Categoría: Discos

Queen of Denmark

A riesgo de ponerme pesado, un obligado elogio al primer disco en solitario de John Grant, Queen of Denmark.

La historia de este disco la ha contado en numerosas ocasiones el propio autor: después de varios discos como líder de The Czars, decide dejar la música entrando en un periodo de autodestrucción que a punto estuvo de terminar con su carrera. Es cuando el grupo Midlake le ofrece la oportunidad de utilizar su estudio para grabar un disco en solitario. De esa colaboración surge Queen of Denmark.

Un disco tremendamente personal, sincero y mágico en el que Grant intenta lidiar con sus traumas. Él mismo comenta que, al alcanzar los 40, se dio cuenta de que había tardado 20 años en digerir todo lo que le había pasado durante las dos primeras décadas de su vida. Hablamos, pues, de problemas arraigados, consecuencia de crecer bajo un entorno opresor, principalmente con su sexualidad. Y esto me gusta de Grant; parece que, al conseguir el reconocimiento de ciertos derechos en algunas partes del mundo, hablar de lo jodido que es, todavía, ser gay, es algo pasado de moda, propio de victimistas. ¿Eres Gay? Entonces haz honor a tu nombre y háblame de cosas divertidas y de lo bien que te lo montas, si puede ser con mucha pluma y ritmo machacón de pista de baile… no, no y mil veces no. Actitudes como la de Grant son esenciales. Hay que hablar de ello, como él hace. ¡Y de qué manera!

Nos encontramos ante la delicadeza hecha música pop. Ninguna novedad formal, nada revolucionario. Sólo un tipo que reflexiona como mejor puede sobre lo malo y lo bueno que le rodea. Una colección de canciones pop repletas de ironía, deseos incumplidos, y, por supuesto, mucha belleza.

Sólo hay que escuchar la primera canción del disco, TC & Honeybear, para rendirse a sus pies. Un sueño para aceptar una ruptura, comprenderla a través de la fantasía, llorar como un hombre… Y colocar al ser querido en ese sitio donde van a morir los sueños.

I Wanna Go to Marz y Where Dreams Go to Die dan continuidad con un toque melancólico, que comienza a romper con Sigourney Weaver (aviso: sintetizadores molones), llegando a una especie de interludio en el disco con un par de temas divertidos, Chicken Bones (excelente video, por cierto) y Silver Platter Club, preludio setentero de la preciosa It’s Easier.

 

Outer Space, que puede recordar ligeramente a Elton John, pero que no es Elton John, precediendo a JC Hates Faggots, literalmente, Jesucristo odia a los maricones:

«Jesucristo odia a los maricones, te lo dijimos cuando eras joven. Y puede odiar lo que tú quieras que odie, como a los negros, los hispanos, a los judios o a los pieles rojas, o a los hombres que no pueden amaestrar a sus mujeres, los cobardes, los débiles o las bolleras».

Sarcasmo e inteligencia contra la peligrosa ignorancia de los payasos fundamentalistas.

Caramel, una muy digna canción de amor y Leopard & Lamb, un «tira p’alante y no mires atrás», con más mala leche que where dreams go to die, épica y melancólica a la vez.

John nos despide con la canción que da nombre al disco, Queen of Denmark, una canción hacia afuera cantada hacia adentro. Es difícil explicar la sensación que transmite, pero es un tema realmente poderoso:

«Quería cambiar el mundo, y ni siquiera podía cambiarme de calzoncillos. Y cuando todo se me fue de las manos, la mierda ya me llegaba al flequillo, que sigue retrocediendo como mi autoestima… como si la hubiera tenido alguna vez»

 

Hay discos que uno nunca olvida, que forman parte de tu vida y que sabes que nunca te abandonarán. En mi caso, este será uno de ellos.De nuevo: muchas gracias, John.

 

Vietnam – Video Retrato

Muy buen trabajo de Jónatan Grétarsson para la canción «Vietnam» de John Grant:

Una canción sobre el silencio, que comienza con la voz de Grant acompañada de una batería y breves pinceladas del piano, con la sensación de que no está en tono, pero que poco a poco se va centrando gracias al bajo hasta llegar al melancólico y sugerente estribillo:
«Tu silencio es como un arma, es como una bomba nuclear, como el Agente Naranja que solían utilizar en Vietnam. Y va acompañado por una apatía ensordecedora, que sabes que es completa y perfecta, y la blandes sin miedo»

Perfecta combinación de imagen y música, un bonito ejemplo del ambiente que es capaz de crear Grant.

