Nada como el olor de un libro, pasar las páginas, su tacto cálido… Totalmente de acuerdo y no pienso renunciar a ello, pero este «e-libro» que compré hace unos meses como un capricho se ha convertido en compañero inseparable de viaje.
Cientos de libros en tus manos, en menos de 1 kg de peso; se acabó tener que cargar con dos o tres libros cada vez que salgas de viaje. Sé que muchos no lo creerán, pero se le coge cariño al bicho este.
Además, siendo un apasionado de la ciencia ficción, este invento, el de la tinta electrónica, es lo más parecido a un artículo sacado directamente de una de esas novelas futuristas de la época dorada del género. Es totalmente distinto a una pantalla convencional, sobre todo porque no está retroiluminada (lo que solucioné en el momento de la compra adquiriendo una funda con lamparita led, la mar de práctica). No hace daño a la vista y la apariencia es la de una página verdadera… una página que cambia a tu antojo, como por arte de magia, con ese parpadeo en negativo durante unas décimas de segundo, que es lo que para mí le da ese toque de tecnología imaginada en los años 50 del siglo XX.
Tecnología «retro» y actual a la vez, que, como el caso del modelo que orgullosamente poseo, también tiene conexión a internet y reproductor de música. Me fascina poder consultar el correo o hacer una búsqueda en la wikipedia con este aparato, ver las páginas como eso, como «páginas» de verdad, como impresas en un libro cambiante. Es fascinante.
Si estabas dudando, mi consejo es que merece la pena. Se lee mucho más (hay cientos de libros gratuitos y «gratuitos» pululando por la red) por la comodidad que supone tener decenas de libros a tu alcance con un solo gesto de dedo. Es la solución perfecta para viajeros y devoradores de libros.
Jack y Ginny, residentes en Seattle, padecen extrañas «desconexiones», que duran horas, visitando las mentes de dos seres humanos, Jebrassy y Tiadba que parecen vivir en un desconcertante mundo constantemente amenazado por algo que ellos llaman el Tifón y que es el caos en estado puro; el fin del universo.
Ambos poseen la capacidad de reubicarse en distintas líneas temporales cuánticas, gracias, quizás, a unos extraños artefactos, unas piedras que siempre han tenido con ellos y que son la clave para salvar al universo de su desaparición. Junto a Daniel, que posee dos de las preciadas piedras, consiguen llegar a la ciudad al final del tiempo, donde el futuro termina y sólo queda un destino.
Es difícil resumir la trama de este complicado libro de Greg Bear. Durante la lectura, la sensación principal es: «no está mal, me engancha, pero no tengo ni idea de lo que está pasando…» La bruma inicial se despeja poco a poco, enfocando la historia, pero sin llegar a una conclusión clara. Un libro de Ciencia Ficción «Hard», con referencias científicas muy actuales (las branas de la teoría M), bien escrito, aunque la estructura narrativa es realmente caótica, supongo que intencionadamente, aunque creo que más que sumar, resta coherencia a la historia. En definitiva, requiere paciencia, aunque tiene más virtudes que defectos.
Urras y Anarres son dos planetas gemelos orbitando un lejano sol. El primero fértil, húmedo, rebosante de vida, mientras que su «luna» es inhóspita, seca, estéril, de clima duro. Los urrasti se rigen por un sistema capitalista, similar a lo que conocemos en la vida real: el poder del dinero, la corrupción, distintos grados de represión social e individual. En Anarres gobierna la anarquía, la libertad individual total. Es el resultado del exilio de anarquistas de Urras para encontrar un lugar en el que poder desarrollar una sociedad sin injusticias y en la que el dinero no sirve para nada y ninguna persona posee a nada ni a nadie.
