Categoría: Libros

Los hijos de nuestros hijos

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En esta pequeña novela, el autor no es el Clifford D. Simak que se puede encontrar en «Ciudad» o «Estación de Tránsito«. La diferencia de calidad e intensidad entre esas obras maestras de la ciencia ficción y esta novela es enorme.

Los elementos principales de la historia son expuestos en el primer párrafo: Una tarde de verano, se abre una puerta en medio del campo y comienzan a salir personas, miles de ellas. Son «los hijos de nuestros hijos», habitantes del futuro que se ven obligados a escapar de su época debido a una invasión extraterrestre contra la que no pueden hacer nada. Una vez aquí, los gobiernos terrestres tienen que hacer frente a los problemas que surgen debido a esta repentina aparición de millones de seres humanos.

Durante toda la novela, la trama no llega a variar mucho de esta premisa inicial, e incluso los elementos de sorpresa son predecibles y están poco desarrollados. El argumento es una buena idea, pero no llega mucho más allá.

No diré que no merece la pena acercarse a este librito (son 154 páginas), porque, después de todo, es Clifford D. Simak, y la idea es bastante atrayente, pero no llega a cuajar lo suficiente para conmover al lector, algo que en otras novelas consigue con maestría, aunque no es mala elección si se quiere simplemente pasar un buen rato con una historia de ciencia ficción y viajes en el tiempo.

Título: «Los hijos de nuestros hijos»

Autor: Clifford D. Simak

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 1.

1974 (edición 1975)

155 páginas

La máquina preservadora

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Hace poco encontré este libro en la feria del libro antiguo y de ocasión; una colección de cuentos de Philip K. Dick.
«La máquina preservadora» contiene ocho cuentos, algunos bastante conocidos, como «Recuerdos al por mayor«, famoso por servir de inspiración para «Desafío Total«.

Philip K. Dick es un torbellino de inspiración y creatividad, tanto en sus novelas como en los más de 100 cuentos que escribió durante su carrera. Sus ideas, que pueden parecer extravagantes y más propias de un «iluminado», han ido cuajando poco a poco en una sociedad cada vez más paranoica, enfrentada a dilemas éticos y morales antes impensables. Desde que en 1982 se realizara la primera adaptación de una de sus novelas («Blade Runner«, basada en «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?«), la lista de películas que han bebido de sus historias (directamente, como «Minority Report«, «Paycheck«, o indirectamente, como «Matrix» o «Abre los Ojos«) continúa creciendo. Su visión del mundo, de la interacción del ser humano con la realidad, el cuestionamiento de esa realidad, genera numerosas preguntas en el lector.

No hay más que leer los cuentos de esta pequeña recopilación para sentir esa inquietud, como un cosquilleo en la nuca; la sensación de que incluso lo más cotidiano, lo que estructura nuestras vivencias, puede ser consecuencia de algo incomprensible; que detrás de la más simple de las acciones, hay una explicación alternativa con posibilidades de ser real. Lo cierto se convierte en duda. Un buen ejemplo de ello es «Rug«, uno de sus primeros cuentos, cuyo protagonista, un perro, percibe esa realidad alternativa que nadie más parece detectar.

Dick utiliza algunas normas del género de ciencia ficción, como la contextualización de las historias en sociedades «avanzadas», en tiempos futuros, pero nunca son un fin en sí mismas. Son el escenario ideal para desarrollar toda una filosofía que traspasa los límites del género. Y una de las claves de esa filosofía es la degeneración de la realidad, un tema que impregna toda su obra y que se ve reflejada en varios cuentos de esta recopilación, como en «Si no existiera Benny Cemoli«, «Veterano de Guerra» o, por supuesto, «Recuerdos al por mayor«, un perfecto ejemplo de esa paranoia que estructura la realidad del individuo en distintas capas imbricadas entre sí.

