se desvanecería para siempre…

Uno de los aspectos más interesantes del libro es el estudio de la posibilidad de supervivencia de cualquier especie «sentiente» en todos esos escenarios. Menciona los estudios de Frank J. Tipler presentados en ese curioso libro que es «La Física de la Inmortalidad» (un libro de física que intenta demostrar la posibilidad de la vida después de la muerte…), y otros científicos que han tratado el tema.

«Los últimos tres minutos» es un libro de divulgación sencillo de comprender y una buena manera de entrar, aunque sea tangencialmente, en las últimas investigaciones cosmológicas sobre el destino final del universo.

Un único comentario más sobre la traducción del término anglosajón «big bang«. El traductor decide utilizar la expresión «gran pum«, siguiendo una propuesta de Octavio Paz, como una manera de mantener la naturaleza onomatopéyica de la expresión original. Como comenta el traductor:

En todo caso, no parece mal intentar liberarse de expresiones que contaminan el
castellano sin ofrecer nada a cambio y que pueden tener, a lo que se ve, traducciones correctas y de sentido completo.

No niego que es una traducción correcta y con sentido completo, pero no entiendo el porqué de intentar conservar la onomatopeya. Si en el idioma inglés predominan los verbos y sustantivos onomatopéyicos es problema suyo… Me parece bien castellanizar la expresión, pero al ceder en conservar la onomatopeya, surge algo artificial (y un tanto ridículo, si se me permite). No veo qué problema hay en utilizar «gran explosión». Es sólo una opinión.