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La ciudad al final del tiempo

Jack y Ginny, residentes en Seattle, padecen extrañas «desconexiones», que duran horas, visitando las mentes de dos seres humanos, Jebrassy y Tiadba que parecen vivir en un desconcertante mundo constantemente amenazado por algo que ellos llaman el Tifón y que es el caos en estado puro; el fin del universo.

Ambos poseen la capacidad de reubicarse en distintas líneas temporales cuánticas, gracias, quizás, a unos extraños artefactos, unas piedras que siempre han tenido con ellos y que son la clave para salvar al universo de su desaparición. Junto a Daniel,  que posee dos de las preciadas piedras, consiguen llegar a la ciudad al final del tiempo, donde el futuro termina y sólo queda un destino.

Es difícil resumir la trama de este complicado libro de Greg Bear. Durante la lectura, la sensación principal es: «no está mal, me engancha, pero no tengo ni idea de lo que está pasando…» La bruma inicial se despeja poco a poco, enfocando la historia, pero sin llegar a una conclusión clara. Un libro de Ciencia Ficción «Hard», con referencias científicas muy actuales (las branas de la teoría M), bien escrito, aunque la estructura narrativa es realmente caótica, supongo que intencionadamente, aunque creo que más que sumar, resta coherencia a la historia. En definitiva, requiere paciencia, aunque tiene más virtudes que defectos.

Los desposeídos

Urras y Anarres son dos planetas gemelos orbitando un lejano sol. El primero fértil, húmedo, rebosante de vida, mientras que su «luna» es inhóspita, seca, estéril, de clima duro. Los urrasti se rigen por un sistema capitalista, similar a lo que conocemos en la vida real: el poder del dinero, la corrupción, distintos grados de represión social e individual. En Anarres gobierna la anarquía, la libertad individual total. Es el resultado del exilio de anarquistas de Urras para encontrar un lugar en el que poder desarrollar una sociedad sin injusticias y en la que el dinero no sirve para nada y ninguna persona posee a nada ni a nadie.

«Los desposeídos» es una de las novelas ganadoras del Hugo de una de las escritoras más influyentes en la ciencia ficción, Ursula K. LeGuin. Su preocupación por las estructuras sociales encuentra un fiel reflejo en esta historia utópica en la que confronta dos sistemas totalmente distintos y los analiza en un juego de espejos que tiene como protagonista a un científico anarrasti, Shevek, que estudia la configuración física del tiempo y que es invitado a Urras para que continúe un prometedor trabajo que resulta interesante por su potencial para conseguir una ventaja frente al resto de civilizaciones del Ekumen (un universo creado por LeGuin en el que se ambientan varias de sus novelas y en el que existen varias especies humanas con un mismo origen, los Hain).

La descripción de la sociedad anarrasti es lo más destacable del libro, y su confrontación con el mundo capitalista. Los anarquistas han llevado al límite su ideología: hablan un idioma en el que no existe el concepto de propiedad (yo no te presto «mi bicicleta», sino que «comparto la bicicleta que yo utilizo»), la libertad sexual es total y el dinero ni siquiera existe. Incluso los niños no tienen por qué ser criados por sus padres y su nombre es obtenido mediante una computadora para que ningún niño o niña tengan el mismo nombre.

Pero, K. LeGuin no se limita a dibujar las diferencias entre los dos sistemas, señalando virtudes de uno y defectos del otro; también nos da pistas para comprender cómo cualquier estructuración social, partiendo de cualquier ideología, tiene irremediablemente una serie de grietas por donde se cuela el instinto animal, no racional, del ser humano. Así, incluso una sociedad como la anarrasti, en la que la libertad individual es algo sagrado, en la que ese instinto animal es libre de mostrarse tal y cómo es mientras no sea perjudicial para el conjunto social, también puede resquebrajarse y permitir que asomen los eternos problemas humanos, como el egoismo o la envidia.

Una novela de una calidad excepcional y que resulta especialmente atractiva en este momento de fallo sistémico que estamos viviendo.

Destacar, por último, la estupenda edición de minotauro, en la que ha recopilado las tres novelas de la autora ganadoras del Hugo.

La tierra silenciada

Jake y Zoe disfrutan de una semana de vacaciones en una estación de esquí de los Pirineos. Durante uno de sus descensos, un alud les sorprende, dejando a Zoe atrapada entre la nieve. Afortunadamente su marido logra encontrarla y juntos vuelven al pueblo, que, misteriosamente, ha quedado completamente deshabitado.