Y si hablamos de degeneración, nada mejor que el cuento que da nombre a la recopilación, «La máquina preservadora«, en la que la música es la que sufre esa degeneración. Nada es eterno, ni siquiera el arte: «Ars longa, vita brevis», una longevidad que no lo libra de las mutaciones y el cambio, como ocurre con cualquiera de los objetos que existen en el universo. Ni siquiera los agujeros negros son inmutables, mucho menos el Arte.

Hay un elemento que aparece constantemente en la obra de este escritor: la máquina. Aparecen varias en estos cuentos, y siempre distorsionan la realidad que les rodea, que es para lo que sirven las máquinas. Nadie como Dick ha sabido percibir y magnificar esa función principal. En «La máquina preservadora» es un instrumento como tal, pero en otros, como «Juego de guerra«, «Cargo de suplente máximo» o «Si no existiera Benny Cemoli«, la máquina actúa con independencia, piensa, pero sin dejar de ser una máquina, y eso es lo que resulta inquietante y la base de grandes obras como «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?«.

Leer a Dick puede ser revelador en determinados momentos. Cuando la vida parece deshacerse, cuando lo que has sentido como inmutable se derrumba, dejando una pila de sucios escombros, sus historias se llenan de significado. No te alivian, ni responden preguntas, ni solucionan ningún problema, pero te hacen ver que tus sensaciones son sólo una capa más dentro de una red de infinita de capas en una realidad objetiva y subjetivamente compleja y casi imposible de desentrañar.

Los últimos tres minutos

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Haciendo referencia al famoso «Los tres primeros minutos del universo», del Nobel Steven Weinberg, Paul Davies realiza en este libro un recorrido por los posibles finales del universo.

Después de analizar los posibles finales de nuestro planeta, incluyendo el que es aceptado por la comunidad científica (achicharrada por un sol convertido en supergigante roja, dentro de más de 3000 millones de años), pasa a describirnos las varias opciones a las que se enfrenta el universo en conjunto, que, básicamente, dependen de la cantidad de materia existente. Si no es suficiente para volver a contraerlo, gracias a la fuerza de la gravedad, en un «gran crujido» final, estaría condenado a expanderse infinitamente, diluyéndose cada vez más y convirtiéndose en un lugar oscuro, una sopa inconcebiblemente diluida compuesta por electrones y positrones, sucumbiendo a la segunda ley de la termodinámica, a la tiranía del aumento de la entropía.

Si la masa del universo supera un tamaño crítico, el escenario cambia por completo: Las galaxias comenzarán a frenar su huida y volverán a juntarse debido a la atracción gravitatoria, para terminar como empezó, en una singularidad espacio-temporal de la que no podría escapar y, simplemente, desaparecería.

Entre esas dos opciones, otra amplia gama de posibilidades: Un universo que estalla y encoge constantemente, universos «burbuja» debido a fluctuaciones en el proceso de inflación, multiuniversos, y, la opción más desesperánzadora, la degeneración del vacío, algo que podría estar ya ocurriendo y del que no tendríamos noticias hasta que, en un nanosegundo, todo lo que nos rodea, degeneraría y se desvanecería para siempre…

Uno de los aspectos más interesantes del libro es el estudio de la posibilidad de supervivencia de cualquier especie «sentiente» en todos esos escenarios. Menciona los estudios de Frank J. Tipler presentados en ese curioso libro que es «La Física de la Inmortalidad» (un libro de física que intenta demostrar la posibilidad de la vida después de la muerte…), y otros científicos que han tratado el tema.

«Los últimos tres minutos» es un libro de divulgación sencillo de comprender y una buena manera de entrar, aunque sea tangencialmente, en las últimas investigaciones cosmológicas sobre el destino final del universo.

Un único comentario más sobre la traducción del término anglosajón «big bang«. El traductor decide utilizar la expresión «gran pum«, siguiendo una propuesta de Octavio Paz, como una manera de mantener la naturaleza onomatopéyica de la expresión original. Como comenta el traductor:

En todo caso, no parece mal intentar liberarse de expresiones que contaminan el
castellano sin ofrecer nada a cambio y que pueden tener, a lo que se ve, traducciones correctas y de sentido completo.

