Lou Reed

Muere Lou Reed y aquí, en mitad de La Mancha, no puedo evitar que caiga alguna lágrima.

Recuerdo la única vez que lo vi en directo, como invitado sorpresa en un concierto de Laurie Anderson en Madrid, hace ya varios años.

Su maravilloso disco con John Cale recordando a Warhol, que habré escuchado cientos de veces, que conozco de memoria y que presté y no volví a ver nunca más. Pero lo sigo escuchando, y también mis alumnos cuando les hablo del Pop Art.

El doble casette con sus éxitos, de descuento en unos grandes almacenes de Murcia, que todavía anda por aquí.

New York, Set the Twilight Reeling, Magic and Loss, el trío también de oferta, formato CD, del que mamé sus letras con ansias. Llegué tarde a su mundo, pero estos discos se clavaron en mí como espadas.

Se va una parte de lo que me ha hecho como soy. Yo también caminé por el lado salvaje, y el coro de fondo me susurraba ese «du du du duduru du» y me hacía más fuerte.

Lou Reed me hablaba de la ciudad, de los parias, los excluidos. Más tarde conocí ese mundo y descubrí que Lou Reed hablaba de mí, de nosotros. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Quedan los recuerdos y la música. Lou Reed ha muerto, pero Lou Reed está vivo.

Satellite’s gone up to the skies

Things like that drive me out of my mind

I watched it for a little while

I love to watch things on TV

A través del mar de soles

El Lancer es la primera nave interestelar de la raza humana. En ella viaja Nigel, el astronauta que estableció contacto con seres extraterrestres en varias ocasiones, de edad avanzada y toda una institución en esta mini-tierra que viaja casi a la velocidad de la luz. Mientras tanto, en la Tierra, algo muy extraño está sucediendo en todos los océanos, que han sido sembrados con formas de vida que amenazan la supervivencia de la humanidad.

Segunda parte de la saga del centro galáctico, A través del mar de soles se desarrolla después de los acontecimientos relatados en el primer libro de la serie. Nigel sigue siendo el protagonista; un viejo testarudo que, a pesar de ser uno de los pocos humanos con experiencia en contactos alienígenas, no para de provocar y sufrir problemas. En la primera novela ya apuntaba maneras, y aquí ya se revela como uno de esos protagonistas de ciencia ficción con la testosterona por las nubes. Benford insiste en el asunto del trío amoroso con dos mujeres, aunque le reserva una (merecida) patada en su hombría al final de la novela.

El viaje del Lancer es ciencia ficción pura y dura: Nuevos planetas, peculiares seres, sueño criogénico y una especulación interesante sobre la evolución de una sociedad encerrada entre las cuatro paredes de una nave.

Pero el gran acierto de Benford es la parte que se desarrolla en la Tierra, relatada a través de un marino que consigue sobrevivir a un ataque de los peligrosos moradores que han invadido los mares.

La trama central de la saga se perfila mucho mejor en este libro y se aleja de la idea común de la invasión por seres alienígenas, aportando una visión que es más novedosa. La vida se presenta en dos versiones: orgánica y sintética (que surge como invención de la primera). Comenzamos a entender la pugna entre las dos y la ventaja de los seres mecánicos, que no están sujetos a unas leyes biológicas que acorten su tiempo de vida.

Segundas partes nunca fueron buenas, pero esta entrega tiene un estilo algo más pulido e ideas más interesantes que el primer libro de la serie.