Graham Joyce elabora una pequeña novela, algo previsible y cuyo mérito principal es la situación de partida: pueblo abandonado del que no pueden salir por mucho que lo intenten. Peca el autor de contar demasiado, pues enseguida el lector comienza a sospechar qué es lo que está ocurriendo, con lo que se pierde en cierto modo el interés gradualmente. Después de todo, este tipo de situaciones ya es muy común en la cultura popular, a través de otras novelas y, sobre todo, de la producción audiovisual (incluyendo videojuegos) de fantasía y ciencia-ficción de los últimos años

La trama es lineal, únicamente adornada con un par de capítulos sobre la vida pasada de los protagonistas. Es como un boceto de argumento para una serie tipo «Lost», al que podrían añadírsele muchas subtramas para enrevesar el asunto. El autor no lo hace y sólo se limita a la historia principal, con lo que permanece una sensación de «telefilm» para emitir una tarde de invierno. Aún así, es interesante, fácil de leer y pasas un buen rato antes de descubrir que tus sospechas son ciertas y que el desenlace no es, en absoluto, nada espectacular.

Computer Connection

Guig, muerto en la erupción del Krakatoa de 1883, forma parte de «El Grupo», seres humanos fallecidos en circunstancias horribles que resucitaron para convertirse en prácticamente inmortales. El doctor Sequoia Adivina se convierte en el miembro más joven del Grupo, aunque después de su transformación una presencia inquietante en su cabeza regresa con él.

Aparentemente caótica (en el lenguaje y en la estructura), Computer Connection, finalista del premio Hugo en 1976, funciona bastante bien. Es normal que produzca cierto rechazo el estilo tan barroco y en ocasiones confuso, pero es eso mismo lo que la hace digna de lectura. Uno se imagina ese futuro lleno de trabalenguas lingüísticos, ordenadores omnipresentes, tecnología incomprensible, y, aunque muy exagerado, no se diferencia mucho de nuestro presente.

Alfred Bester escribe con ironía y humor, lo que lleva a pensar que el libro es más bien un divertimento sin sentido, pero no estoy de acuerdo con esa visión. Debajo de toda la parafernalia, del lenguaje incomprensible y de las escenas rocambolescas, el autor describe un mundo bastante hostil, pero, a pesar de ello, lleno de posibilidades. A nuestros ojos es una realidad fea y desordenada, incomprensible; aunque supongo que nuestra sociedad también lo parecería a cualquier persona anterior al S XX.

Así, aunque no sea muy reconocida esta obra del autor de El hombre demolido, creo que merece la pena, aunque hay que acercarse a ella con precaución, porque puede terminar en lo más bajo de «la pila» de libros de la mesita de noche en espera del ánimo suficiente para poder disfrutarla y no sufrirla.

Lágrimas en la lluvia

«…todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.»

Bruna Husky, una replicante de combate que reside en el Madrid del siglo XXII, es contratada por el MRR (Movimiento Radical Replicante) para investigar una serie de extrañas muertes. Durante la investigación todo parece apuntar a una conspiración destinada a colocar en el poder a los Supremacistas, un grupo político que aboga por la eliminación de todos los replicantes, seres exactamente igual a los humanos pero modificados genéticamente y con una vida de sólo 10 años.

Rosa Montero crea una historia, mezcla entre novela negra y ciencia ficción, basándose en el mundo de «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» y «Blade Runner».

Realmente no es una ampliación del universo creado en estas dos obras anteriores por Philip K. Dick y Ridley Scott; en «Lágrimas en la lluvia» se describe un futuro que ha terminado pareciéndose a esas obras de ficción, como ocurre con los «replicantes», que se denominan así como homenaje a «una famosa película del siglo XX», ya que comparten algunas de sus características, aunque no todas, pues los «reps» de Rosa Montero viven hasta 10 años, y no 4 como ocurría en Blade Runner, y su muerte se debe al TTT (Tumor Total Tecno), no es una muerte programada, sino un fallo en su constitución celular que los científicos no consiguen desactivar. Siguen siendo, sin embargo, seres humanos con mejoras genéticas y han sido creados para realizar los trabajos más peligrosos.

No se pueden comparar los precedentes con esta novela, aunque es cierto que la temática principal del libro es también el eje que da sentido a «Blade Runner«: la muerte, la soledad, los recuerdos… La cuestión que lanzó Philip K. Dick en muchas de sus novelas acerca de lo que nos hace ser lo que somos está muy presente, aunque no de la manera tan perturbadora y radical con la que K. Dick aturdía a sus lectores, cuestionando no sólo al individuo sino toda la realidad. Rosa Montero tiene otros intereses y utiliza las armas de la ciencia ficción para llegar a su objetivo, que no es otro que reflexionar sobre los mecanismos que nos mantienen vivos y nos animan a seguir adelante aún con la certeza de la muerte rondando silenciosa en nuestra existencia.

«Lo que hago es lo que me enseña lo que estoy buscando»
Pierre Soulages