No niego que es una traducción correcta y con sentido completo, pero no entiendo el porqué de intentar conservar la onomatopeya. Si en el idioma inglés predominan los verbos y sustantivos onomatopéyicos es problema suyo… Me parece bien castellanizar la expresión, pero al ceder en conservar la onomatopeya, surge algo artificial (y un tanto ridículo, si se me permite). No veo qué problema hay en utilizar «gran explosión». Es sólo una opinión.

Mundo Anillo

Una asignatura pendiente para cualquier aficionado a la ciencia ficción, era leer este clásico de Larry Niven, «Mundo Anillo». Editada en 1970, y ganadora de los premios Hugo, Nebula y Locus de 1971, es un buen ejemplo de la llamada «ciencia ficción dura», repleta de referencias científicas que arropan la trama principal y explican el entorno en el que se mueven los personajes.

En «Mundo Anillo», Niven nos sitúa en ese espacio narrativo que ambienta muchas de sus novelas, el «espacio conocido», en el que conviven humanos y varias especies extraterrestres, como los Kzinti o los Titerotes. La acción se sitúa en el año 2850, cuando un Titerote recluta a dos humanos y un Kzinti para explorar un sistema solar bastante peculiar detectado a 200 años luz de la Tierra. Se trata de un mundo sin planetas, en el que un anillo artificial rodea la estrella central. Niven nos describe con todo detalle la fisionomía del anillo, con una anchura de más de millón y medio de kilómetros, un radio de 150 millones de kilómetros y con una superficie habitable, la del interior de la estructura, millones de veces superior a la de un planeta como la Tierra. Todo ello sobre una base de un material con unas características especiales que le permita soportar las tensiones que produciría semejante estructura. Una idea similar a la famosa Esfera de Dyson .

El ingenio gira para proporcionar una fuerza centrífuga que actúa como la gravedad, y está provisto de vastos muros exteriores para retener la atmósfera y evitar que ésta salga despedida al espacio. Para poder simular la noche, existe un anillo interior de enormes placas que rotan en sentido contrario, dando sombra periódicamente a toda la superficie de tan extraño mundo.

Los protagonistas logran aterrizar después de sufrir un percance con su nave y encuentran un mundo degradado, repleto de ruinas de una civilización avanzada y poblado por lo que parecen ser seres humanos (una incógnita que el libro no despeja pero que parece ser que se aclara en posteriores entregas de la serie). Tras recorrer una ínfima parte del anillo, consiguen comprender qué ocurrió con esa civilización y las causas de su declive.

«Mundo Anillo» es un libro adictivo. La sola idea de un mundo de tan extraña estructura ya evoca imágenes impactantes en el lector. Imaginar cómo el sol se oculta por una gigantesca placa, permitiendo visualizar el resto del anillo como un enorme arco que cruza el cielo de una a otra punta, el horizonte inexistente, lejano y que se confunde con el cielo, la inmensidad de las distancias, océanos tan extensos como toda la superficie terrestre, bahías tan grandes como nuestros océanos, montañas de miles de kilómetros de altura,… Todo eso añadido a las peculiaridades de las especies extraterrestres, los Kzinti, como demonios anaranjados y salvajes, los Titerotes, con sus dos cabezas y labios que pueden realizar la función de manos, los vástagos de las estrellas… Y, por supuesto, los artilugios descritos, los motores, los campos «de diseño esclavista», los Tasp, etc, etc…

A un lector poco acostumbrado a la ciencia ficción dura puede resultarle tedioso, pero es imprescindible acercarse a esta novela para hacerse una idea de este tipo de literatura. Son algo más de 300 páginas y, al menos, asegura momentos de verdadero disfrute, sobre todo al lector que guste imaginar mundos imposibles y escenarios exóticos. Es un buen ejercicio de imaginación y de lectura bastante agradable. Todo un clásico.