Pale Green Ghosts

Este señor de mirada torva, con cara de pocos amigos, es John Grant, un verdadero descubrimiento en este tórrido verano. Viene a sumarse a una lista de autores sin complejos, siguiendo la estela de gente de la talla de Rufus Wainwright o Stephin Merrit. Todo un señor cantando sobre sus relaciones con hombres, el amor y el desamor, el miedo,  la superación y animando a los jóvenes a ser fuertes y no dejar que las heridas que producen los prejuicios de los demás se infecten.

Lo primero que sorprende de Grant es su sinceridad arrolladora. Una música que no es especialmente novedosa, pero que funciona perfectamente como canal para desahogarse y ayudar al desahogo de los escuchantes. Tanto este disco como su primer largo en solitario, “Queen of Denmark”, son retazos autobiográficos aliñados con fina ironía, melancolía y algo de buen humor.

Todo el disco se deja llevar por el sonido de sintetizador de los años 80. Algunas canciones son más tecno ochentero que el tecno ochentero, perfectas canciones replicantes ( You Don’t Have To, Sensitive New Age Guy). La belleza de los coros, con Sinnead O’Connor como acompañante de lujo (Vietnam, It Doesn’t Matter To Him, Why Don’t You Love Me Anymore). La sinceridad ya mencionada que en algunos momentos es sangrante (Ernest Borgnine, Glacier, I Hate This Town). Y, por supuesto, la comedia engarzada de manera sutil entre estereotipadas canciones de amor y odio (GMF, Black Belt).

Solamente con escuchar la primera canción, la que da título al disco, ya se puede sentir lo especial de este artista. Haciendo referencia a las hojas plateadas de los olivos rusos de california brillando a la luz de la luna, es la oportunidad para deleitarse con ese sonido de sintetizador robado a la década de los 80, en una mezcla coherente y perfecta con la aterciopelada voz de Grant y unos violines susurrantes. Reflexiones de conductor noctámbulo que son el comienzo de un disco más que recomendable.


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Y, ¿qué decir de la portada? Que es todo un acierto. Ya no necesitamos sentirnos doblemente culpables por tener como amor platónico al malo barbudo de la película. Secretamente repudiabas al estilizado y depilado protagonista y a sus ñoñas amantes. Ahora es el cultivado rufián, y no un efebo entrado en años, el que canta bellas canciones de amor y sabes con certeza que están dedicadas a ti, que ya tienes claro que el lado oscuro es mucho más interesante. Muy agradecido, John.

Ashes in the Air

Antes de meternos de lleno en The Terror, un video del anterior disco del grupo de Oklahoma. La canción es Ashes in the Air, una colaboración con Bon Iver.

Cada vez hacen mejores videos, pero, aviso para navegantes: contiene imágenes desagradables.

 

Me gusta especialmente la integración de los diseños de ruidos visuales verticales que han estado utilizando para las colaboraciones de los últimos 2 años.

Proximamente, el terror.

Así sonará El Terror

Un par de videos que he encontrado en YouTube con parte de las sesiones de grabación del nuevo disco de The Flaming Lips, «The Terror» que saldrá a la venta físicamente en abril:

 

Un sonido oscuro, con muchos efectos

 

No me extraña que les salga un trabajo tan perturbador con esa monja enana leyendo la biblia que preside el estudio…

En palabras de Wayne Coyne:

¿Por qué haríamos esta música que es «El Terror», este disco oscuro y perturbador? No quiero conocer la respuesta que creo que surgiría. Quizás este sea el principio de la respuesta.

Si tenemos amor, damos amor y conocemos el amor, estamos realmente vivos, y si no hay amor, no habría vida. El Terror, que ahora conocemos, es que incluso sin amor, la vida sigue… simplemente seguimos adelante… No llega la misericordia de la muerte.

Ya veremos el resultado final. Sin duda, será interesante.