Una pequeña prueba juntando fotografías para conseguir una panorámica del atardecer desde la terraza Oeste:

Fotos tomadas el 27 de Agosto.
Nada como el olor de un libro, pasar las páginas, su tacto cálido… Totalmente de acuerdo y no pienso renunciar a ello, pero este «e-libro» que compré hace unos meses como un capricho se ha convertido en compañero inseparable de viaje.
Cientos de libros en tus manos, en menos de 1 kg de peso; se acabó tener que cargar con dos o tres libros cada vez que salgas de viaje. Sé que muchos no lo creerán, pero se le coge cariño al bicho este.
Además, siendo un apasionado de la ciencia ficción, este invento, el de la tinta electrónica, es lo más parecido a un artículo sacado directamente de una de esas novelas futuristas de la época dorada del género. Es totalmente distinto a una pantalla convencional, sobre todo porque no está retroiluminada (lo que solucioné en el momento de la compra adquiriendo una funda con lamparita led, la mar de práctica). No hace daño a la vista y la apariencia es la de una página verdadera… una página que cambia a tu antojo, como por arte de magia, con ese parpadeo en negativo durante unas décimas de segundo, que es lo que para mí le da ese toque de tecnología imaginada en los años 50 del siglo XX.
Tecnología «retro» y actual a la vez, que, como el caso del modelo que orgullosamente poseo, también tiene conexión a internet y reproductor de música. Me fascina poder consultar el correo o hacer una búsqueda en la wikipedia con este aparato, ver las páginas como eso, como «páginas» de verdad, como impresas en un libro cambiante. Es fascinante.
Si estabas dudando, mi consejo es que merece la pena. Se lee mucho más (hay cientos de libros gratuitos y «gratuitos» pululando por la red) por la comodidad que supone tener decenas de libros a tu alcance con un solo gesto de dedo. Es la solución perfecta para viajeros y devoradores de libros.
Parece que tenemos que pedir perdón por el trabajo que tenemos, por el sueldo que cobramos y por las horas que trabajamos. Pues nada: perdón.
¿Qué penitencia os parece bien que suframos? ¿Clases de más de 30 alumnos? ¿Falta de respeto en las aulas? ¿Insultos por la calle? ¿Coches rayados? ¿Burocracia sin límites? Bueno, entonces no es nada que no suframos ya.
¡Ah! ¿Qué queréis más bajada de sueldo, más horas de trabajo y menos vacaciones? De acuerdo, después de todo, tendremos que expiar nuestra «gran culpa», que no sé muy bien cuál es… Espera… claaaro, que somos unos privilegiados que no dan palo al agua ¿cómo se llamaba esa escoria indigna? ¡Funcionarios! ¡Eso es! Es que a veces se me olvida mi condición de parásito de la sociedad y chupóptero de las arcas estatales, sobre todo mientras estoy absorto en clase o en actividades extraescolares enseñando a mis alumnos a pensar por sí mismos…
La primera clase del curso les hablaré de Kafka y su Metamorfosis, de cómo «cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto».
Escalofriante imagen de un PDF (parásito docente funcionario) «trabajando», tomada por un alumno
Cuando una paloma me miraba a través de la ventana y otros fingían mientras juegan al mismo juego de siempre, Janis Joplin, cargada de kriptonita, intentaba curarme; se oyen frenazos de coche rompiendo el calor agrietado por la pólvora y los osos sueñan conmigo. Es verano.
Underworld: «Two Months Off»