«Los desposeídos» es una de las novelas ganadoras del Hugo de una de las escritoras más influyentes en la ciencia ficción, Ursula K. LeGuin. Su preocupación por las estructuras sociales encuentra un fiel reflejo en esta historia utópica en la que confronta dos sistemas totalmente distintos y los analiza en un juego de espejos que tiene como protagonista a un científico anarrasti, Shevek, que estudia la configuración física del tiempo y que es invitado a Urras para que continúe un prometedor trabajo que resulta interesante por su potencial para conseguir una ventaja frente al resto de civilizaciones del Ekumen (un universo creado por LeGuin en el que se ambientan varias de sus novelas y en el que existen varias especies humanas con un mismo origen, los Hain).
La descripción de la sociedad anarrasti es lo más destacable del libro, y su confrontación con el mundo capitalista. Los anarquistas han llevado al límite su ideología: hablan un idioma en el que no existe el concepto de propiedad (yo no te presto «mi bicicleta», sino que «comparto la bicicleta que yo utilizo»), la libertad sexual es total y el dinero ni siquiera existe. Incluso los niños no tienen por qué ser criados por sus padres y su nombre es obtenido mediante una computadora para que ningún niño o niña tengan el mismo nombre.
Pero, K. LeGuin no se limita a dibujar las diferencias entre los dos sistemas, señalando virtudes de uno y defectos del otro; también nos da pistas para comprender cómo cualquier estructuración social, partiendo de cualquier ideología, tiene irremediablemente una serie de grietas por donde se cuela el instinto animal, no racional, del ser humano. Así, incluso una sociedad como la anarrasti, en la que la libertad individual es algo sagrado, en la que ese instinto animal es libre de mostrarse tal y cómo es mientras no sea perjudicial para el conjunto social, también puede resquebrajarse y permitir que asomen los eternos problemas humanos, como el egoismo o la envidia.
Una novela de una calidad excepcional y que resulta especialmente atractiva en este momento de fallo sistémico que estamos viviendo.
Destacar, por último, la estupenda edición de minotauro, en la que ha recopilado las tres novelas de la autora ganadoras del Hugo.
Copérnico destronó al ser humano como centro del Universo y ese sólo fue el primer paso de una serie de descubrimientos científicos que nos alejaban definitivamente del puesto de privilegio que la humanidad suponía como inmutable. Con la teoría del Big Bang y la datación de la edad de la Tierra, del Sol y del Universo en su conjunto, parecía que ya estaba todo dicho: somos una minúscula mota de polvo en el espacio y el tiempo. Pero, como muestra Brian Green en este libro, todavía es posible dar un paso más allá: ¿Y si todo lo que nos rodea, todo lo que podemos ver, es realmente una minúscula parte de una infinidad de otros universos?
Basándose en las teorías físicas de los dos últimos siglos, el autor navega por las posibilidades que subyacen en los entresijos de dichas propuestas teóricas. Así, enumera 9 posibles multiversos; algunos de ellos son totalmente incomprobables en la práctica, y otros podrían serlo de manera indirecta. Estos son los multiversos que propone:
Multiverso mosaico: Si nuestro universo es infinito en espacio y tiempo, necesariamente se darán las mismas condiciones que tenemos en nuestro horizonte visual en infinitas partes de esa infinitud (habrá infinitas Tierras iguales que la nuestra, infinitas Tierras en las que no ha nacido Hitler, infinitas Tierras en las que el ser humano no ha llegado a existir, infinitas Tierras en las que el Partido Popular gana por mayoría absoluta las elecciones andaluzas del 2012 y la prima de riesgo española baja por debajo de los 300 puntos, etc… las posibilidades son infinitas)
Multiverso inflacionario: Se basa en el concepto de Inflación que explica el rápido crecimiento del Universo después del Big Bang. Es posible (físicamente viable) que esa inflación siempre esté ocurriendo y constantemente aparezcan nuevas burbujas inflacionarias que crearían universos, aunque no todos tienen por que tener las mismas leyes físicas que el nuestro. Nuestro universo sería uno más de esos «universos burbuja».
Multiverso brana: Desde la teoría de cuerdas, o teoría-M, nuestro universo sería una «brana» tridimensional más flotando en un espacio de dimensiones más altas poblada por otras «branas» similares a la nuestra.