El Mundo Anillo, como curiosidad, es inestable. Una estructura así no podría durar mucho, porque acabaría chocando contra la estrella central. Aquí se puede encontrar una explicación física bastante exhaustiva y comprensible de este hecho. Niven, después de recibir cientos de cartas de fans que le reprochaban este fallo, decidió solucionarlo como la Física manda y así lo hizo en la siguiente entrega de la serie ambientada en este mundo, Ingenieros de Mundo Anillo. No fue el único fallo científico del libro, como el hecho de que en la primera edición, el protagonista humano, Louis Wu, se teletransporta hacia el Este para prolongar el día de su cumpleaños, cuando debería hacer lo contrario, teletransportarse hacia el Oeste. Ese error se corrigió en posteriores reediciones.

 

Título: “Mundo Anillo”

Autor: Larry Niven

Ed. Martínez Roca, Superficción, nº 15.

1970 (edición 1976)

339 páginas

From Hell

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El escritor Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell presentan en esta novela gráfica una disección de la sociedad victoriana del Londres de finales del siglo XIX. La acción transcurre en el otoño de 1888, cuando Jack el Destripador cometió sus asesinatos: cinco prostitutas del barrio de Whitechapel fueron sus víctimas. Nunca se pudo capturar al culpable, ni siquiera conocer la identidad del primer asesino en serie reconocido de la historia. Desde entonces, una lista interminable de posibles sospechosos ha hecho de estos crímenes uno de los misterios más investigados en la historia reciente.

En From Hell, Alan Moore, se basa principalmente en las teorías de Stephen Knight, publicadas en JTR: The Final Solution. Según Knight, los asesinatos tendrían un motivo muy concreto: silenciar un escándalo que implicaba a la corona inglesa que una de las prostitutas, Mary Jane Kelly, la última en ser descuartizada, conocía de primera mano. Esta hipótesis presenta a Sir William Gull, cirujano de la reina, como sospechoso más plausible, por varios motivos: sus conocimientos en cirugía, su relación con la corona y su pertenencia al movimiento Francmasónico.

Tomando todo esto como base, y cientos de referencias reales de la época (como puede verse en el extensísimo apéndice), Moore y Campbell construyen una historia en la que todo detalle cuenta. Moore insiste que no es en sí una investigación, que parte de los hechos narrados, aún teniendo base real y documentada, son especulaciones e invenciones. No se limita al acontecimiento descarnado; investiga en la posible psicología de los protagonistas, no sólo como estrategia narrativa ineludible, sino como una especie de «investigación» basada en la ficción, hipotética pero posible. El segundo apéndice, ilustrado, «los cazadores de gaviotas» (Gull, gaviota en inglés y Gull catcher, que significa impostor), hace un breve repaso de las innumerables teorías que han surgido durante más de 100 años, algunas simplemente ridículas, otras más creíbles, para llegar a la conclusión de que lo importante del caso es precisamente toda esta ristra de especulaciones, que dicen mucho acerca de la condición humana, de su psicología, mucho más que los propios asesinatos.

El resultado final es una excelente historia, tremendamente bien hilada por Moore, genialmente ilustrada por Campbell, que, simplemente, sobrecoge. La recreación de las condiciones de vida de las prostitutas de Whitechapel es impactante. Una mirada directa a la marginalidad, la exclusión social, la miseria. Una vida a tres peniques el polvo, con los que comprar media pinta de cerveza y alquilar una cama en alguna pensión de mala muerte (una cama o un sitio donde dormir sentadas, sujetas por una cuerda de tender que, por la mañana, el dueño del local retiraba para despertarlas) en unas calles oscuras y tétricas. Y, muy importante para la historia, la arquitectura del Londres oculto, de los obeliscos, de las iglesias de Hawksmoore, relacionado con conocimientos ocultos, arquitecto dionisíaco, y que Campbell recrea fielmente.
Sin olvidar la inclusión no confirmada pero posible, de escenas con personajes influyentes de la época, como Oscar Wilde o el mismísmo John Merrick, el «hombre elefante«.

Una lectura no sólo recomendable, sino casi obligada para los amantes del cómic y de las buenas historias.