Multiverso cíclico: Un multiverso en el tiempo; dos de las anteriores branas chocan cíclicamente, provocando un big bang cada vez que las condiciones son apropiadas. Cuando un universo se «diluye», vuelven a chocar y a comenzar el ciclo.
Multiverso paisaje: Partiendo de la base de que, según la teoría de cuerdas, el espacio es decadimensional, con 6 dimensiones diminutas enrrolladas en sí mismas, existen unas 10 elevado a 500 posibles maneras de compactarlas, y suponiendo cierto el campo inflatón (que hace posible el universo inflacionario), existiría la posibilidad de múltiples universos cada uno con sus 6 dimensiones extras enrrolladas de manera distinta.
Multiverso cuántico: El más querido por los escritores de ciencia-ficción. El gato de Schrödinger hecho realidad. Esta interpretación de la mecánica cuántica rechaza el colapso de la onda de probabilidad cuántica. Si la onda de probabilidad nos dice que un electrón concreto tiene 99% de probabilidad de estar en Madrid y un 1% de estar en Toledo, cuando finalmente lo observamos y resulta que está en Madrid, no quiere decir que ya no es posible que esté en Toledo: existe un universo en el que está en Toledo, y un científico de ese universo lo verá en Toledo, pero sabrá que existen numerosos universos en los que se encontrará en Madrid. Esta variedad implica infinitos universos.
Multiverso holográfico: El más extraño de todos. Nuestra realidad es un reflejo de otro universo «frontera» (como si ese universo fuera la superficie de una esfera y el nuestro lo que hay dentro; todo lo que sucede en esa superficie, se refleja o manifiesta en el interior). Proviene de datos experimentales que implican a la teoría de cuerdas y la física cuántica.
Multiverso simulado: Resumiendo: Matrix. Debido a los avances tecnológicos de cualquier sociedad, podría darse el caso de que sus miembros decidan recrear universos completos por computadora.
Multiverso final: Todo es posible, todas las formulaciones matemáticas y físicas son posibles. Partiendo de este principio, todo universo que pueda ser descrito, matemática y físicamente, existe. Incomprobable. En este caso es cuestión de fé.
Es abrumador pensar en las posibilidades que brinda la física teórica, pero no deja de ser curioso que en todos los casos, las ecuaciones de diferentes teorías físicas permiten interpretaciones que llevan a uno u otro multiverso. Muy recomendable este libro y edificante reflexionar sobre lo que propone el autor.
Para terminar, un video hecho por Cyriak, la única persona que ha viajado a las 6 dimensiones extra y ha sobrevivido para contarlo:
Jake y Zoe disfrutan de una semana de vacaciones en una estación de esquí de los Pirineos. Durante uno de sus descensos, un alud les sorprende, dejando a Zoe atrapada entre la nieve. Afortunadamente su marido logra encontrarla y juntos vuelven al pueblo, que, misteriosamente, ha quedado completamente deshabitado.
Graham Joyce elabora una pequeña novela, algo previsible y cuyo mérito principal es la situación de partida: pueblo abandonado del que no pueden salir por mucho que lo intenten. Peca el autor de contar demasiado, pues enseguida el lector comienza a sospechar qué es lo que está ocurriendo, con lo que se pierde en cierto modo el interés gradualmente. Después de todo, este tipo de situaciones ya es muy común en la cultura popular, a través de otras novelas y, sobre todo, de la producción audiovisual (incluyendo videojuegos) de fantasía y ciencia-ficción de los últimos años
La trama es lineal, únicamente adornada con un par de capítulos sobre la vida pasada de los protagonistas. Es como un boceto de argumento para una serie tipo «Lost», al que podrían añadírsele muchas subtramas para enrevesar el asunto. El autor no lo hace y sólo se limita a la historia principal, con lo que permanece una sensación de «telefilm» para emitir una tarde de invierno. Aún así, es interesante, fácil de leer y pasas un buen rato antes de descubrir que tus sospechas son ciertas y que el desenlace no es, en absoluto, nada espectacular.